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jueves, 6 de diciembre de 2012

Textos publicitarios: arte o servicio.

La publicidad puede llegar a ser muy vana, muy parte del paisaje. Y sin embargo su creador, hecho un padre, ve a su hijo como el único en el mundo y siente que es perfecto. Pero su pieza termina siendo como el adorno de un coctel en un bar de mala muerte. Es una sombrilla de mondadientes que atraviesa una cereza. Terminará donde está, olvidado, si no en el piso, sin ser vista, sin ser apreciada por quien toma o deja de tomar la bebida.

El concepto de la publicidad, de la verdadera publicidad debe ir más allá de la vanidad creativa, tiene que tener un concepto, tiene que circunscribirse a una meta, la marca debe resaltar. Es cierto que hay competencias de publicidad, pero no debe apuntarse a ser meros artistas. Qué bueno que hayan separado el Cannes del Effi. Dime qué premio quieres y te diré qué publicista eres (en realidad si te hace falta decírselo a alguien para que lo sepas, algo has hecho mal).

La creatividad, dicen muchos profesores (de creatividad), no hay que encuadrarla, pero lo cierto es que hay marcos necesarios para alcanzar objetivos (marcos que esos mismos profesores te dicen que faltan en tus exámenes), los publicistas no venden obras de arte, venden objetivos, y sucede porque los compradores de su servicio no son coleccionistas, son gente que quiere aumentos en venta, mayor recordación de marca, quieren que el nombre que ellos venden llegue a ser top of mind. A ellos no les interesa que gane un publicista un premio sino que su dinero sirva para los objetivos.

Siempre la redacción de un texto publicitario debe ir más allá de tus propias interpretaciones antes de presentarlo para que lo aprueben. Muéstrale tu texto a alguien más, ve si realmente lo entiende (no se lo interpretes). Si no te entendió, no minimices la capacidad interpretativa de esa persona, sino comienza a pensar que algo has podido hacer mal, que tu creatividad no alcanza el objetivo. Ten en cuenta que no importa cuántas veces te digan que está bonito si no lo entienden.

La verdad es que no hay trucos para la redacción publicitaria. Y es básicamente porque no es un trabajo rutinario. Lo que sí es cierto es que todo lo que escribas estará inevitablemente limitado por lo que sabes, así que sal y aprende de todo, todo lo que puedas, empápate, embriágate y conversa (no solo vomites), si puedes viaja (en vivo y en texto). Métete donde no te gusta porque en publicidad más se redacta para cremas antihongos o aplicaciones web para una revista que piensas que nadie lee.

Si encuentras una frase, una oración, un algo que diga por los usuarios lo que ellos no le dicen a las empresas de investigación pero es lo que realmente quieren escuchar, entonces habrás encontrado un insight. Y si eres un tipo que encuentra muchos de esos, vas a ser adinerado. Así que comienza por investigar bien qué cosa es y aplícalo en todo lo que redactes.

martes, 4 de diciembre de 2012

Lo que el beso pudo ser

Aún sin abrir los ojos, notó su razón que había despertado, había un hormigueo en sus sienes, había unas ganas de quedarse tapado, inmóvil. Solo respiraba. Tenía sabor a vino tinto rancio en la boca. Aún sin abrir los ojos, notó que cálidamente a sus narices se asomaba un tímido olor de piel de mujer blanca. Estaba tibio el ambiente, entraba luz de sol por la ventana, las cortinas eran lívidas, eran nuevas igual que las sábanas que lo cubrían. Se ocultó un poco el sol, serían las nubes que lo tapan.

No siguió el rastro de ese indescriptible pero acaso dulzón aroma, giró su cuerpo en contra, mirando hacia la ventana. Había pequeñas corrientes de aire que se filtraban en el cuarto, vientecitos que helaban por momentos su rostro, que le decían que era invierno fuera de la habitación, que se abrigara al salir.  Restregó un poco sus ojos con los dedos y sintió una mezcla de olor a cigarros consumidos y a recuerdos excitados. Sonrió. Llevó sus dedos a la nariz y aspiró profunda y silenciosamente tratando de separar un aroma del otro ayudado por el recuerdo de la velada anterior.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Circular el encierro


Sí, el aire estaba viciado, todo el sopor pesaba, los dedos entumecidos. Dos personas no se veían, dos hombres, dos sombras, dos sobras, dos simples sobres. En realidad no había razón por la cual tener los ojos abiertos, la noche estaba bien entrada y esta noche de verano, la luna no se dignó a asomarse. De hecho, el cielo estaba despejado, pero probablemente por cosas que apasionan a otras personas, la ubicación de ese satélite natural no era adecuada para reflejar nada a esta zanja aquí abajo en este mundo.

Quizá tampoco fuera tan importante porque no estaban en la tierra, estaban en un mundo lejano. Ensimismados, los límites de su universo avanzaban de la mano con los de su imaginación.
-          De verdad, estoy hecho una mierda.
-          ¿El corazón?
-          Sí. O el cerebro, en fin, quién sabe. Lo que sí sé es que siento ganas de vomitar, de esconderme, de correr, de encontrarme a alguien a quien quiero ver pero de lo más casual posible.
-          Faldas…
-          Sí, faldas, o falda, quién sabe.
El problema no es el dinero cuando se tiene, hay falta de tiempo cuando todo acaba, hay minutos

lunes, 17 de septiembre de 2012

Atrapado en el ocaso

Hoy soy una sombra sin un cuerpo, soy un viento que pasa por mi pecho. Soy solo un tipo, un alma sin hombre o quizá un hombre sin alma. Hoy no me atrevo a ser yo mismo. No soy más, esta noche, ese cúmulo de pensamientos generado por mí mismo en otros. No soy hoy ese montículo, no soy hoy esa broma, ese pesado sin peso, obseso. No soy hoy un preso. Soy libre pero no lo soy. No seré acaso la pasión olvidada por otros, no seré quizá el deseo de otros transmutado en mí, que no soy más.

Y sin embargo, sigo siendo yo quien busca que el equivocado sea el otro. Hoy yo quiero tener la razón. No quiero cervezas en mis manos, no quiero salpicaduras de sangre en mi ropa. Hoy no quiero corazones rotos, ni sueños en mis siestas. No quiero gavetas sin notas musicales, ni mi soledad deshaciendo sus maletas. Hoy no estoy solo...

Hoy para mí la cordura es solo un conjunto de cuerdas de guitarra. Para mí hoy la marea es cerveza fermentada. Quiero tocar por otro lo que suena casi perfecto, quiero llegar sin correr riesgos. Quiero llegar sin correr. Quiero llegar. Quiero. Quiero.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El lamento que no alcanza el llanto

Dice hoy no esperará más. Y sin embargo espera. Y dice hoy de mí nadie se compadecerá pero duerme con la compasión a su vera. Abraza su silencio, muerde la tierra. No llora solo porque no puede.

El dolor lo abraza y lo consuela y besa sus nudillos heridos por tantas peleas. No sufras más, ven conmigo a mi madriguera. Aún no. Aún no. Ven que el tiempo arrecia, las cábalas no sortearán tu suerte hoy, lo prometo, solo deja que mi sombra sea tu luz. Aún no. Aún puedo respirar. Ven conmigo, revisemos la cartelera, veo que hoy tu razón se va a estrenar. No, ya no, ya le compré boleto de avión, mi razón es aún adolescente, mi razón es aún infantil, mi razón es solo un recuerdo.

Entre sus dedos, el dolor escurría su fría mano y sufría armado, el guerrero. Quien tras cruentas batallas contra su propia mente ahora ausente grita paz. Harto de no poder llorar, grita y gime y apretuja sus párpados, pero dentro de su cuerpo, en ese instante que

viernes, 3 de agosto de 2012

El recuerdo que no quería que lo olvidara

Sabe a mar pero sale de mi alma. Y el viento que genera la ola no es sino mi párpado. Agua de mar corriendo por los ríos que hace tanto quedaron sin caudales que no quedaban ni los restos de la erosión en mi piel. Y sin embargo hoy, y sin embargo hoy...

Ha tocado a mi puerta una visita que viene con historias de su viaje. Una vieja loca que no se peina todos los días, que se saluda así misma con la misma mano y que luego me la da. Y con su dedo mugroso me pica el ojo. Levanta la alfombra como por jugar y escondida debajo estaba mi pupila que rauda se busca ocultar. Y sacude para sacar la sal y ese ondear de desesperada genera tales olas que brotan con forma de letras y cae despacito, despacito el recuerdo cogiéndose de lo que pueda y casi cae, pero se agarra de un esquinita de mi alma.

Colgado como en fuga frustrada, el recuerdo no cae porque es fuerte. Pero el agua toma rumbo, cae sobre esa sábana blanca halada por la gravedad y por su peso y casi, casi lo ahoga, y a pesar de resistir con todo lo que tiene... cae.

jueves, 2 de agosto de 2012

Sin invitación

Están sitiados los muros del castillo de mi voluntad, atacan unas ganas de colgarse a una cintura, hay un juez, un juzgado, un jurado que me ha jurado la hoguera por la calentura, y hay sin duda un escaparate con mis pecados. Hay recuerdos a ojos cerrados que cubren con ambas manos su hermosura y hay bellezas artificiales creados por lo más humano de los humanos.

Hay en mi frente un estigma satanizado que señala acaso mi hermano que bien en su cuerpo conserva su alma; en sus venas, la sangre; en sus pulmones, el aire; en su estatus quo, la calma. Amordazada anda en mi cama,

Una sonrisa en la oscuridad

Voy a tomar un respiro que llene de oxigeno mi cerebro, que mueva las faldas de mi alma y que me dé un impulso para saltar. Porque me suele suceder hoy por hoy que cuando más me vence el tiempo, todas las cosas, todo el peso, me reclino sobre mí mismo y no siento que esté a punto de saltar, siento la pesadez de mi propio peso, de mi desgano, de mis ganas de hacer todo por no hacer nada y me termino enfrentando a mí mismo.

Cuando estoy sobre mi cama

miércoles, 1 de agosto de 2012

Amiga sin rostro

Desesperado, un hombre buscaba sin resultado dónde habría dejado su sonrisa. Triste sin remedio se puso a llorar. Anudado por sí mismo, abrazaba sus rodillas y sus pies se movían. Caían ríos sin hacer cauces en su ropa, los ojos cerrados y el corazón roto.

Y una mano amiga desempolvada por la magia tocó su hombro. Levantó el rostro para ver hacia atrás y la mano amiga detuvo el retroceso.
- Mira hacia adelante.
Y hacia adelante miró.
- Escucha mi voz.
Y la escuchó.
Y las manos amigas pasaron suavemente

Sin final

-Tengo mucho pudor para escribir cosas tan insanas- pensaba rascándose la cabeza, meciéndose el cabello, parándose, sentándose y parándose otra vez-. Una mano puede ser, a veces, tan buena y tan mala.
 -Sí, de hecho, pero para eso ni loca te doy una mano.
 -No te la estoy pidiendo.
 -¡Igual no te la daría, ni antes, de prestado, ni después para saludarte! Te haría un saludo militar no más- y meciendo rígidamente su mano derecha sobre su frente, puso una mueca de seria.
 -Voy a bañarme que me quiero quitar todo de la cabeza. Regreso en tres minutos.
 -¿Tres minutos? ¡Ni que fueras un té filtrante!

Echada de espaldas sobre una bola de cuerina rellena de bolitas de tecnopor, la cabeza colgando sin tocar el suelo, llegó a darse cuenta de una hoja doblada bajo el mueble en el centro del cuarto. Parecía un secreto llamándola. Rodó despacio sobre sí misma. Bajó, de pecho contra el suelo y comenzó a avanzar a rastras, escuchando la ducha al final de la habitación. Despacio se mueve, los ojos en el papel, ahora en la puerta cerrada, nuevamente en esos dobleces, en ese rectángulo blanco bajo ese mueble. ¿Estará allí adrede? ¿lo habrá olvidado? ¿ocultarán algo

lunes, 16 de julio de 2012

La chica en el tren

El sueño cerraba sus ojos, parado, rodeado de gente. Los triángulos que parecían de gimnasia eran su único sostén, su unico asidero a esa masa oscura que creaba para sí el velo en su mirada. Se detienen los vagones con un frenazo. Se abren las puertas. Se abren sus ojos. Y entre el cúmulo de gente, entra una joven con la mirada perdida, va directo hacia el lateral del vagón, apoya la espalda y mira el suelo, pestañea despacio. Está casi frente él.

Se resguarda del frío cruzando los brazos sobre sí misma, la mirada sigue en el suelo, un entretejido de frío hierro, habían huellas de lodo en la entrada, la lluvia no cedía y el vagón era una sinfonía de silencio. La única voz era la llamada en el andén que hacían en cada parada y que irremediablemente se quedaba atrás al partir, se difuminaba en el aire, se perdía, desaparecía y otra vez el silencio y cada vez menos gente.

Sus guantes eran negros y casi no se distinguía de su sobretodo. Se había maquillado poco ese día. Pero sus pestañas eran paraguas de unos bellos ojos tristes. Otro frenazo, la voz en el andén, suben dos, un hombre y

jueves, 14 de junio de 2012

El mañana, La mañana

Hay un instante cuando la habitación está oscura pero fuera el día nace, cuando hay esa brisa fría que despierta, ese silencio que muere, el momento en el que los sueños terminan, ese instante en el que la mayoría de veces estuvo solo, en ese instante, él saluda de un beso a la soledad.

Y si fuera trinan los pájaros cual bienvenida, un buenos días, él cierra los ojos e intenta atrapar los harapos que deja la noche en derredor. Mañana silente que se torna en bullicio, la alarma de la vida lo llama por su nombre y el día abre las nubes como cortinas, pero las cortinas de su alma tienen cordeles en los brazos y
piernas y es solo él el titiritero. Que este día no suban el telón, el guionista no entregó su trabajo a tiempo.

Tiene en la garganta un desenlace que aún le sabe a nudo, pero cuando recuerda el principio de la historia, tibio su cuerpo en la cama, y la predisposición de los actores, suelta con sus propias manos las amarras

martes, 10 de abril de 2012

Las vidas que vivimos (I)

Arrimado en su ricón sonriendo sin compañía, placía a sus ojos un libro de versos. Era su fuerte un rectángulo, una torre, un alcazar de libros polvorientos. Hasta arriba llenaban las páginas encuadernadas por editoriales que no sabían su nombre y él leyendo las tarde noches hasta que la única sombra era la que producía su lámpara de mano, que había cambiado de bombilla tantas veces.

El eco que siempre rondaba en el recinto era la de su risa y él solo aunado consigo mismo, inclinado sobre un libro, sobre un verso, sobre una palabra sin ruido. Una oclución de aire, una verso aislado, intervenido. Una letra, una frase.

En su mente cantaba odas y poemas y seguidillas y sonetos y a hurtadillas espiaba en libros de consulta de la vida de aquellos gamberros que habían vivido acaso la vida que para él quería pero no buscaba. Y sonreía cuando la interpretación de un todo caía como magia sobre su entendimiento, sonreía feliz y solo y nuevamente le visitaba el eco.

Muchas veces, alegre de su conquista miraba en derredor y la sonrisa se desvanecía. Pero nadie lo sabe, porque nadie lo ve. Oculto en su alcazar, trepa las pe

lunes, 9 de abril de 2012

De gatos y mariposas

Adivinó que el techo le era extraño y cayó en cuenta de que estaba con su ropa más nueva, la que actualmente le quedaba mejor y que resaltaba su figura y esa línea embriagada que no sabe de rectas. No encontraba su sonrisa y no podía quitar los ojos del techo que la cubría. Tampoco era su cama. No eran esas paredes suyas ni tampoco las ventanas. Giró sobre sí misma y metió su mano bajo las sábanas. Allí encontró una sonrisa suya, quién sabe cómo llegó allí.

Comenzó a nevar recuerdos como gotas de rocío que caían despacio, muy despacio. Y al pasar su rostro inmovil, veía como si fueran espejos, fragmentos rotos de televisión. Se veía a sí misma y a otro que no reconocía, que era solo una silueta de sombra. Era un recuerdo sin rostro. Se movió un poco, intentó coger un copo de mente y este se desvaneció al contacto con su piel y en su condensación produjo sangre, una rara diástole.

lunes, 26 de marzo de 2012

Incoherencias

Eres un instante, una noche de verano. No eres un experimento sino un resultado, una suma, una resta. Hay un baile de noche que se danza tomados de las manos, con los ojos cerrados, con los dedos entrelazados, con los corazones rotos y solos. Hay un cantar de golondrina que no se oye, que grita incoherencias, que no hay quien siga, que no hay quien oiga. Hay una vida ausente y una muerte que no llega. Hay un sin fín de cosas que no se han escrito y muchas más que no se dirán, pero tú sigues usando sin embargo en vez de quizá.

No es mi vida un manuscrito, más parece un reflector. Hay momentos en los que puedo liderar el encuentro con las mejores sonrisas y hay momentos en los que necesito un buscador. Si me pierdo de algo, me da igual. Pero si me pierdo, hay pánico. Si me voy hay bulla, pero no la oigo, y si vuelvo, oiré llorar. Hoy abriga mi piel sábanas ajenas, pero abrazan a alguien más mis piernas. Envídiame tú, mi yo de antes.

Es cierto, me envidio.

Hay metáforas que no persiguen significados. Y hay significantes que nadie creó. Los entendimientos no

viernes, 9 de marzo de 2012

Agarra esa, Morfeo

Hay un aura que gira y gira en torno a mi cabeza. Es un sopor que no tiene cuerpo, pero pesa. Hay treinta grados afuera bailando todos en torno uno del otro jugando con sus sombras. Hay milagros ocurriendo y espejismos vistos a lo lejos. Hay un aire prisionero en derredor que solo juegan con él tres paletas empujándolo de los hombros. Un par de ventiladores bully que juegan con un aire prisionero y viciado.

Me pesa el sueño y las pocas ganas. Bostezo sin esfuerzo pero con pereza. Baila una sílfide frente a mí, se acerca y ¡bum! despierto. Y veo bostezar a mi pantalla abriendo la boca al máximo...waammm. Y abro los ojos de nuevo. Mis ojos se llenan de lagrimas tras cada grito insonoro, tras cada sueño pasajero, tras pestañeo propio pero ajeno. Hay un sol aquí junto.

lunes, 20 de febrero de 2012

En el ático de tu casa

Hoy soy una sombra sin un cuerpo, soy un viento que pasa por mi pecho. Soy solo un tipo, un alma sin hombre o quizá un hombre sin alma. Hoy no me atrevo a ser yo mismo. No soy más, esta noche, ese cúmulo de pensamientos generado por mí mismo en otros. No soy hoy ese montículo, no soy hoy esa broma, ese pesado sin peso, obseso. No soy hoy un preso. Soy libre pero no lo soy. No seré acaso la pasión olvidada por otros, no seré quizá el deseo de otros transmutado en mí, que no soy más.

Y sin embargo, sigo siendo yo quien busca que el equivocado sea el otro. Hoy yo quiero tener la razón. No quiero cervezas en mis manos, no quiero salpicaduras de sangre en mi ropa. Hoy no quiero corazones rotos, ni sueños en mis siestas. No quiero gavetas sin notas musicales, ni mi soledad deshaciendo sus maletas. Hoy no estoy solo...

Hoy para mí la cordura es solo un conjunto de cuerdas de guitarra. Para mí hoy la marea es cerveza fermentada. Quiero tocar por otro lo que suena casi perfecto, quiero llegar sin correr riesgos. Quiero llegar sin correr. Quiero llegar. Quiero. Quiero.

Existe una distancia insalvable. Un salto largo de competencia olímpica y no estoy preparado. Hoy no hay medallas. En esta batalla solo se cuentan los muertos porque nunca se piensa a futuro. No hay valor reconocible sino solo el que aparenta solo hacer el mal. Tengo una angustia condecorada por mi yo del pasado y tras él un cuadro fúnebre de mi presente.

jueves, 16 de febrero de 2012

La realidad del sueño

Tenía un hombro más tibio que el otro, era el derecho. También el aroma era mejor a su diestra y también el destino y la vida y la alegría lo miraba desde allí y su deseo y su poder. Y su no poder. Estaba más tibio el hombro derecho y un vientecillo llegaba a su pecho de vez en vez pero constante. Él no quería mirar, sí quería, pero no quería. La tibiez se movio, se acomodó un poco, solo un poco. Giró la cabeza lo suficiente para ver fuera el ocaso en movimiento y sin embargo estático. Sí, era él quien se movía, era él y todo el vagón y todo el tren.

La ventana se abría apenas y dejaba ingresar una briza suave y un poco de olor a mar. Pero no era eso a lo que prestaba atención, era al aroma de mujer dormida, era el aroma de sueño indefenso lo que abarcaba acaso los más de sus sentidos. Era eso y el tacto y todo ese aparato que cubría su ser: su piel. Allí se acomoda de nuevo, parece acercarse. La tibiez en su hombro, el calor de su cuerpo, la fiebre en su frente. Estaba quieto, tiezo, no se quería mover. El viaje lo estaba cansando pero no quería dormir, quería que el recuerdo fuera lo más largo posible. Duerme, ángel, duerme.

Dudó, cuando quizo levantar su mano izquierda y peinarla sin verla. Volvió a bajar su mano. Cerró los ojos y aspiró. El vagón estaba lleno de luz roja, casi casi sepia o no sé qué. Es ese color que se transforma al segundo que entraba de manera perfectamente horizontal a través de las ventanas a la derecha. Iba de norte a sur. El ocaso le sonreía. Ahí se levantaba nuevamente su mano y nuevamente su mente se negaba. No la despiertes, no la despiertes. Disfruta. Tragó saliva. Qué amarga puede ser a veces la felicidad cuando querer difrutarla un poco más puede acabar por terminarla de forma súbita.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Laura

Eres una existencia que ya no es, de la cual se habla en pasado y algunas veces en condicional pero no sé si desiderativo. Eres un pasado poco presente con forma de mujer joven que no envejece en el recuerdo. Eres un post-it que no se despega, una compañera en una moto, una mirada más al ocaso, un pudo ser, un no te extraño, pero te recuerdo.

Eres una despedida sin lágrimas, una vía interminable, transitable, de ida y vuelta. Eres una carretera de día. Tu vestido y tu silueta están siempre bajo un sol de verano, algunas veces en lo alto de un malecón o quizá bailando lento y suavemente, pero siempre sonriendo. Eres un cabello suelto, que no se puede describir.
¿Se habrá apoyado un mentón en una mano al mirarte con los ojos cerrados sintiendo la briza despeinar cada vez menos cabellos? Eres la respuesta del qué habrá sido de ella en un monólogo. Eres el sueño de un hombre casado pero soltero, divorciado sin papeles firmados, de un hombre con mucho ímpetu, con mucha piel pero poco tacto.

miércoles, 4 de enero de 2012

Masturbaciones metafísicas

Dónde está esa rabia que muere en el intento y el fugaz amanecer en la noche. Dónde está tu despertar con los ojos quietos, cerrados, orgullosos de que no los vean. Dónde quedó tu arma de esgrima que no subía a más de un pie del suelo y que balanceabas como buscando objetos de valor en la arena de playa.

Dónde quedó tu inocencia y tu nombre no recortable. ¿Es el mismo sentimiento el que te mueve hoy? He visto cómo crece dentro de tus límites lo infinito y cómo tus deseos de permanencia, de encadenamiento del status quo, se desviste deliberadamente para volverse atleta olímpico que rompe records de velocidad y que ha aprendido a acelerar al acelerar. No sabes a dónde vas aunque finjas muecas. Pero avanzas.

Sé que no extrañas lo que no recuerdas y que no recuerdas no porque te propusiste el olvido (o porque te lo propuso él), pero con el recuerdo, olvidaste también la razón. ¿Es el rencor recuerdo? Sí. Lo sé. Y tú lo sabes. Sé que en algún momento pensabas que si todos los que te rodean te tratan mal ¿qué está bien?

¿Dónde está tu arma y tu avión de playgo? ¿Por qué te gustaban más los robots que se podían transformar? El llanto, más que llamar era una respuesta y sin embargo, no llorar causaba mayor impacto. Me pregunto dónde habrá quedado tu caja del tiempo, dónde la hombrera de un caballero, la canica mal ganada, el rotatap de serie descontinuada. ¿Dónde están tus besos con destino errado?

martes, 3 de enero de 2012

El cuarto que recuerda

Estaba dormido sobre su lado derecho. Su propio brazo pasaba bajo su cabeza y respiraba tranquilamente, no hacía ni frío ni calor. Estaba oscura la habitación y había silencio. Pero se desperto suavemente. Abrió los ojos despacio y parapadeó un poco. Y sonó el celular.
Él no se movió, porque no era el suyo.

-Aló. Sí, sí. Ya estaba dormida. Sí, amor. Espérame en la catedral, yo te alcanzo.
Él cerró los ojos también suavemente y sonrió despacio sin mover su cuerpo desnudo bajo las sábanas.
-Estaba durmiendo, amor. Pero ahora me cambio y te doy el encuentro. Sí, sí, sé que debes estar cansado por el trabajo. Ya voy a salir justo ahora. Un beso, un beso.
Colgó.
Suspiró profundo ella mirando hacia el techo, sonrió él mirando hacia el lado opuesto a ella.
-No seas mala, no lo hagas esperar.
-Estás despierto.
-Siempre lo estoy, ese celular ya parece despertador. Cámbiate.

Y en la oscuridad de la noche, se levantó ella con su desnudez. Caminó en la cama y pasó sobre él. Llegó hasta el guardarropas. Se puso unas bragas negras. Él la miraba.

Soy pequeño

Hoy llueve. Hoy que no debió. Rodeado de días de sol y hasta sombras no húmedas, y hoy llueve. Se puede planificar todo, menos que no llueva, menos que el clima esté como deseas. Lo imparcial, lo inexorable, lo que te hace poco y te reduce casi a la nada. La parte visible del mundo, su parte más vital, su respirar, su fluir, el viento, su lluvia.

Hoy que no debió, llueve. Hoy que no está sobre mi cabeza tu paraguas. Hoy que tu sol no brilla sobre mí, que no está tu mano en mi mano, que no llega tu calor hasta mí, que no me miras, que no me tocas, que no me sientes, que no estás. Justo hoy, llueve.

lunes, 2 de enero de 2012

Me las pagarás

Un cadaver en el suelo. Una barriga protuberante bajo un gigante mostachón parado sobre dos piernas regordetas dirige todo. Sí, lo hace la barriga que apunta con un botón cogoteado por el ojal y un hilo casi a punto de morir. La mirada perspicaz del hombre de la barriga prominente ve colgar el auricular del teléfono de discado. Duda, las manos en donde debería estar la cintura. Piensa y cavila y duda la cabeza sobre el mostachón, hace los ojos chiquitos, chiquitos como midiendo algo. Sí, es la distancia. Por fin resuelve que no se cansará tanto en llegar hasta el teléfono descolgado y revisar. Si allí está la respuésta al asesinato, será felicitado, exaltado, mimado y adorado (y también odiado, pero eso no le dirán) y hasta quizá lo inviten a algún almuerzo. Sí, almuerzo. Le da hambre.

Camina decidido, que para el caso es un paso a la vez y respirando agitado. Llega y suspira. Primero mira por todos los lados al auricular que colgaba sostenido por ese cable torcido como rabo de puerco. Buscaba alguna huella, alguna mancha de sangre o la respuesta escrita. Agachado hasta lo que su barriga chocando contra sus muslos le permitían, midiendo siempre poder levantarse solo. Algo buscaba, pero nada encontró. Alguien tosió al otro lado de la señal.

-¿Aló?-Dijo el sargento un poco preocupado.
-Señor Alberto, pensé que se había olvidado usted de mí. Creo que no me entendió cuando le dije que hoy le sacaría la promesa de pago o que no le colgaría. Le repito que yo soy infalible, Señor Alberto.
-No soy el señor Alberto.
-Vamos, pensé que era usted un hombre más caballero. Hacerse pasar por otra persona y decirme que no es usted es francamente mucho menos de lo que esperaba.
-Oiga, el señor Alberto está muerto.

La publicidad, evolución en corto

La publicidad desde que apareció ha comenzado a evolucionar así como todo en el universo. Desde sus inicios en los 50's, 60's y 70's hasta lo que conocemos hoy. ¿Por qué? Porque, como dijo algún viejito de la antigüedad con mucho tiempo para pensar: "Todo cambia". Y principalmente porque la publicidad es una actividad que necesita de su entorno para existir e indudablemente lo que la rodea hoy no es lo mismo que la rodeaba hace incluso apenas 11 años (y siempre pongo este ejemplo de citar el año 2000 que para mí es un año de referencia- y me siento viejo) o siquiera hace un año y la inundación de las velocidades de la internet medidas con la letra G.

Cuando los artículos del hogar y los electrodomésticos recién aparecían allá por los 50's, 60's y hasta 70's, la publicidad fue utilizada para INFORMAR. Lo primordial era dar a conocer al público en general (es decir, al que le llegara el mensaje), que una refrigeradora era una refrigeradora, que un horno microhondas era eso y sus cualidades estas. En fin, cuando ya tuvieras uno, recordabas la publicidad para averiguar qué hacer exactamente con ese nuevo aparato que compraste.

Cuando ya sabías qué era una refrigeradora y habían muchas en todos lados, la publicidad se utilizó para dar a conocer las DIFERENCIAS entre una y otra refrigeradora: Da más frío, enfría más rápido, enfría desde la puerta, congela, tiene más espacios, cabe tu sobrino malcriado, en fin. La publicidad era una pujadora. Y cuando ya tenías tu refrigeradora en casa recordabas la publicidad para ir descubriendo si realmente tiene eso que publicitaban (y además averiguar dónde está) y poder decírselo a tu vecina en cuanto la vieras.

Pes de mar abecedario

Lee y se va sintiendo seducido. Y los signos de admiración le erizan los bellos. Sus ojos se abren más y más mientras sigue el cuento y las letras toman forma y andan las o como ruedas de carretas. Las s son cinturas cuasiperfectas, que seducen: la i es una vela aromática con perfume de mujer.

Cierra los ojos e imagina un momento, pero le faltan a sus imágenes texto. Ilumina y lee. Y la palabra mar va inundando de agua todo el párrafo y la soledad está separada por doble espacio a cada lado. Se acerca más a las hojas e intenta ver si del valle de la m nace acaso un sol que iluminé un prado de íes tildadas movidas por el mismo viento que arrancó la bandera del mástil de la F.

Respira agitado y suda. Se enjuga la frente con las mangas y sigue. Sujeto del escritorio vuelve a sumergir la cabeza en esa cubeta plana llena de letras y llega tan hondo que casi toca el cielo. Y ve, como en vuelo, un río sin meandros, ve una seguidilla de eles en minúscula, y luego úes que se besan de un solo lado.

Déjame tiempo, Tiempo.

Te doy todo lo que he perdido. Te regalo las distancias que he volado con mis propias alas. Te doy todo el tiempo que he respirado bajo las aguas y los pasos andados desde la muerte hasta acá. Te doy todo lo que no es mío, te doy todo por lo que jamás pelearé. Te regalo reinos perdidos que jamás conquisté. Son tuyos los ocasos que no he visto y las lágrimas que no lloré.

Mereces mi arrepentimiento de las cosas que hice bien. Y el papel que dice que estoy absuelto de las condenas que impusiste a otro. Ten a bien arrancar de mis manos los dedos tuyos y coger de mis cosas las cosas de otros. Llévate esos besos de tu cuello que no son los míos, y ahoga en los ríos las huellas mías mal marcadas. Quizá muera por error, pero preferiría matar yo a ese ente sin nombre que posee lo que no poseo y que es ahora suyo lo que no era justo cuando perdí lo que era mío. Maldito él.

Los más leídos!