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viernes, 3 de agosto de 2012

El recuerdo que no quería que lo olvidara

Sabe a mar pero sale de mi alma. Y el viento que genera la ola no es sino mi párpado. Agua de mar corriendo por los ríos que hace tanto quedaron sin caudales que no quedaban ni los restos de la erosión en mi piel. Y sin embargo hoy, y sin embargo hoy...

Ha tocado a mi puerta una visita que viene con historias de su viaje. Una vieja loca que no se peina todos los días, que se saluda así misma con la misma mano y que luego me la da. Y con su dedo mugroso me pica el ojo. Levanta la alfombra como por jugar y escondida debajo estaba mi pupila que rauda se busca ocultar. Y sacude para sacar la sal y ese ondear de desesperada genera tales olas que brotan con forma de letras y cae despacito, despacito el recuerdo cogiéndose de lo que pueda y casi cae, pero se agarra de un esquinita de mi alma.

Colgado como en fuga frustrada, el recuerdo no cae porque es fuerte. Pero el agua toma rumbo, cae sobre esa sábana blanca halada por la gravedad y por su peso y casi, casi lo ahoga, y a pesar de resistir con todo lo que tiene... cae.

jueves, 2 de agosto de 2012

Sin invitación

Están sitiados los muros del castillo de mi voluntad, atacan unas ganas de colgarse a una cintura, hay un juez, un juzgado, un jurado que me ha jurado la hoguera por la calentura, y hay sin duda un escaparate con mis pecados. Hay recuerdos a ojos cerrados que cubren con ambas manos su hermosura y hay bellezas artificiales creados por lo más humano de los humanos.

Hay en mi frente un estigma satanizado que señala acaso mi hermano que bien en su cuerpo conserva su alma; en sus venas, la sangre; en sus pulmones, el aire; en su estatus quo, la calma. Amordazada anda en mi cama,

Una sonrisa en la oscuridad

Voy a tomar un respiro que llene de oxigeno mi cerebro, que mueva las faldas de mi alma y que me dé un impulso para saltar. Porque me suele suceder hoy por hoy que cuando más me vence el tiempo, todas las cosas, todo el peso, me reclino sobre mí mismo y no siento que esté a punto de saltar, siento la pesadez de mi propio peso, de mi desgano, de mis ganas de hacer todo por no hacer nada y me termino enfrentando a mí mismo.

Cuando estoy sobre mi cama

miércoles, 1 de agosto de 2012

Amiga sin rostro

Desesperado, un hombre buscaba sin resultado dónde habría dejado su sonrisa. Triste sin remedio se puso a llorar. Anudado por sí mismo, abrazaba sus rodillas y sus pies se movían. Caían ríos sin hacer cauces en su ropa, los ojos cerrados y el corazón roto.

Y una mano amiga desempolvada por la magia tocó su hombro. Levantó el rostro para ver hacia atrás y la mano amiga detuvo el retroceso.
- Mira hacia adelante.
Y hacia adelante miró.
- Escucha mi voz.
Y la escuchó.
Y las manos amigas pasaron suavemente

Sin final

-Tengo mucho pudor para escribir cosas tan insanas- pensaba rascándose la cabeza, meciéndose el cabello, parándose, sentándose y parándose otra vez-. Una mano puede ser, a veces, tan buena y tan mala.
 -Sí, de hecho, pero para eso ni loca te doy una mano.
 -No te la estoy pidiendo.
 -¡Igual no te la daría, ni antes, de prestado, ni después para saludarte! Te haría un saludo militar no más- y meciendo rígidamente su mano derecha sobre su frente, puso una mueca de seria.
 -Voy a bañarme que me quiero quitar todo de la cabeza. Regreso en tres minutos.
 -¿Tres minutos? ¡Ni que fueras un té filtrante!

Echada de espaldas sobre una bola de cuerina rellena de bolitas de tecnopor, la cabeza colgando sin tocar el suelo, llegó a darse cuenta de una hoja doblada bajo el mueble en el centro del cuarto. Parecía un secreto llamándola. Rodó despacio sobre sí misma. Bajó, de pecho contra el suelo y comenzó a avanzar a rastras, escuchando la ducha al final de la habitación. Despacio se mueve, los ojos en el papel, ahora en la puerta cerrada, nuevamente en esos dobleces, en ese rectángulo blanco bajo ese mueble. ¿Estará allí adrede? ¿lo habrá olvidado? ¿ocultarán algo

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