Hay días oscuros y días con sol. Y hay días en los que simplemente te tapas los ojos y te niegas ver. Hay días en que eres tan feliz que llegas a creer que es mentira y quieres despertarte a la fuerza. Y hay sueños que no terminan cuando comienza a amanecer.
Existen días en los que las nubes parecen seguirte. Y también están en los que las sigues tú. Cuando ves y te ven y cuando no ves y te ven. Y hay veces en los que no parece lo más correcto empezar con un "buenos días".
Y sin embargo hay días en los que la felicidad para alguien eres tú. Y en los que tu propia felicidad se reduce a una sola persona, a una sola situación, a una frase, a dos palabras, a cinco letras. Días en que los rayos del sol se filtran entre rajaduras de las nubes espesas.
Cuando lo más cálido no es el sol sino un abrazo, y lo más húmedo no es el océano sino tus ojos, cuando te tiembla todo y te duele la panza y cansado de caminar fingiendo sonrisas a los otros, te vuelves sincero contigo mismo y te das cuenta de que has sido tonto, sonríe. Hay días oscuros y días con sol. Pero, no hubo como ahora una semana glacialmente fría y un fin de semana tórrido y abrasador.
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