Ya el tiempo ha desaparecido las marcas de los abrazos, de los deseos de besar, de morder los labios y la piel con pasión. Los veinte veranos, otoños, inviernos, los hijos, los amigos, las familias, las peleas, los conflictos, las discusiones, las disculpas… las repeticiones… la monotonía… la casa… los pagos…las deudas…Ella se oculta cuando se viste, se incomoda que él la abrace por detrás, ya no quiere besos en el cuello y hasta ya no se deja besar. El mismo mueble, del mismo color, en la misma posición tiene ya la forma del trasero de él, tiene el respaldar su calor y hasta su aroma. Y las gracias y bromas salen solo del televisor, encadenado al tomacorriente, alimentado de un reproductor de dvd, traga discos día tras día. Ya no bailan, ya no se divierten, las conversaciones son rutinarias. Veinte años, veinte años.



