No dejes jamás que te digan que hay algo que no puedes hacer, ni un lugar al que no puedes ir. Lee, escribe.Vive.
viernes, 19 de marzo de 2010
Mi primer beso.
Oscar es el mejor de mis mejores amigos, según Pumba y Timón. Tenía 12 años y él los mismos que yo. Cursabamos entonces, el segundo de secundaria. Ozz, que así le decíamos en el cole, era el clásico gilero. Era él quien se enredaba con todas en el colegio: desde las de primero hasta quinto, aun si él tenía novia o no. Yo era el amigo perdedor. Acostumbrado a verlo besarse con las novias de mis otros amigos incluso cuando, por entonces, él estaba con una chica de tercero, una de las más atractivas, sexys y mandadas del José María Arguedas. Oscar compartía conmigo todo. Pensaba mucho en eso mientras Karen, su enamorada, me besaba la noche de un martes acalorado. Si era tan mandada, lo sabré yo. Oscar acababa de irse a recoger a la enamorada de un amigo nuestro para besarse con ella. Yo lo sabía, ella no: sobre la salida, y, bueno, besar también. Los labios de Karen eran cálidos y gruesos. Y húmedos, muy húmedos. Mis labios eran un terremoto por la tembladera y por el desastre que ocasionaban. Se alejó un poco y sentí su aliento. Era olor a kolinos. "Me voy" dijo. Dio la vuelta a la esquina y, ya yo fuera de su vista, comencé a correr. Fui a contárselo a Oscar, el mejor de mis mejores amigos.
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