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miércoles, 21 de septiembre de 2011

El amor se mandó mudar

Ya el tiempo ha desaparecido las marcas de los abrazos, de los deseos de besar, de morder los labios y la piel con pasión. Los veinte veranos, otoños, inviernos, los hijos, los amigos, las familias, las peleas, los conflictos, las discusiones, las disculpas… las repeticiones… la monotonía… la casa… los pagos…las deudas…

Ella se oculta cuando se viste, se incomoda que él  la abrace por detrás, ya no quiere besos en el cuello y hasta ya no se deja besar. El mismo mueble, del mismo color, en la misma posición tiene ya la forma del trasero de él, tiene el respaldar su calor y hasta su aroma. Y las gracias y bromas salen solo del televisor, encadenado al tomacorriente, alimentado de un reproductor de dvd, traga discos día tras día. Ya no bailan, ya no se divierten, las conversaciones son rutinarias. Veinte años, veinte años.

martes, 20 de septiembre de 2011

Chewaca de luto

Hola. Buenos días o buenas tardes o bueno, no sé qué hora será cuando te llegue esta carta. La verdad no sé qué tan bueno sea esto de la entrega de cartas en ese país. Pero, ya, espero que estés bien, yo estoy bien y tu gato también. Sé que prometí que lo peinaría y todo pero ya sé que cuando vengas, ay, el grito que vas a pegar cuando encuentres un gato calvo. Es que sabrás que se le cae el pelo nada más de acariciarlo y con esto que se murió la tía Lola, pues toda mi ropa negra anda de pelos que parezco Chewaca de luto (quizá como estaría cuando casi matan a Han Solo, en ese episodio de…). Bueno. Tu perico ya no está, pero hay que verle el lado positivo a las cosas, como siempre dices: tu gato está más gordo. Así que tendrás un gato gordo y pelado (me acabo de acordar del vecino este que se acaba de mudar y que tú no lo conoces, es un tipazo y cuenta unos chistes que no sabes, bueno, claro que no sabes porque no lo conoces, pero ya lo conocerás, verás que cuenta unos chistes…). El otro día, me encontré a tu novio en el espejo, y ahí te espera otra sorpresa

jueves, 15 de septiembre de 2011

No me despierten

Es un hombre desterrado y errante; una golondrina forzada a olvidar en mitad de su travesía, su orientación natural, su migrar. Es una brújula con su norte dibujado pero perdido, con su sur en el oeste. Su mediodía ya no es cenital, lo reconoce apenas por la falta de sueño, porque el sol pasa siempre a lo lejos, nunca sobre él. Pero se queda más tiempo en el cielo, por lo menos más de lo que él recuerda que debería. Pero no es su tierra, no lo es.
Allí la tierra es roja, no gris. Las cumbres no llegan a las nubes. Las nubes no se pueden comer, las gaviotas no son de chocolate y ni siquiera son gaviotas. Los bastones de dulces no son rallados, ni rojos y blancos, y saben amargo. El dulce no es dulce y lo salado no es salado. Aquí no se vuela con saltar, ni te sonríen si sonríes. Aquí no puedes plantar arboles en el mar, ni hablar con los delfines.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Elección de promesas

Caminamos junto al mar y nos paramos bajo el farolito ¿recuerdas? No estábamos tomados de la mano, llorabas tú y te consolaba yo. Y enjugaba con mis dedos tus lágrimas, luciérnagas amarillas que brillaban sin volar.
¿Recuerdas que casi te grité pidiéndote que dejaras de hablar del pasado y empezaras a hablar del presente, que pienses en el futuro? Me respondiste que el futuro no existía aún, que era dudoso. Que entendiera que en presente hablarías del pasado que te alimentó y del futuro incierto hablarías como ahora, como hoy.
El piso era una seguidilla de piedras multiforme incrustadas en el barro de aquella callejuela empinada, escoltada de hileras de casas altas. Tú con tu falda larga y mi abrigo en tus hombros. Y yo muerto de frío pero con mi garbo intacto. Recuerdo a los niños que jugaban con sus trompos y que medían el tiempo del juego con las vueltas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El palco de mi abuelo

El 4032 es un colegio solo de chicas. Y yo aún sigo pensando que para mala suerte de ellas, queda frente a mi casa. O quizá la mala suerte está en que vive con nosotros mi abuelo o que a este le encanten las minifaldas.
Cuando era más joven, siempre me incomodó encontrarlo con su silla junto a la puerta, sentado y fumando. Parecía estar en el estreno de la película. Un estreno diario. Nunca la misma película, pero cada cierto tiempo las mismas actrices. Y yo con mi mochila y mi uniforme de colegio fiscal, gris como el cielo de Lima.
Corría el rumor en el colegio de que él raptaba muchachas y que se había llevado siempre a las que tenían las faldas más cortas. Las maestras, sí, un ejemplo de alguna extraña forma de enseñanza. Un rumor más cierto, y que había sido iniciada hacía mucho por alguna adolescente avezada, era que si le hablabas, desaparecía la lujuria de su mirada.

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