Ella considera que los días soleados son los peores para odiar. Los días con sol son los peores para estar triste porque todo sonríe a tu alrededor. Y hasta te invitan a sonreír y quizá sonríes, pero triste.
-Pero sol también refleja muertes- dijo tranquilamente Abhdalí.
-Ah, eso es porque tú vienes de allá pues y entonces ves solo lo que conoces.
-Y sobre qué más debería hablar, si lo que hablo es porque lo sé y lo que sé es solo lo que he vivido – aspiró profundamente el aire puro que lo rodeaba-. También Violeta lo hace.
- Bueno, sí, pero entonces, si los dos hablamos solo de lo que sabemos ¿cómo nos entendemos?
- Alá dice: “Confía en que es posible lo que no conoces y entonces aprenderás”. Para aprender debemos aceptar que podemos estar equivocados o desinformados.
-Pero esto de sentir que el sol nunca trae tristeza no tiene nada que ver con… las matemáticas, por ejemplo. Eso sí es aprender.
-Violeta se equivoca.
-¡No!- dijo la joven, entre seria y sonriendo, entre broma y enserio.
Abhdalí la miró con sus ojos hundidos en el cráneo, bajo unas cejas muy pobladas, su cabello grueso y graso. La miró con ojos casi compasivos, pero también medio en broma.
-¡No! No estoy equivocada- insistió la joven.
-Aprender a aprender ¿Quieres?
-¡Claro que quiero!- sentenció Violeta, pero con el gesto de que mantendría su posición.
-Según el occidente, lo más certero es la ciencia. Y según la ciencia, la certeza al cien por cien es incorrecta porque la ciencia es humana y el hombre yerra. También la ciencia yerra aunque avanza.
-No entiendo.
-Lo que quiero preguntarte es ¿Cabe la más mínima posibilidad de que estés equivocada?
-Bueno, sí- dijo luego de pensarlo mirando el cielo azul y claro y esos rayos de sol por el que de pronto se vio envuelta en una conversación de un tipo para el que ni siquiera tenía clasificación.
-Ya estás aprendiendo- dijo Abhdalí sonriendo.
-Ja ja, qué gracioso- increpó con sarcasmo la joven.
Su piel morena brillaba un poco con la claridad del día y sus cabellos negros ondeaban con el viento, libres. Allí, arriba de una casa vencida por el tiempo, disfrutaban sus vacaciones de colegio, las últimas.
-¿Crees que es posible que otras personas sientan, a diferencia de ti, que el sol también puede significar tristeza?
Violeta volteó la mirada, vio a lo lejos que se extendía el verdor hasta donde alcanzaba su visión. Giró un poco más la cabeza y vio que en el mar, allá a varias millas de distancia, el sol bailaba sobre las olas y usaba de espejo a las ondas de agua, llegaban chispitas de luz a sus ojos. Vio arriba y reconoció palomas volando sobre ellos, vio gaviotas, vio mariposas y mosquitos. Y miró a Abhdalí.
-No lo veo- miró al joven con la cabeza un poco ladeada-, pero te creo.
-Con lo que Violeta dice no ha aprendido solo que el sol también puede significar tristeza, sino y esto es más importante, que hay personas que pueden tener una percepción diferente de la tuya y que pueden tener razón. ¿Qué palabra significa eso en español?
-Creo que es “Tolerancia”
-Tolerancia- sonrió- suena a nombre de mejicana.
Ya iba a llegar el medio día y el sol arreciaba, el camino era lejos hasta el campamento. Bajó Abhdalí de la casa con sus fuertes brazos y ayudado por Violeta tomó sus muletas y comenzaron a caminar. Solo tres pies tocaban el suelo, tres pies y dos maderas.
