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lunes, 6 de diciembre de 2010

O te callas o te mato!!

Y las luces se apagan tarde. Y mi novia y yo volvíamos a las salas tras mucho tiempo y solo queríamos ver la película de terror que decíamos veríamos. Y... ¿en qué me quedé? ah! sí. Y las luces se apagaron. Lentamente por supuesto. Y nosotros nos veímos y reíamos con la travesura de ingresar comida de fuera. No está permitido eso, por eso es una travesura, sabes.
-Lo sé. No necesitas explicarlo, no es que nunca haya ido al cine.
-Bueno, lo mismo da. Lo que uno debe o no debe hacer en el cine ya lo sabe incluso...
-Ya callate. Mejor sigue con lo del principio. Mirabas tú a tu novia...
-No, bueno. Nos mirábamos ambos.
-Ya, que lo misma da.
-Bueno. Y apenas comienza la función, comienza también la joda. La gente que llega tarde, como en todas partes no puede entrar en silencio, sino que como si lo fueran a ver gritan y ríen a carcajadas. Y lo peor es que se enfrentan a quienes buscan orden. ¡Maldición!
-Ya, ¿y?
-¿Cómo y? ¿te parece poco?
-No, hombre, qué problema. Que sigas quise decir.
-Detrás de nosotros se sentó una pareja. Y el hombre era una mierda. Parece que por querer dárselas de que la pela no le daba miedo se reía en las mejores partes de la película y jodía y jodía. ¡Ah! pero la mujer no se queda atrás. Que parece que le gustó tanto la primera vez (que probablemente fue sin el hombre para disfrutarla) que regresó con él para que no la disfrutara el resto.
-¿Por qué, qué hizo ella?
-Pues narrar la historia. Y qué mal la contaba, pues, que la narró desde el final al principio. ¡Hija de puta! Pero su pena será que se quede con ese desgraciado.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Ikki, el fenix, VS Barbie


Y dicen los hombre que por qué las mujeres se demoran tanto en cambiarse. O por último en bañarse. Pero sobre todo la ropa. En una reunión con hombres y mujeres, se llegó a la conclusión de que el origen son los muñecos y las muñecas. No, no los hombres guapos y las mujeres guapas. No. ¡Las barbies y los GI JOES! (o por último, los Caballeros de Zodiaco, para gente como yo que nunca tuve un GI joe!)

Si uno se pone a pensar. Las Barbies vienen con mil accesorios intercambiables, ropas, carros y hasta hombres (Ken, bueno, no tan hombre). Y en cambio, los GI joe vienen con la ropa puesta. Dios, solo una. Al igual que los Caballeros de Zodiaco que tiene solo una armadura asignada por muñeco. 

Entonces ves a las Barbies aprendiendo a demorarse a ver si algo le queda bien, mientras que Ikki, el fénix, ya tiene puesta la armadura. Y es una sola, por supuesto. 

Y si fuera a comprar, Ikki pediría S o M o L. ¡Pero Barbie no! Ella tiene la enfermera, la pediatra, la doctora, la podadora, la salvavidas, la modelo, la modista, la deportista y hasta la astronauta (igual que Ken, pero, claro, él cuenta como otra barbie- gay).

Además, hay que ver si se maquilla. Lo malo es que si Barbie se maquilla es antes de ponerse la ropa. Y luego cuando se prueba su atuendo de la última colección, tiene que ponerse otro maquillaje que vaya de acorde. Y por mucho que Ikki le diga que lo que tiene le queda bien --porque el restaurant reservado es a las ocho- ella se desmaquillará y se maquillará de nuevo para que lo que tiene en la cara quede bien con el atuendo.

Por supuesto, Ikki se negará a ir de shopping con Barbie. Porque ella regresará a la primera tienda- luego de revisar absolutamente todas las demás- para comprarse lo primero que se probó (¡obviamente también se probó todo lo que había en el Mall!)


Seamos sinceros, al final, Ikki sale con una hermosa Barbie. Pero, claro, luego de esperar muchas horas sentado diciéndole que todo lo que se va probando le queda bien. Porque Barbie esperará a que Ikki esté en su sala para recién ir a bañarse.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Déjalo ir y avanza

Y qué si debes pensar en él. ¿Acaso debería ser tu gran poder el poder arrancarlo de un tirón de tu pecho? Sufre, sí. Así consumirás ese dolor. 

Si no usas esa energía acumulada en ti no sobrevivirás, creéme. Úsalo, llora, golpea, grita. Grita. Sé humano. Recuérdalo, claro. Pero déjalo ir. Únete a él en un abrazo largo, cálido, irreal. Y suéltalo. Déjalo ir. Llora y deja que salga tu dolor. Que si lo retienes en ti será tan pesado que no podrás avanzar. Llora, camina, avanza.

No es fácil, lo sé, pero es posible. Déjalo morir y sobrevive. Y que viva en tu recuerdo, amigo. No le busques reemplazo con su propio memoria. Abrázalo, despídete y date cuenta de que tu padre te amo lo suficiente como para retenerte y negarte avanzar. No le endilgues la decisión tuya, amigo. Despídete y avanza. Y avanza como lo hacías sujeto de él.

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jueves, 18 de noviembre de 2010

Me quieres, lo abrazas


Él la mira y sonríe. Ella lo mira coqueta. Toca su mano mientras sonríe y lo mira. Y él mira la mano de ella. Esa chica es así. Su mirada casual siempre cae en los ojos de él y él siempre le corresponde la mirada.
Intentaron algo, es cierto. Pero la capacidad de análisis de él no pudo con el sentimiento – o quizá la emoción o la cara de ella o sus ojos o su risa- y negó su diagnóstico. Intentó algo, es cierto. Pero a nada llegó. O llegó pero decidieron dejarlo a donde había llegado porque supieron que no llegaría muy lejos. 

Intenta estudiar él pero sus ojos buscan los de ella. Apoya sus mejillas en sus palmas y lee. O intenta leer. Sonríe. No la quiere incomodar. Va por un café.

Hubo una razón además de la coquetería innata de ella. Y era que había más de un él. Ambos eran amigos. Bueno, en realidad lo son. Parece que ocurrió algo entre el amigo y la chica. El trato entre ambos, la coqueta y el amigo, es muy íntimo y eso no cambió cuando él intentó algo con ella. También por eso lo dejaron. Además, claro, del diagnóstico…

Está caliente el café. Ayudará con el frío de la cafetería. Mientras regresa, sopla el café y la ve sentada casi echada sobre la mesa. Intentará estudiar.
Le dijo que le gustaba a pesar de lo ocurrido, con esa pose que ella tiene. Se besaron y quizá algo más. Piensa un momento. Cree que esta vez podría funcionar. Sorbe su café y la mira. Ella se pone de pie. No lo está mirando. No lo mira a él. Extiende los brazos, empieza a correr y salta sobre el cuello del amigo. Así es, justo la misma mañana en que pensó que todo sería diferente. Él no quiere voltear pero sabe qué está pasando. Ella hace todo tipo de malabares y bulla para intentar que él voltee. Quizá quiere que la vea con el amigo.

El amigo, como es su amigo, se acerca a él. En la mesa ella se sienta frente al amigo y él queda al medio. Ellos conversan. Él mira su café. Lo agita e intenta beber para justificar su silencio incómodo.
Se hace una promesa: no volverá a caer. Ni aunque diga que lo quiere, ni aunque le pregunte “estás molesto”.  No cederá. No. Muerde el vaso descartable del café. No volverá a caer, dice.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Te toco y dices melodías

Quiero escribir una poesía
Que se escuche mejor cantada
Que diga que eres mi amor, tú, mi amada
Mi confidente y compañía
Alegría en mis tardes nubladas
De recuerdos y melancolías
Cuando te pedía por melodías
Me respondías pero no me hablabas
Recuerdo cuando te lloraba
Por alguna triste decepción
O por algo inesperado, alguna emoción
Y apoyada en mi regazo me animabas
Quieta siempre cuando te acariciaba
Me alegrabas pero no me sonrías
Estábamos juntos día a día
Y no pensaba en nada que nos separara
Extraño mucho acariciarte
Y dormir junto a ti la noche entera
Pues fuera invierno o primavera
Siempre podría tocarte
Estoy lamentado mucho el dejarte
Pero la falta de conocimiento me alejó de ti
Pero te recuerdo y puedo sonreír
Pues sé que el reencuentro será emocionante
Hasta entonces recordaré tus curvas lindas
Y tus cuerdas que a mis dedos
Daban placer y daño
Mi querida guitarra tanto te extraño
Por toda la satisfacción que me brindas

martes, 16 de noviembre de 2010

Recuérdame olvidar


Es confuso intentar espiar en las arcas del olvido. Tu arnés debe ser fuerte al tentar el descenso a ese foso oscuro que no siempre tú cavaste. O quizá lo hiciste y el recuerdo de ello también cayó. No deberías sumergirte sin esperar encontrar algo. Concéntrate solo en lo que buscas y huye. Huye.
Porque esa sombra también tiene manos y tiene forma de mujer. Te seduce, te atrapa. Te cubre con los recuerdos olvidados y te abriga. Y te ata.
Y tiene un pacto con el pasado. Y si no es por él nada pasa. Los hombres la temen pues el ser humano por naturaleza quiere trascender. Ascender a lo inmortal y olvidar ‘olvidar’. Y para esto las artes son buen aliciente.
Pero también el olvido tiene artes y mañas y vicios. Y te cita y te llama. No te diré que no vayas. Siempre odié la hipocresía. Pero recuerda no olvidar. Recuerda no olvidarte. Regresa tomando una mano amiga. O a la vida o al amor. A todo eso que el olvido envidia. Si necesitas la mía, mi mano te daré yo.
Pero dime cómo se olvida. No todo pero eso, sí eso que no quiero saber y que no sé. Pero sé que existe. Y me ata. Y me estruje por dentro. Pero, aun no creo que sea suficiente para acabar con lo que siento.
Me duele. Lo siento. Lamento saberlo. Debiste quedártelo o echarlo a tus arcas de silencio. Allí donde yo jamás buscaré. Debiste olvidarlo como ahora yo intentaré. Vuelve a tomar mi mano y sálvame otra vez.

Turistas limeños en Lima

Es la mañana del viernes señalado, ya tras postergar el viaje por más de tres semanas. Con las cosas empacadas partimos rumbo a la carretera central hacia el destino incierto con señas a modo de mapa del tesoro pensando más en poder llegar que en si podremos quizá regresar a donde partimos. El bosque de Zárate nos espera. Un hombre, dos mujeres y tres maletas.

El Bosque de Zárate es un resquicio en la sierra limeña por el que se filtra un verdor de selva alta peruana. A pesar de que ya muchos le restan importancia pues su fauna se reduce con el paso de los años; la belleza de su panorama, la imponencia de sus montañas y la aventura de alcanzarlo son alicientes excepcionales para visitarlo.

Silvia, Delia y yo llegamos hasta Chosica en bus. Junto una alta estatua del ‘Brujo de los Andes’, Andrés Avelino Cáceres, parten pequeños van que nos llevan en un viaje de cuarenta minutos hasta Cocachacra. Como es en la sierra limeña, llegar hasta un pueblo alejado como es Chaute, tiene horarios estrictos de movilidad. Llegamos tarde. El reloj marca las dos, ya no hay carros para llegar.

—Señora, disculpe ¿a que hora sale el siguiente carro para Chaute?— pregunté.
—Mañana a las once— Silvia, Delia y yo nos miramos decepcionados, tendremos que esperar—. O si pasa un camión quizá los puede llevar— nos sonreímos, aprovechamos para almorzar.

Un afortunado encuentro con Rosa, pariente de la familia Godoy Encarnación, que el profesor nos dio como referencia nos permite, cuatro horas después de esperar por movilidad, llegar a Chaute en un camino lleno de curvas y señales de recuerdo para los muertos que allí quedaron. La oscuridad de la noche que está entrada no permite ver la trocha por la que vamos y mucho menos el abismo que nos separa de Cocachacra que se ha vuelto solo una seguidilla de luces a la distancia. Ya en Chaute, una hora de viaje después, encontramos a Jacinto Godoy quien nos brinda de buena gana dos camas y cena.

El viaje regular hacia el Bosque de Zárate se realiza en una caminata de seis horas desde San Bartolomé, un pueblo una hora más allá de Cocachacra en la misma Carretera Central. Según las personas del lugar, son muchas las expediciones hasta el Bosque de Zárate, sobre todo de estudiantes. Para ellos hay, dicen, guías, pero muchos se deciden a ir solos y son, según Jacinto Godoy, quienes gritan pidiendo ayuda desde la montaña de Zárate hasta Chaute que está al frente separada por una sima profunda.



Frente a nosotros, unas montañas marrones con caminos por la mitad nos señalan cómo llegar. Una foto y comenzamos a caminar. Mientras avanzamos animados llegamos hasta la primera quebrada que nos señala un precario mapa que nos hizo Jacinto: señala una cruz, dos parcelas, dos quebradas, un poste que nadie usa y una gigantesca roca. Los montes comienzan a llenarse cada vez de mayor verdor, la tierra del camino se va trocando por pasto y las gigantescas rocas por árboles con formas caprichosas. Hasta aquí nos guiaba la ruta un canal de agua helada que usan los agricultores para bañar sus parcelas. Ahora vamos rumbo a hallar el poste que nadie usa.

Entre un gran grupo de cabras llegamos hasta la segunda quebrada con la gigantesca piedra desde la cual ya estamos muy cerca del destino. Un par de pastores nos señalan el camino y por fin, sobre una piedra a modo de panel: Bosque de Zárate. Decidimos avanzar un poco más, ya son las dos de la tarde y decidimos no avanzar más. Acampamos este sábado en una pequeña planicie junto al camino. El almuerzo: una lata de atún y un paquete grande de galletas para los tres. A pesar de la recomendación de Jacinto, bebimos agua del río. Muy helada, por cierto.

El sol cae y el crepúsculo se codea con las altas montañas del panorama y como en una balanza, la caída del sol impulsa la salida de tal cantidad de estrellas que recrean una enorme metrópoli en el cielo azul que, echados sobre el pasto, abrigados con todo lo que teníamos y una fogata que jamás terminó de prender, vimos deslumbrados. La oscuridad volvió a clarear por la luna, inmensa y blanca. Cenamos lo mismo que almorzamos y tratamos de dormir.

Tras una mala noche de tres en una carpa para dos, decidimos partir hacia la cima para poder rodear las montañas del bosque hasta San Bartolomé. Pero la naturaleza sumada a nuestra poca destreza y el miedo a lo desconocido nos hizo regresar por el camino andado. Volvimos por las mismas marcas de nuestros pasos recordando las paradas de la subida. Las quebradas, el poste, el canal hasta Lucumaní, el camino a Chaute y sobre nuestros pies hacia Cocachacra, ocho horas después, un automóvil de una empresa de comunicaciones nos dio un aventón. A nivel del mar ya, donde sí llegaba la señal telefónica, nuestros celulares comenzaron a llenarse de avisos de llamadas no contestadas y mensajes de preocupación. Todo dentro de Lima.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Fusión, el punto medio nos salvará


Actualmente, todas las tesis han encontrado sus antítesis. Así, la producción exponencial de los productos manufacturados o automatizados sin límites genera un desgaste del medio ambiente. Por otro lado, la producción que permite la preservación de nuestro planeta es muy costosa y ha resultado en productos exclusivos.
Por Paul Medina Trejo 
Aunque el avance de la ciencia ha permitido dejar atrás aquellas chimeneas humeantes, no ha sido suficiente como para erradicar las protestas justificadas de grupos pro preservación planetaria. Ahora, de por sí, la producción en serie o masificada no es un problema. El problema es aquella búsqueda de abaratamiento de costos a costa de la violencia ecológica.
Comprar un producto orgánico se ha convertido en la sensación del momento. Es más, ha permitido el progreso de muchas comunidades de países agrícolas que se dedican enteramente a ello. Pero, ¿estamos todos en la capacidad de llevar una vida llena de alimentos orgánicos? Esto es solo un ejemplo de producción con preservación del medio ambiente.
Podemos llegar a la conclusión de que uno necesita del otro. Si el tipo de producción que respeta el medio ambiente es caro, se debe a que no hay aún mucha investigación a este respecto. Es decir, en cuanto la tecnología termine por llevar la producción orgánica a una producción masiva, se reducirán los precios por la ley del mercado. Es decir, síntesis.
Se ha visto ya, cómo la producción en serie de aparatos electrónicos sumamente sofisticados ha llevado a la reducción de sus precios. Al mismo tiempo, se han creado programas mundiales para el reciclaje de pantallas LCD y otros componentes de estos dispositivos. Al ser reutilizados, necesitan menos tratamiento y tienen nuevamente materia prima. Un círculo.
Como sabemos, los extremos nunca son buenos. Ni los caros productos exclusivos ecológicos, ni la producción masificada humeante y contaminadora. Necesitamos una producción a gran escala inteligente, reciclable, saludable. Al final, el futuro es encontrar el equilibrio y aunque, al parecer vamos por buen camino, viajamos sobre la tortuga gigante que imaginaron los hindúes.

Sin mucho respeto



Por Paul Medina Trejo

Te odio cuando te quiero que es cuando rápido te vas. Te odio cuando una hora no es una hora, sino tan solo la mitad.  ¿No recuerdas acaso que te quedabas cuando te tenías que largar? Es tu capricho, ¿verdad? Qué te he hecho, dime. ¿No intento ordenar mi día, que es lo que te place? No entiendo entonces por qué te niegas a darme más de tus horas. Te pido que te quedes, te suplico paciencia y tú te vas. Cuando soy feliz, juntas tus minutos en veintes para hacer las horas. Así de mierda eres. Y yo que pensaba que eras un buen amigo cuando nos acompañabas a mí y a mi soledad. Estabas siempre allí paseado despacio en mis mañanas cuando no veía la hora de que fuera ya de noche. Y en la algarabía, en la euforia, me apurabas, te acortabas. ¿O no es así, acaso? ¿Lo niegas? Eres tan viejo y aun así te comportas con capricho de niño rico. Debe ser porque no tienes madre y nunca tuviste de dónde mamar.
Sé que muchos te odian, de maneras e intensidades diferentes. Te lo ganaste, al fin ¿no? Siempre me pregunté cuantos te detestan por pasar tan rápido y cuántos por no hacerlo más a prisa. Sé que no te lamentas de eso aunque lo sepas. Piensa. El Tiempo. Suena omnipotente. Puedes llevarte todo y nadie tiene la posibilidad de hacer nada frente a ello. La soledad, tu mejor amiga y la esperanza tu fan enamorada. El Tiempo. Piensa, todo está en tus manos. Claro, es un decir. No tienes manos. Ni siquiera tienes muñón para decirte manco. A veces siento que eres irreal aunque sé que no es así.
Parece tan poco lo que ha pasado desde ese nueve de julio del 87 en que nací. Has apremiado mucho desde entonces. Siempre lo haces. ¿Recuerdas el día de primavera del 93? Yo era el compañero de la reina del grado, era feliz. Y tú, infeliz, hiciste larga la mañana hasta que llegara el momento y cuando bailábamos ella y yo redujiste el resto del día a segundos. Por eso mismo no disfruté lo suficiente de Machu Picchu. Ese invierno del 2006 en que hiciste que el tren saliera antes y tuve que correr cuesta abajo para alcanzarlo, dejando tras de mí aquella maravilla mundial.
Cómo te encanta alegrarte del mal rato de los demás. O no recuerdas acaso esas interminables horas de matemática que alargaste por once años. Once años. Y seguro también lo harás ahora en la universidad. Siempre reduces el buen momento, lo placentero y por eso te odio tanto. ¿Por qué? Quisiera saber. Seguro que no conoces el sexo. Si fueras hombre supongo que serías impotente.
Te odio tanto cuando haces avanzar relojes empujando manecillas sin parar. Cuando más te necesito, te vas. Cuando soy feliz, te vas. Vete pues, vete ahora. No, espera, tengo que terminar de redactar.
El Tiempo. Piensa nuevamente. Debe ser que nos envidias. Al fin y al cabo eres eterno y no disfrutas de la angustia de que algo se puede acabar. Solo para que lo sepas, solo así se puede disfrutar.

CAMA ADENTRO


Por Paul Medina Trejo

SEMI-NADA
Ha pasado casi tres semanas desde el Seminario Internacional de Televisión: Nueva Televisión y Público Interactivo, impulsada por la USMP para sus alumnos de VI ciclo de Ciencias de al Comunicación. Nadie habla de él ahora como no se habló a la semana siguiente. Una razón suficiente: nada espectacular. En realidad no hubo novedad, más allá de números rimbombantes y búsquedas exclusivas para adolescentes aburridos.

SALVEDADES
Si hay que salvar a algunos de los expositores, esos quizá sean el chileno Cristian Villarroel y Omar Rincón, el expositor colombiano. El primero porque era chileno y sorprendió con su labia apresurada y captó la atención del público sonámbulo atrayéndolos a interpretar lo que iba diciendo. O cantando. Y porque mencionó que, a pesar de hablar de público interactivo, se tenía aburridos a todos estáticos en sus butacas del Hotel Sheraton. Lo malo: el también lo hizo.

ENTRETENIMIENTO
Por otro lado, Omar Rincón sorprendió con su despeinada cabellera - la poca que le quedaba- y su ropa de adolescente renegado en sus cuarenta. Él tuvo la decencia de aclarar, cosa que no hizo otro, que la función predominante de la televisión de hoy es entrener y ya. Se ocupó de dejar en claro que a pesar de ser una persona adulta y madura, aún guarda algo de adolescente que le permité entender el cambio. Si no quizo trasmitir eso, algo no hizo bien.

SOMNÍFERO
Quien sí se dirigió a los profesores que estaban despiertos- por estar parados- fue Gustavo Romero. Su introducción a la física cuántica explicada en términos conceptuales fue para olvidar. Mentira. Habló de información, verdad, credibilidad y poder pero de la forma más pesada que pudo, en una estructura de discurso político que  se aleja de lo que una exposición de conferencia requiere. Con un papel del cual leía, y luego miraba a los alumnos dormir, y leía y veía a los profesores, logró hacerse del puesto del peor expositor.

TODAVÍA
Los otros, si buenos o malos, están en el olvido. Lo más probable es que hayan dicho lo mismo que cualquiera de nosotros, comunicadores, podemos encontrar en esa internet en la que estamos sumergidos diariamente. Además que, sobre la evolución de la televisión interactiva en el Perú no se puede hablar ahora sino en tiempo futuro. "No se va a ver nada nuevo por ahora" dijo Federico Anchorena refiriéndose a Panamericana Televisión- sentencia nada deslumbrante. Pero, esto se aplica también a muchos temas tratados en la conferencia con ejemplos foráneos.

PRIORIDADES
A propósito de foráneos, el presidente Alan García Perez se sumó al pedido que se ha hecho a la universidad de Yale de los 'tesoros recogidos de Machu Picchu por Hiram Bingam'. La pregunta sensata en este caso sería así ¿De tener este 'tesoro' dónde lo pondrían? Tenemos muchos tesoros por exponer y, primero, no hay dónde porque no están bien implementados los museos. Segundo, no hay una ganas reales de impulsar la cultura de 'la cultura'. Ahora, si García Perez es vez de poner sus propagantas invirtiera en un programa de concientización de visita a los museos sería otra cosa.

¿TESORO?
Yale tampoco tiene el 'tesoro' como una exposición magnifica. La razón es sencilla: no es un tesoro. Lo que se llevó Hiram Bingham eran trozos de cerámica casi inconexas. En su libro 'Machu Picchu, pacarina moderna', Jazmín López Leazi hizo una investigación exhaustiva de lo que llevó y no llevó el investigador estadounidense. Ella misma visitó Yale y los museos del Cuzco. ¿Cuántos de los políticos que reclaman que los devuelvan saben qué es lo que piden? Lo que sí está claro es que en cuanto hay una oportunidad de mostrarse muy peruano por lo que sea, lo hacen. Sobre todo si están de turno.

MAESTROS
Ya hablando del Apra, se ven los resultados de su jugada maestra: Mercedes Araoz a la presidencia. No hay que ser adivino para saber que la mejor manera de cambiar un poco la imagen del Apra es alejándola de los apristas. Esa invitación a una recién llegada, invitada cuasi independiente, a ser candidata de la estrella fue la movida que le ha permitido al Apra aparecer en las encuestas presidenciales con un somero 3%. Ahora, habrá que ver si el siguiente paso es hacerla Secretaria. No parece lo más real con tanto bebote de peso que coge la mamadera.


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