LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

sábado, 23 de marzo de 2019

Encuentros fortuitos

Embriagado y con los ojos somnolientos, sin bostezar, caminó bajo el frío de la madrugada por la avenida Colmena en el centro de esa ciudad que le dicen de Reyes pero que a cada poco se siente el hedor a meado. Hace frío, hay pocos carros. Las veredas y las pistas están mojadas por esa brisa con agua que se respira en esta ciudad. Hay putas en las esquinas, hay drogadictos en costales agarrados a puertas metálicas cerradas. El alcohol invade sus venas, su cerebro. Disimulaba su dolor.


- Vamos a La Casona
- De verdad que ya estoy hasta las huevas
- Hoy hay tocada. Habla. Vamos

Es fácil desubicarse en este damero cuando es de noche. Muchas de sus calles se parecen y todas apestan igual. Hay trocas y cafichos por todos lados, hay basura y vendedores ambulantes, hay postes de luz que no funcionan y otros que se resisten a morir tintineando su luz cálida, reflejando su brillo inconstante sobre la pista mojada.

Ignoran a los jaladores de colectivos que más que un servicio parece ofrecerles un viaje sin regreso, una requisa por las puras, un desfalco sin premeditación. Dos ebrios caminando de madrugada parecen presa fácil. Prendes un cigarro para no sentirte tan solo. Pasas de largo sonriendo con una mueca forzada a ver si se creen que también tú representas un peligro para ellos. Ni tú te la crees. Mejor seguir de frente. Cierras bien la casaca para que el frío no entre por el cuello.

Las puertas son altas y casi ya ni cumplen su función. Se adivinan mejores épocas para los maderones, para sus pines metálicos que añoran su dorado. Su melancolía es una mezcla de vejez y suciedad, de pintura y barniz, de humedad y telaraña. Pero funciona aún. Solo una puerta chiquita se desmolda de aquel portón. Crujen las bisagras negras con forma de as de espadas horizontal. La puertita es maciza. Sienten que entran a una bóveda. Pero de adentro huye un ventarrón helado que les enfría las narices. levantan la pierna para pasar sobre el maderón y encojen la cabeza para no golpearse. La puerta es realmente pequeña. Esconden el cuello para no enfriarse, hunden las manos en los bolsillos de las casacas. Y pasado el primer golpe helado, les llega el olor dulce de la bohemia y el sonido hermoso del saxofón, les llega un español con cubano, un cómo estás mi hermano, un cómo estás mi amor.

Recuerdo que cuando te conocí, tenías el cabello largo y negro. Ahora está corto y rojizo y realza más tu palidez. No sé si es el frío o si es tu falta de sangre en la cara (en sentido figurado y en sentido literal). Quizá por eso me hago el loco, quizá por eso sigo el camino de los saludos que pueda evitarte. Habla, aprieto una mano, Qué tal, un beso en la mejilla, broder, chocamos las palmas luego un puño, hola, otro beso en la mejilla. Faltan 3 o 4 por saludar, pero me desvío, aprovecho que alguien bebe cerveza y saludo hacia la izquierda. Loca, ¿cómo estás? Broder ¿Qué ha sido de ti? Y así logro escapar.

- Oe, ¿es o no es? Si no es, se parece un culo, man.
- No la mires, huevón. Ya fue ya.

No conozco la canción que toca el saxo. Suena solo en el segundo piso. Se detiene a veces, parece que están ensayando. Suena un cajón peruano y el techo cruje a cada paso. No recordaba que la casona tuviera tanta gente adentro y menos que cupieran tantas personas, que seamos todos tan distintos. Nos sentamos en unas bancas viejas pero limpias, estamos todos en el patio que está alumbrado por bombillas de colores que cuelgan como cordeles. Las escaleras no se ven seguras y hacen música con la gente que sube y baja. Suena el saxo como quien se entretiene mientras los otros llegan. Da un gran placer escuchar el disfrute al tocarlo. Varios alrededor cierran los ojos y levantan las latas a medias, siguen el ritmo con los pies y se mecen. Es hipnótico.

Somos dos ebrios que se juntaron a otros ebrios. Ya somos todos amigos. Hay 3 grupos en total: el nuestro, el de ella y el otro que no importa. También está un número indeterminado de gente que está en la segunda planta. Parece que hubieran 100, pero es imposible que esa estructura los aguante. Cuentan historias que no recordaré mañana. Los círculos se hacen cada vez más pequeños porque no hay mesas, solo hay bancas. No hay tanta bulla, hay gritos de vez en cuando y hay murmullos. Y aunque hay filósofos hablando de zen y drogas, hay, dentro de los mismos círculos, quienes prefieren inclinar la cabeza y conversar hablándose bajito al oído. Por qué me huyes, me dices. Y escondo el cuello como tortuga porque tu aliento me erizó los vellos.

Te conocí en verano, me acuerdo, cuando caíste de rodillas en el barro del concierto. Ya para qué me limpio si para esto vine, dijiste, solo lloro a mi cerveza. De la mía todavía pueden tomar dos bocas te dije y entonces conocí tu sonrisa maliciosa. La primera vez en el cine, conocí tu sonrisa cómplice. Tu sonrisa nerviosa la conocí antes de que te operaran la garganta y tu sonrisa sincera cuando murió mi viejo. Pero, tu cara sin sonrisa fue la última que conocí. Cuando me dijiste mira que prefiero no engañarte y ya me lo he imaginado, cuando dijiste hay cosas que se acaban y no entendemos, cuando te pregunté si era broma, que me estabas cagando y me dijiste que preferirías ser sincera y dura que ser mi primer recuerdo de infidelidad. Te fuiste en verano como llegaste a mi vida: sin amigos vinculantes, sin historias parecidas, sin barrios compartidos, sin vínculos que insistan. Que cómo estoy me preguntas y que estoy bien te miento. Pongo mi cara de esto no me afecta esperando que el alcohol, el frío, la brisa, la casona, la penumbra, las bombillas, el humo de los cigarros, el sonido del saxo y el cajón, la gente con los ojos cerrados y balanceándose, todo, que todo eso disimule mi nostalgia. Estoy bien, te digo, que cómo te va ti, no nos vemos hace mucho. Y he viajado, me dices, y se van mezclando tus sonrisas con tus anécdotas. Una cerveza más y otra. Mi hermano, ya fugo, yo me quedo, hermano, mira con quién me encontré. Que te queda lindo el pelo corto, te dice y que viejo te pusiste le dices a él. Andá que yo lo cuido prometes, hablamos, broder. Pórtate bien. Lima se pone medio necia y empieza a garuar.
Te cuento un poco mi vida, exagerando claro. Ya vez que ser funcionario público no da para gran vida. Que qué pasó con ir por el mundo me preguntas y ya ves digo yo. A veces nos caen oportunidades a los pies y nos aferramos con los ojos cerrados. Al menos alcanza para vivir. Y realmente vivís, me preguntas y otra vez tu sonrisa pícara. Te queda lindo el rojo. Lo sé, me dices. De pronto, el saxo abandonó la sala de ensayos y baja lentamente la escalera como contando los peldaños y se menea tocando notas melancólicas y largas. Y la gente voltea verlo y lo aplaude. Es un performer. Es flaco y alto. Y pega un pito largo y continuo que languidece mezclándose con aplausos. Choca las manos, saluda a todos, viene hacia nosotros. Le coge la cintura, le besa la mejilla. Me voy con los chicos, mamá, te dice. Andá, amor.

Miro las pecas en mis manos. ¿Hace cuánto que aparecieron? Miro a la gente a mi alrededor y están todos en su propio mundo. Son todos murmullos, son todos penumbras, sombras, porque las bombillas no alcanzan. ¿Y vos te casaste? Me preguntas. Tengo más años divorciado que de los que pasé casado te digo. Y no, no tengo hijos ¿para qué? Y tu sonrisa condescendiente sale a la tarima. Sabés que vine tres veces a Lima y nunca nos cruzamos y claro, esta ciudad es grande, pero siempre me quedo en La Casona, y hace mucho que no vengo, te busqué en aquel cuarto, me mudé hace mucho tiempo. ¿Me buscaste tú? Te busqué solo en mis sueños, te busqué en las mujeres que conocí después, te busqué en los besos de otros labios, en las sonrisas de otras bocas, te busqué por todos lados. Y no, la verdad que no, no pude porque solo sabía que habías regresado y Uruguay es muy lejos y ya vez que no me alcanzaba. Quizá lo pensé cuando tenía 20, ya vez que había pasado tan poco. Pero, luego estuve casado diez años y mira que le puse empeño. Y mira qué casualidad que nos encontramos hoy. Son los astros me dices. Es el azar digo yo. Suena de fondo música de algún equipo del segundo piso y la cubana canta entonada un guaguancó. Es cierto que hay acciones en las que no sabes que es la última vez que la realizas. Pero, definitivamente, esta es nuestra última despedida. Porque hace mucho que dejaste de buscarme y ya hoy te encontré yo.

Los más leídos!