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viernes, 21 de octubre de 2011

Interruptor para la noche

Nacida de una delusión alcohólica, la morena de piel tan blanca como las nubes de su borrachera que no se borra, camina contorneándose entre palmeras del desierto, entre cáctus con raíces saladas y olor a mar. Casi se detiene el viento para verla caminar como camina, casi para el viento y contiene la respiración para no asustarla.
Es esa falta de sobriedad que lo lleva a conversar con las cosas, a jugarse con los objetos que lo rodean. Es su sinceridad de niño lo que hace curvas las rectas, arriba y abajo el piso, arriba y abajo y convierte la carretera en el pasadizo de su casa, y para la oscuridad que lo somete busca incansable el interruptor.
El sueño no lo vence porque batalla con todo. Se sujeta de su realidad bebida con las manos, con las dos que sabe que tiene y con las cuatro que ve. Se coge suavecito, suavecito del piso y las rayas blancas le bailan y ve nuevamente a esa morena de piel blanca, desnuda; sí, desnuda. Y camina ella y él la ve caminar: uno, dos, uno, dos, uno…
Y cuando abre los ojos, dos trenes cruzan su cabeza, pero ninguno tiene tiques para morenas, pero sí trae de polizontes a la realidad, a la vanidad, a la vergüenza y lamentablemente también al recuerdo.

jueves, 13 de octubre de 2011

El futuro del pasado

La educación debe tener su norte en el futuro. Liechtenstein, señores, es, además de desconocido para muchos de nosotros, el país con más elevado ingreso per cápita. No posee recursos naturales, su extensión territorial es menor a la de Bolivia. Pero su inversión en educación es elevadísima, un profesor tiene estatus de médico, la investigación en tecnología es alta. ¿Es un mundo al revés? En realidad no. Es el mundo como debe ser actualmente.
La educación no debe  ser entendida solo como alumnos de primaria y secundaria, sino también como la formación de los futuros profesionales en cuyas manos esté a su vez la formación de las siguientes generaciones. En países como China, Finlandia o Singapur, ser profesor trae consigo un estatus elevado equiparable a ser ingeniero o médico. Y esto porque los puntajes para entrar a las universidades en esta carrera  son de los más elevados. Por estas latitudes, más que carrera profesional parece un bote salvavidas para los que quieren estudiar algo.
La primaria y secundaria por supuesto que también son necesarias. Allí radica la acumulación de herramientas que necesitarán los alumnos para ingresar a las universidades. Solo 24% de los jóvenes mexicanos entran a la universidad. En comparación, lo hacen 97% de Corea del Sur y 47% en Chile.
Hablamos de una economía globalizada. Pero qué tal la educación. Solo en el 2010 en China, el 100% de los graduados universitarios hablaban inglés. ¿Y de este lado del mundo? Miremos a nuestro alrededor, cuántos de nosotros que estamos en esta universidad podemos escribir, leer y mantener una conversación fluida en inglés. Cuántos de nuestros cursos son dictados enteramente en inglés como se hace en Asia o en países de Europa donde este idioma no es el oficial. Es esto dejar de ser peruanos por hablar en el idioma más internacional que existe y por no aprender quechua. Yo considero que no, porque nuevamente, debemos pensar más en el futuro que en el pasado. Debemos pensar en ser más competentes a nivel internacional.
La tecnología también es importante, aprender a usarla, estar educados en y con tecnología porque ese es el futuro. Sin embargo no debemos saltar escalones. Hemos visto fallar programas educativos del gobierno que repartía laptops para los niños. Para que puedan iniciarse en su uso, pero los profesores en las zonas alejadas no sabían manipularlos. Entonces, ¿Cómo se educa adecuadamente?
Debemos ser humildes y saber dónde estamos para poder establecer hacia dónde vamos y a dónde queremos llegar. La UBA, la universidad más grande de Argentina cayó en los rankings mundiales de nivel de enseñanza y los argentinos culpan a los rankings.
La educación, pues, termina siendo la mejor inversión que a la larga influye positivamente en la inclusión social, en el ingreso per cápita y el desarrollo conjunto y sostenible de los países, sin importar el tamaño de sus fronteras o el color político de los gobiernos. Por ende, el norte de la educación debe ser el futuro y no el pasado, no resentimientos y justificaciones. Porque el futuro del pasado es la pobreza.

martes, 4 de octubre de 2011

Tardes de verano, noches de invierno

Hoy nadie contesta mis llamadas y solo se oyen ecos a lo lejos. Un momento se volvió eterno a la espera de un encuentro, de un abrazo, de un beso. Hoy todos se quitaron las orejas, esta noche de invierno. Los amigos han volteado a ver sus propios esfuerzos, sus propias acciones, sus propios complejos.

Hoy nadie contesta mis gritos, hoy todos callan. Miran a donde no veo, están donde no estoy, soy transparente pero no sincero, nadie me ve pero no me voy. Quiero sacudirme las cadenas, pero no soy más fuerte que yo, porque yo mismo uno los eslabones y los quiero separar también yo. Y grito, pero no me oyen. Y nadie viene en mi ayuda.

Hoy nadie me ve porque se rehúsan a mirarme. Y las distancias son inmensas, se fue de vacaciones mi imaginación con mi coherencia. Y dejaron sola a mi mente inerte, escurrida, olvidada por mí misma. Suelta palabras al azar para hacer lazos que atrapen una musa desnuda sin rostro, un par de piernas, dos senos (aunque se conforma con uno solo). 

Quiero una red que atrape respuestas, quiero un signo de interrogación con imanes en las orejas, moldeables, que se vuelvan de sorpresa (de admiración) y que se vuelvan de sorpresa (de repente). Quiero estupideces con forma de abeja, que zumbe en mi oído y que muera bajo el yunque. Quiero una espada que asuste pero que no mate, que corte pero que no despedace, quiero reglas rompivles, qiero holbidar lo ke cé, kierho 1na autocorrrrrrrexíon de uuun tercero, quiero un puto libro, quiero volver a creer (a crecer) que sigo siendo niño.

Quiero lo que quiero pero no tengo porque no quiero. Necesito quien me digo qué está mal y qué está bien, pero tiene que ser alguien a quien yo pueda creerle, en quien pueda confiar al cien por cien, cuya mano está siempre cerca a la mía, cuyas palabras acudan a mí siempre, necesito quien esté conmigo, a mí lado y me digo qué está bien y qué está mal, me necesito a mí mismo, pero parece que no estoy, parece que he marchado, pero ya no lo sé porque no puedo decírmelo. ¡Qué idiota! ¡Qué estupidez!

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