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lunes, 30 de agosto de 2010

¿Te imaginas?

—¿Mata el silencio?
—Yo creo que sí. Imagínate que estés en peligro y no haya forma de que alguien te escuche.
—¿Y la indiferencia?
—Yo creo que eso es incluso peor, ¿sabes? Porque a pesar de que, en el mismo caso, hicieras ruido con mucho esfuerzo, alguien te escuche y no haga nada… eso sería espantoso
—Júntate más. Tengo frío.
—Seguro que te has destapado.
—El cobertor es muy pequeño.
—No, lo que pasa es que alguien es muy grande.
—Ya, déjalo.
—¿Y tú qué crees? ¿Mata el silencio?
—Creo que sí y que no.
—¿Cómo es eso?
—Ahora, por ejemplo, todo está en silencio y nos sirve para crear. Nacen pensamientos, discusiones, sentir, placer. Todo eso es bueno. Si no hubiera silencio justo ahora, no estaríamos acá.
—Claro, pero hace un momento no había silencio, justo cuando estabas sobre mí y también creábamos y había sentir y placer.
—Tienes razón.
—¿Crees que ya debamos entrar a la tienda?
—No, no. Mira la luna. Ya no está todo tan oscuro, ¿no?
—Tienes razón. Hey, por eso tienes frío: aún no te has puesto el polo.
—¿Tú crees que la luna nos envidie, como dicen los poetas?
—La verdad quien tiene envidia de ella soy yo que teniéndome junto a ti piensas en la luna.
—Me encanta cuando sonríes así.
—¿Tu crees que mucho amor…?
—¿…qué?
—¿Tu crees que mucho amor sea malo?
—Yo…

¡Feliz día, Blogger!

Un saludo a todos los bloggers que se han aventurado a nadar en este mar de letras cultas y de dudosa procedencia. Inspírense e inspiren.

Blogs que recomiendo:

http://antologiapoeticamultimedia.blogspot.com/
http://elmundoenverso.blogspot.com/
http://musicaypoemas.ipower.com/index.html
http://vicentemonera.blogspot.com/

¡Versión de Alejandro que recomiendo!
Clasic Guitar:

¿Cómo explicarlo mejor?

Memorando interno de Daniel Samper Pizano, periodista de ‘El Tiempo’, citado por Guillermo Franco en su libro ‘Cómo escribir para la web’

La frase larga es una enfermedad que produce los siguientes efectos secundarios de índole gramatical:


Comitis: como hay que separar de alguna manera las partículas de oración, el redactor arroja una manotada de comas sobre el texto gris. Por una extraña ley que se comprueba a diario en ‘El Tiempo’, las comas tienden a caer allí donde no se necesitan, y a alejarse de los lugares donde son imprescindibles.

Queísmo: hilas los trozos de la frase demanda e uso de relativos (que, quien, donde, etc.), entre los cuales el ‘que’ suele ser el más socorrido. Más de un ‘que’ en una frase suele generar problemas de decoro estilístico. Más de dos aporta problemas de comprensión. Más de tres debería traer problemas con el editor.

Concordancia: una frase larga generalmente obliga a mantener distantes los elementos de la oración: el sujeto a cinco o seis centímetros del verbo; éste, a otros tantos del complemento directo; el indirecto a una cuarta del sujeto. Todo ello se vuelve terreno abonado para que un sujeto en singular termine con verbo en plural o un participio pasado en femenino se arrime a un sujeto en masculino.

La frase corta alarga la vida del redactor

Toda gran idea de una pieza publicitaria comienza con la redacción de una idea. Aquí un gran texto con una didáctica increíble de Daniel Samper sobre la frase corta:

La frase larga es enemiga de la buena lectura. Aunque la claridad de una oración no depende sólo del número de palabras que contenga sino de las relaciones entre ellas y los conceptos que expresen resulta difícil seguir una frase de más de 30. (No necesita contar las de la frase anterior. Son 37, pero creo que es suficientemente diáfana). Resulta casi imposible mantener la claridad de una frase cuando excede las s55 palabras. Frases de más de 70 palabras no son frases: son emboscadas. Los consejos de lecturabilidad recomiendan usar frases que se mantengan entre las 20 o 30 palabras.


No se trata, por supuesto, de que toda frase tenga un número determinado de palabras.

Tampoco de que todas las frases obedezcan a la misma extensión, lo cual resultaría ejercicio monótono y opuesto a la naturalidad del estilo, que es parte de su gracia. La pequeña fórmula radica, seguramente, en alternar frases de diversa longitud. Como en este párrafo.

Pero el límite de las 30 ó 35 palabras ha de tomarse como un buen consejo. Un buen consejo que, por supuesto, acepta excepciones.

En ‘Cien años de soledad’ hay un frase de 154 palabras (correspondiente al hilo de sangre que anuncia el suicidio de José Arcadio), pero tiene la particularidad de que cada un de ellas se necesita; todas unidas cumplen la misión de ofrecer la imagen y sensación de un prolongado recorrido.


E rector que crea tener razones de peso para producir una frase de 200 palabras, y convenza al editor, pasará a la gloria. El que no logre hacerlo, un día acabará pasando a la ofician de personal.

Memorando interno de Daniel Samper Pizano, periodista de ‘El Tiempo’, citado por Guillermo Franco en su libro ‘Cómo escribir para la web’


domingo, 22 de agosto de 2010

Publi CLICKdad



La publicidad está evolucionando hacia el desarrollo de una comunicación personalizada tal que los advertising que se publican en la web buscan blogs y páginas web que se dirijan, casi exclusivamente, al público que persiguen.



Esto sumado a que la Internet al ser un servicio accesible y de tiempo indefinido, la duración de la publicidad puede ser ilimitada. Claro ejemplo de esto son el sinfín de juegos que sale casi por cada campaña publicitaria. En el interior de estos juegos aparece el logo y otros mecanismos de recordación de la marca para que el usuario lo vea mientras juega.



Existe, también, este principio de “un click abre una ventana y una ventana es abierta por un click”. A propósito de “No woman, no cry”(del genial Bob Marley) esto es como ‘no click, no window’. Esto muestra que la publicidad a la que se mira en la Internet tiene un principio de intención, y no de invasión como en los medios tradicionales.



Ahora pues, esto hará que la calidad de la publicidad suba y por ende el orden creativo. Ya que hay que persuadir al cibernauta que dé click en nuestra publicidad. Lo malo, creo yo, es que siempre existirá ‘el bebé que ladra’(al que creo yo que le falta ‘desnudo y curvilíneo’).

Switch off



Sus miembros parecen querer alejarse de su cuerpo. Hacer angelitos de nieve siempre le pareció tonto. Además, de intentarlo ahora solo lograría arrugar sus cobertores. Silencio. No parpadea. Una luz cae sobre su rostro y contrasta con la penumbra de su derredor. Siente frío el pecho y cálida la espalda. El techo blanco se acerca y él cierra los ojos.


Ella le respira sobre la mejía y su voz la oye tan cerca.

-Hola- susurra-. Veo que no me has olvidado.

Él besa suavemente sus labios, actúa como si fuera lo más natural del mundo y camina lejos de ella. Sube las escaleras y entre los escalones la ve quedarse en el primer piso. Vuelve sobre los últimos escalones, la ve nerviosa sonriendo, la mira con ternura y le guiña un ojo. Ella se sonroja y él continúa su camino.


Abre los ojos. La luz ya no da sobre su rostro sino a un lado de su cuerpo. Coge un cobertor y se cubre. Con el cuerpo ladeado, las imágenes de la habitación inician un vaivén de izquierda a derecha. La sensación de estar navegando en un bote sin paletas lo invade y la tormenta de mentira comienza a arreciar. “Sumergirse en el sueño”, piensa y sonríe.


Ella toca su rostro suavemente. Lo acaricia con los dedos y él la toma, con ambas manos, de la cintura. Lo mira, le sonríe. Su mano derecha peina su cabello negro y grueso hasta llegar a su nuca y mira hacia arriba buscando sus ojos. Él la mira y aprieta la cintura. Se acerca ella hasta que el último aliento cae sobre sus labios entre abiertos. La atención la centra sobre la sangre que quiere escapar por su rostro, bullen sus ansias. Siente él que hace mal. Siente ella que él la dejará. El calor de sus labios rojos llega, sin tocarle, a los labios inmóviles de él. Se acerca más y…


El cuarto sigue oscuro y la luz ha desaparecido ya. “Ya no quiero” piensa. Las aguas se han calmado y el alcohol ha salido de él en ese sudor que lo envuelve. “Me he despertado”.


Sonríe.


“Despertar de un sueño sin completar una acción dentro de él es un mecanismo de defensa de la mente, la que evita que veas o experimentes algo que no deseas, como despertar antes de que te disparen”


“Y pensar que tú misma lo dijiste”, pensó

domingo, 15 de agosto de 2010

Pub Licidad



Llamar tu atención y tratar de convencerte para (si no directa, indirectamente) hacerte desear comprar un producto es tan antiguo como la misma venta, si no el trueque. Sin embargo, con la revolución industrial y su especialización en cada aspecto productivo para agilizar la salida de productos masificados, creó una especie de 'Club de publicistas'. Quizá como todo, el que se especializa busca especialistas que lo ayuden a mejorar y ello resulta en una 'Elite' /elit/.


Así, hasta hace pocas décadas, debías pertenecer a este 'Club' para poder desarrollar tu idea y hacerla funcional, tramitirla al mundo. Hoy por hoy, no. Se ha convertido en un 'Pub' (Public house). El medio abierto al público está en tu casa, en tu oficina, la universidad, en tu colegio o 'a sol la hora' de distancia. Tu imaginación puede alcanzar lo que siempre quizo. Las herramientas de ese 'Club' está a disposición todos. Hay niños que usan Photoshop luego de tomar fotos con cámaras digitales de última generación y aún cuelgan de sus bocas biberones con leche.


Ahora es 'Lícito' que cualquiera que tenga el talento y conocimientos básicos pueda explotarlo a máximo y mostrarlo a través de esta ventana llamada Internet y comenzar a existir en el mundo de la web. Por supuesto, para tener mejores ideas debes conocer más, leer. Pero, ¿acaso no están las lecturas también en la web?. Entonces, lo que se debería aprender es no lo que está ya disponible sino cómo encontrarlo.

viernes, 13 de agosto de 2010

El cerebro en la cubeta de agua



La copa estalla, los pedazos comienzan a tomar rumbos distintos. De pronto, todo se vuelve lento. Ella se pregunta si es él a quien realmente ama. Lo ve cerrar los ojos con violencia y ve latir su cuello, sobresalir sus venas, llenarse de sangre su cara. Sus manos masculinas golpean en un vaivén violento el calendario sobre la mesa. Cae despacio, muy despacio. De fondo suena un piano. Su boca se abre en demasía y muestra sus dientes mientras grita incoherencias que ya no se oyen, solo se oye la música. ¿Puede ser no uno sino dos personas? Piensa ella. Mientras cae aún el calendario y suena el piano por el que no escucha al muchacho, cierra los ojos y lo ve a él muy cerca mirándola y sonriéndole.
—¡Maldito! —piensa ella mientras cierra el libro— después de todo lo que hizo por él.
Abre ella lo ojos y lo ve. La coge del rostro. Está desquiciado. No, no es a él a quien ama, es quien queda. Su amado aparece en su recuerdo, cuando cierra sus ventanas del mundo.
—¿No lo ves? ¡No es este el mundo real! Somos partes de un cuento, de un libro: alguien nos lee— vocifera con rabia.
—Daniela, ya acuéstate que mañana tienes que estudiar.
—Ya papá, solo este capitulo y ya.
La música ya va a terminar. Tumba la lámpara y rompe una copa más.
—Esto no es real, esta casa no es real, y tú— la mujer toca su pecho y su alma va a los extremos de su cuerpo—, tú no eres real.
Ella cae, se desvanece, se siente morir. La cogen de los brazos, no la dejan caer. Ve una cara amiga.
—Él está aquí, no dejes que se vaya.
—¡Basta, basta! ¡Ya déjalo ir, por dios, está muerto! ¿Cuánto tiempo más lo vas a recordar?
El tiempo corre normal, las pausas del reloj ya no son tan largas.
—Entonces, ¿yo soy real?
—Daniela, ya. Es hora de acostarse. Ya mañana puedes continuar con tu libro.
—Está bien, papá.
—Hasta mañana, hija.
—Papá, ¿yo soy real?
—Claro, hija, por dios. Tú eres real, los que son fantasías son esos personajes de los libros que lees. Tú eres quien los lee, por lo tanto tú eres real.
—Gracias, papá. Hasta mañana.
—Hasta mañana, hija.

Los más leídos!