Voy a tomar un respiro que llene de oxigeno mi cerebro, que mueva las faldas de mi alma y que me dé un impulso para saltar. Porque me suele suceder hoy por hoy que cuando más me vence el tiempo, todas las cosas, todo el peso, me reclino sobre mí mismo y no siento que esté a punto de saltar, siento la pesadez de mi propio peso, de mi desgano, de mis ganas de hacer todo por no hacer nada y me termino enfrentando a mí mismo.
Cuando estoy sobre mi cama
mirando en mi techo mi vida, mi tiempo que se evapora, tengo esa necesidad morbosa de activarme, de moverme, de ocuparme de todo sin repartir culpas. No me gusta la soledad. Es una sentencia breve que suena a pedido de ayuda que no quiero solicitar. No me gusta la soledad, quiero estar solo, pero no todo el tiempo.
No quiero un hombro absorbente, no necesito un abrazo de hombro a hombro, no necesito necesitar, no necesito que nadie me vea llorar. Lo que necesito es vivir, lo que necesito es activarme, gastar toda esta energía acumulada que quién sabe de dónde salió, este empecinamiento de agotarme que al fin del día me dice con una sonrisa que la luz fue productiva. No quiero un millón de litros de alcohol, quiero un solo vaso con el cual brindar, solo uno. No quiero mil atletas, solo nueve más. Quiero sonreír en la oscuridad y que tan solo alguien me responda con otra sonrisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario