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lunes, 20 de febrero de 2012

En el ático de tu casa

Hoy soy una sombra sin un cuerpo, soy un viento que pasa por mi pecho. Soy solo un tipo, un alma sin hombre o quizá un hombre sin alma. Hoy no me atrevo a ser yo mismo. No soy más, esta noche, ese cúmulo de pensamientos generado por mí mismo en otros. No soy hoy ese montículo, no soy hoy esa broma, ese pesado sin peso, obseso. No soy hoy un preso. Soy libre pero no lo soy. No seré acaso la pasión olvidada por otros, no seré quizá el deseo de otros transmutado en mí, que no soy más.

Y sin embargo, sigo siendo yo quien busca que el equivocado sea el otro. Hoy yo quiero tener la razón. No quiero cervezas en mis manos, no quiero salpicaduras de sangre en mi ropa. Hoy no quiero corazones rotos, ni sueños en mis siestas. No quiero gavetas sin notas musicales, ni mi soledad deshaciendo sus maletas. Hoy no estoy solo...

Hoy para mí la cordura es solo un conjunto de cuerdas de guitarra. Para mí hoy la marea es cerveza fermentada. Quiero tocar por otro lo que suena casi perfecto, quiero llegar sin correr riesgos. Quiero llegar sin correr. Quiero llegar. Quiero. Quiero.

Existe una distancia insalvable. Un salto largo de competencia olímpica y no estoy preparado. Hoy no hay medallas. En esta batalla solo se cuentan los muertos porque nunca se piensa a futuro. No hay valor reconocible sino solo el que aparenta solo hacer el mal. Tengo una angustia condecorada por mi yo del pasado y tras él un cuadro fúnebre de mi presente.

jueves, 16 de febrero de 2012

La realidad del sueño

Tenía un hombro más tibio que el otro, era el derecho. También el aroma era mejor a su diestra y también el destino y la vida y la alegría lo miraba desde allí y su deseo y su poder. Y su no poder. Estaba más tibio el hombro derecho y un vientecillo llegaba a su pecho de vez en vez pero constante. Él no quería mirar, sí quería, pero no quería. La tibiez se movio, se acomodó un poco, solo un poco. Giró la cabeza lo suficiente para ver fuera el ocaso en movimiento y sin embargo estático. Sí, era él quien se movía, era él y todo el vagón y todo el tren.

La ventana se abría apenas y dejaba ingresar una briza suave y un poco de olor a mar. Pero no era eso a lo que prestaba atención, era al aroma de mujer dormida, era el aroma de sueño indefenso lo que abarcaba acaso los más de sus sentidos. Era eso y el tacto y todo ese aparato que cubría su ser: su piel. Allí se acomoda de nuevo, parece acercarse. La tibiez en su hombro, el calor de su cuerpo, la fiebre en su frente. Estaba quieto, tiezo, no se quería mover. El viaje lo estaba cansando pero no quería dormir, quería que el recuerdo fuera lo más largo posible. Duerme, ángel, duerme.

Dudó, cuando quizo levantar su mano izquierda y peinarla sin verla. Volvió a bajar su mano. Cerró los ojos y aspiró. El vagón estaba lleno de luz roja, casi casi sepia o no sé qué. Es ese color que se transforma al segundo que entraba de manera perfectamente horizontal a través de las ventanas a la derecha. Iba de norte a sur. El ocaso le sonreía. Ahí se levantaba nuevamente su mano y nuevamente su mente se negaba. No la despiertes, no la despiertes. Disfruta. Tragó saliva. Qué amarga puede ser a veces la felicidad cuando querer difrutarla un poco más puede acabar por terminarla de forma súbita.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Laura

Eres una existencia que ya no es, de la cual se habla en pasado y algunas veces en condicional pero no sé si desiderativo. Eres un pasado poco presente con forma de mujer joven que no envejece en el recuerdo. Eres un post-it que no se despega, una compañera en una moto, una mirada más al ocaso, un pudo ser, un no te extraño, pero te recuerdo.

Eres una despedida sin lágrimas, una vía interminable, transitable, de ida y vuelta. Eres una carretera de día. Tu vestido y tu silueta están siempre bajo un sol de verano, algunas veces en lo alto de un malecón o quizá bailando lento y suavemente, pero siempre sonriendo. Eres un cabello suelto, que no se puede describir.
¿Se habrá apoyado un mentón en una mano al mirarte con los ojos cerrados sintiendo la briza despeinar cada vez menos cabellos? Eres la respuesta del qué habrá sido de ella en un monólogo. Eres el sueño de un hombre casado pero soltero, divorciado sin papeles firmados, de un hombre con mucho ímpetu, con mucha piel pero poco tacto.

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