La educación debe tener su norte en el futuro. Liechtenstein, señores, es, además de desconocido para muchos de nosotros, el país con más elevado ingreso per cápita. No posee recursos naturales, su extensión territorial es menor a la de Bolivia. Pero su inversión en educación es elevadísima, un profesor tiene estatus de médico, la investigación en tecnología es alta. ¿Es un mundo al revés? En realidad no. Es el mundo como debe ser actualmente.
La educación no debe ser entendida solo como alumnos de primaria y secundaria, sino también como la formación de los futuros profesionales en cuyas manos esté a su vez la formación de las siguientes generaciones. En países como China, Finlandia o Singapur, ser profesor trae consigo un estatus elevado equiparable a ser ingeniero o médico. Y esto porque los puntajes para entrar a las universidades en esta carrera son de los más elevados. Por estas latitudes, más que carrera profesional parece un bote salvavidas para los que quieren estudiar algo.
La primaria y secundaria por supuesto que también son necesarias. Allí radica la acumulación de herramientas que necesitarán los alumnos para ingresar a las universidades. Solo 24% de los jóvenes mexicanos entran a la universidad. En comparación, lo hacen 97% de Corea del Sur y 47% en Chile.
Hablamos de una economía globalizada. Pero qué tal la educación. Solo en el 2010 en China, el 100% de los graduados universitarios hablaban inglés. ¿Y de este lado del mundo? Miremos a nuestro alrededor, cuántos de nosotros que estamos en esta universidad podemos escribir, leer y mantener una conversación fluida en inglés. Cuántos de nuestros cursos son dictados enteramente en inglés como se hace en Asia o en países de Europa donde este idioma no es el oficial. Es esto dejar de ser peruanos por hablar en el idioma más internacional que existe y por no aprender quechua. Yo considero que no, porque nuevamente, debemos pensar más en el futuro que en el pasado. Debemos pensar en ser más competentes a nivel internacional.
La tecnología también es importante, aprender a usarla, estar educados en y con tecnología porque ese es el futuro. Sin embargo no debemos saltar escalones. Hemos visto fallar programas educativos del gobierno que repartía laptops para los niños. Para que puedan iniciarse en su uso, pero los profesores en las zonas alejadas no sabían manipularlos. Entonces, ¿Cómo se educa adecuadamente?
Debemos ser humildes y saber dónde estamos para poder establecer hacia dónde vamos y a dónde queremos llegar. La UBA, la universidad más grande de Argentina cayó en los rankings mundiales de nivel de enseñanza y los argentinos culpan a los rankings.
La educación, pues, termina siendo la mejor inversión que a la larga influye positivamente en la inclusión social, en el ingreso per cápita y el desarrollo conjunto y sostenible de los países, sin importar el tamaño de sus fronteras o el color político de los gobiernos. Por ende, el norte de la educación debe ser el futuro y no el pasado, no resentimientos y justificaciones. Porque el futuro del pasado es la pobreza.