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domingo, 30 de enero de 2011

Sueño hecho realidad

Según él todo se movía
y según el resto, estaba inmóvil
y pensaba que intensamente sonría
pero su cara era lozana y dócil.

Atrapó su alma un ángel
y apretóle las alas
y juntó su rostro a las plumas
que eran vivas doncellas enamoradas

Y cuando despertó junto a la almohada
no habría con qué zurcirla
Y aunque también eran las plumas blancas
no eran del ángel esquirlas

Odió entonces los sueños de vida efímera
y se empeñó en amar solo lo terreno
Lo real no se marcha cuando despiertas
ni se escapa si lo abrazas a tu pecho

Y encontró a su Sílfide en la tierra
y sus alas eran dorados cabellos
La abrazó, la besó, la poseyó
y soñó junto a ella en  su albo lecho

Mas cuando despertó se había marchado
dejando su aroma sobre la almohada
El perfume gritaba realidad y no sueño
pero como el ángel se había marchado el hada.

sábado, 29 de enero de 2011

El camino cambiante

La calle se va haciendo angosta. De ancha al comienzo se va volviendo un callejón. No tiene techo. El camino es empinado y en lo que se divisa como el fin se ve el cielo. Es azul y despejado. Avanzo a paso lento como cansado. La cuesta es alta. Y entonces, lo que parecía el final no era sino el comienzo. Era el principio de un mar azul, profundo que se prolongaba hasta el infinito. El  camino terminaba en una caida recta, en un borde. Y abajo, el mar. 

Las olas iba y venían de todos lados. De norte a sur y viceversa y todas las viceversas posibles. Parecía una cubeta de agua llevada por un borracho. Miro a la izquierda, nada. O quizá una pared. A la derecha se prolongaba el camino. Tomé esa ruta. Una de las paredes que flanqueaban el camino primero continuaba en forma de L la ruta que tomé. La pared esta quedaba a mi derecha y a la izquierda el mar azul.

La pared comenzó a inclinarse mientras avanzaba. Y en el decurso de mi camino iba cayendo a mi vera. Y terminó por hundirse bajo la arena de playa. El camino se hizo una línea amarilla y la mar brava estaba calma a mi siniestra. Me detuve y contemplé. No era una playa que haya visto antes. Pero estoy casi seguro que el paisaje está conformado por fragmentos de otros lugares que ya conocí.

martes, 18 de enero de 2011

Abuela es engullida completamente y sobrevive

Insólito. Una mujer de 83 años de edad, identificada como María Esther Roja del Campo fue engullida completamente por un lobo. Sin mediar ataque, ya que la anciana postrada en cama, debido a su avanzada edad, no opuso resistencia alguna, el animal se la tragó entera. Los hechos sucedieron el día de ayer en la vivienda de la doctogenaria, ubicada en la hacienda El Bosque Encantado.

Al promediar las dos de la tarde, la menor Capri Rosa Roja Valverde (12), nieta de María Esther Roja, iba de camino a visitar a su abuela en la hacienda. La niña asegura haber visto al animal momentos antes de los sucesos y por temor a algún ataque se desvió por un camino más largo. Al llegar Capri Rosa a la vivienda de la anciana, vio el preciso momento en el que la mujer terminaba de ser engullida por el animal.

La infante gritó de espanto y el lobo se percató de ella, por lo que comenzó a perseguirla. Debido al peso que cargaba en el vientre, el animal no podía alcanzar a la niña. En ese momento, Lehi Nha Dore (40), un cazador portugués que estaba en la zona, atendió a los gritos de la menor y corrió a auxiliarla. Tras dar alcance al animal, lo mató de un certero golpe en la cabeza. Lhei Nha, tras oír el relato de Capri Rosa, le abrió la barriga al animal y se dio con una sorpresa.

"Esto es un caso increíble", dijo uno de los paramédicos que auxilió a la anciana. "Es impensable que un animal pueda tragarse a una persona sin siquiera masticarla", agregó. la octogenaria resultó solo con problemas de asfixia debido al lugar donde estuvo por un corto tiempo. "Estoy feliz de que mi abuela esté bien", indicó la menor con lágrimas en los ojos. "Si estoy viva es gracias a la valentía de Capri Rosita", indicó por su parte la longeva señora.

domingo, 16 de enero de 2011

No me esperes sentado

Ella baja feliz del avión y respira aire limeño nuevamente. Su sonrisa crece mientras llena sus pulmones lentamente con los ojos cerrados. Abraza tiernamente su bolso, lo mira, sonríe y avanza.

Nadie pensó que él fuera bueno para ella. Es un buen artista y sabe lo que hace, pero la gente suele señalarlo por ser tan dejado. Es carismático, es cierto, y tiende a caerle bien a la gente. Pero en cuanto tiene muchas responsabilidades, estira la mano, jala una silla y comienza a esperar. Y al fin, luego de decirle que la amaba, luego de decirle que  se casarían y ya con el anillo en el dedo él le dijo que la esperaría con todo preparado para la boda cuando volviera de su gira, bebía limonada en su silla y aún no había preparado nada.

Ella es actriz y mientras pasaba de Rusia a Alemania en su gira, recordó que lo que haría falta sería el albo vestido de novia. El mes estaba acabando y pronto tendría que regresar. Se vio a sí misma caminando despacio hacia el altar. En cuanto lo vio, no dudó. Era ese. Sería aquel el vestido en el que todos la verían y la recordarían llorando de felicidad. Y sí, volverían antes, un día antes. Vaya sorpresa que se llevará él cuando la vea llegar. Ella desea de todo corazón que él la espere en el aeropuero, pero verlo sorprendido siempre le gustó mucho.

No. No había reservación de iglesia, ni invitaciones, ni invitados, ni juez, ni pagos hechos. Nada. Sí, nada. Había una limonada a medio terminar junto a una silla aún tibia. Nada más. Eran demasiadas cosas en qué pensar.

En la siguiente obra que estrenó la actriz, también estrenó aquel precioso vestido blanco alemán. Era otra vez la protagonista. Y al verla llorar antes de caer el telón, la gente pensó en lo bien que actuaba y la ovacionaron de pie.

viernes, 14 de enero de 2011

Luces, cámara, Lápiz

Es una pena que el bullir de textos en su mente se disuelvan mientras busca el papel en qué apuntarlas. Es imposible escribir todo lo que le viene a la mente. Y le molesta, claro, que tras el segundo verso sienta que se esfuerza por encontrar un par más de rimas para completar su seguidilla.

Es el despertar del duermevela, agitado, a coger un lapicero o un lápiz de color o un plumón o una pluma fuente o lo que sea, lo que sea. Y en lo que piensa que su lapicero está sin tinta, su lápiz sin punta, su plumón seco, las imágenes en su mente ocupan el espacio de la imaginación pura, del sentir puro, del sueño que quiere hacer realidad: su inspiración, en fin.


Intentó domir con lápiz (con punta) y papel junto a él. Y soñó con lápiz y papel y no recordó ningún duermevela. Amaneció con una hoja pegada al rostro y una raya de carboncillo en la mejilla. Creo que es hora de que se compre una mesa de noche con la que se golpeará el pequeño dedo del pie, seguro.

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