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miércoles, 6 de agosto de 2014

Camuflajes

Dante sopló sus manos renegando entre dientes por haberse olvidado los guantes, una y otra vez se olvidaba, uno de estos días va a salir sin llave y no tendrá quién le abra la habitación. Sopló una vez más, subió el cuello de su saco y seguía sintiendo frío. Estaba atascado, basta ya, solo estaba buscando excusas para no pensar, se decía a sí mismo, estás atascado en tu historia sin nombres, en tus diálogos desnaturalizados.

Un hombre se acercó a él, le señaló los zapatos bien lustrados con un escobillón negruzco, se los limpio, jefe. Dante miró su reflejo en sus propios zapatos y lo volvió a mirar. Debía tener más o menos su misma edad. Qué dice, jefe, se lo dejo como un espejo. Dante volvió a mirar su reflejo en sus zapatos al final de sus piernas cruzadas. Lo miró sin decir nada, un poco anonadado. Descruzó las piernas y se acomodó para recibir el servicio allí mismo, en la mesa de aquel café.

sábado, 8 de marzo de 2014

La oportunidad perdida (si hubiera sido más osado)

Quizá debí haberte dicho que era capaz de raptarte, de sacarte de ese bullicio esa noche. Porque debes saber que se me cruzó por la mente. Quizá debí haberlo hecho y contarte el cuento mientras pasaba. Debió ser una acción más osada que solo convencerte de que él debe estar contigo. No sé si me arrepiento. Creo que no. O por lo menos, no me arrepiento de haber sido el tipo buena gente que pone los sentimientos de la chica que le gusta por encima de los suyos propios, ese tipo-héroe de las películas gringas para adolescentes.

Quizá si hubiese sido lo suficientemente egoísta, no estaría viéndote al otro lado de la mesa riéndote a carcajadas cogiendo la mano de ese tipo. No es mala gente, lo malo es que no soy yo. Si hubiera sido más osado, quizá sería tu mano la que estaría sosteniendo ahora y no este vaso de gaseosa con ron.

jueves, 6 de marzo de 2014

Una charla de tías con el diablo

Recuerdo que alguna vez soñé que conversaba con el diablo, me tomaba una copa con él. Tenía cachos y su piel era roja y brillante, medio plástica. Estábamos sentados frente a frente. Yo estaba apoyado en el respaldar de mi silla como siempre trato de estar para evitar este maldito dolor de espalda que me persigue.

Él tenía los codos sobre la mesa, cogía su vaso con ambas manos como quien trata de calentárselas con una taza de café. Sus hombros estaban caídos y descansaba todo su peso sobre el tablero con desgano. Su cara no tenía esas expresiones de sadismo que siempre le pintan. Ni siquiera tenía las marcas en el rostro que demostraran que siempre anduviera así, como quien finge muecas. No, era solo un tipo con problemas.

Adopté, dios sabe por qué, esa posición de cruzar las piernas que siempre me pareció incomodísima: apoyaba el tobillo izquierdo sobre el muslo derecho apalancando el abductor con todo el peso de mi pierna, lo que invariablemente generaba que se me adormecieran los músculos.

Mientras tanto, pensaba sobre qué hablar con él. ¿Qué le puedes decir a un tipo que te pintaron de lo más terrorífico allí sentado con el desgano de la pena más humana? Él habló primero y me dijo que ser olvidado es jodido. Yo asentí moviendo la cabeza adelante y atrás, adelante y atrás.

-Pero solo te pueden olvidar quienes te conocen ¿no? Yo estoy seguro de que quienes te han visto realmente no podrían olvidarte; primero, porque están muertos y segundo, porque eso es eterno.
- ¿Y tú? – me preguntó
- Yo, no lo sé. Creo que estoy en algún tipo de trance- me sonrió con desgano.
- ¿También vas a contarme todos tus secretos?- me dijo.
- ¿Mis secretos? ¿Por qué? ¿Debería?
- No, no. En realidad no es algo que yo solicite. Lo que pasa es que los secretos afloran solitos cuando las almas buscan redención. Es una especie de necesidad humana muy parecida a esa necesidad de trascender, de existir por siempre, así sea solo en ese escondite sucio que hace el olvido en la mente de quienes nos conocieron o de quienes conocen lo que nosotros quisimos que conozcan nada más.
-¿Entonces no tengo que contarte nada?
-No
-Uff… -suspiré con verdadero alivio-
-No me tienes que contar nada, porque ya lo sé todo- tomo un sorbito de eso que bebía.

lunes, 17 de febrero de 2014

Recuerdos seductores

Yo con deseos de darte un baño-maría, María, que como chocolate te derritas, que te como, Chocolate. Ay, esa tu piel canela que conocí desde tus manos y, tan extensa, en tus piernas. Y con el oído a tu lado me dijiste, mordiéndome la oreja “tengo muchas ganas de borrarte la boca a punta de besos, flaquito”

miércoles, 5 de febrero de 2014

Los secretos que no guardamos

En confidencia, ella le cuenta un secreto bajito, bajito. Juguetea ella con sus manos pues se siente consciente de que hace mal al portarse mal solo un poquito. Se sonríe medio apenada, se siente graciosa.

martes, 4 de febrero de 2014

El viajante

Ya podrán escribir en mi biografía “cuando dejó su país natal rumbo a Francia…” Pareciera que en las buenas biografías no puede faltar Francia o por lo menos Europa. Iba camino a la Sorbona, con los ojos chinos, rojos, una pin de Cable mágico en el bolsillo, una bolsita de porro, el pelo ensortijado, el pantalón muy ceñido, botas de cuero sin lustrar y mucha literatura en la cabeza.

jueves, 30 de enero de 2014

Mis días, tus días

Hay días oscuros y días con sol. Y hay días en los que simplemente te tapas los ojos y te niegas ver. Hay días en que eres tan feliz que llegas a creer que es mentira y quieres despertarte a la fuerza. Y hay sueños que no terminan cuando comienza a amanecer.

martes, 28 de enero de 2014

Colegio 2027, alias El Chaparral

Si eres de los que leíste en el título ‘dos mil veintisiete’ y no veinte veintisiete, quiere decir que no conoces el José María Arguedas, el Gran Chaparral. Le decían así porque los vecinos sabían que ese colegio en la urbanización Los Jardines y rodeado de calles con nombres de flor, era tierra de nadie. De allí se graduó la mayoría de los miembros de la terrorífica pandilla noventera Los Primitivos.

domingo, 26 de enero de 2014

Mariposas en los Andes

Él sintió que su ser ya no era humano. Cazó sentimientos con lazos hechos de lógica, con cazamariposas que entretejen leyes, principios y teorías. Y ella cual flor, atraía para sí las alas multicolores del arte, de los sentimientos. Ella lloraba de emoción y sonría con placer. La artista era libre e ignorante de las ataduras de la ciencia factual y hasta casi, casi de las leyes naturales. El rubor de su piel canela, lo albo de sus dientes, el desorden de su trenza bien hecha, su hablar sin pausa, la cadencia de su andar, su amor por Lima, su placer de ‘jironear’ era toda ella y ella en sí.
-Para mí, los mejores libros son los que te inspiran a escribir y cuando te leo, me inspiras a amar. Pero no te entiendo y entonces me encapricho.
-Pero eso es solo porque piensas mucho en qué es qué. Porque piensas en las razones para amar. Porque piensas antes de actuar frente a todo. Porque piensas.
-Pero es que no se puede amar sin saber qué es amor.
-Tú siempre dices que el significado de las palabras se establecen por convención. Si aún no se han puesto de acuerdo ¿Qué es el amor? Pues la experimentación individual. Lo que sientes aquí
dentro- y tocó su pecho descubierto.

miércoles, 22 de enero de 2014

Viajemos juntos, mujer

 ¿Cómo es que cada vez que te pienso puedo saborearte en mi boca? ¿Cómo es que solo cerrando los ojos veo el amanecer trenzado a tus brazos, entre tus piernas? Hay algo de magia en este truco tuyo, hay algo de tácito en estos momentos.


Hay algo de barroco rococó en nuestro intercambio de miradas. Es todo demasiado a veces. Es todo a mil por hora. ¿Por qué esa premura entre nosotros? ¿Es que nos extinguimos si nos tocamos? ¿Es que nos estamos terminando el uno al otro con cada sorbito de placer que nos damos?

Durante el día me pregunto cómo es que cada vez que mi mano ensaya una curva imaginaria y exquisita, exhala un halo hecho de polvo de recuerdos que proyecta la cintura que acaricié esta mañana, tu cintura a la que me abracé con fuerza para no ahogarme en un mar de sábanas blancas.

¿Has notado que tu mano encaja en la mía como un rompecabezas? Yo he notado que no te molesta si desordenamos el universo juntos. Pero ¿por qué tanta premura al besarnos? ¿por qué tanta angustia por el abrazo más pronto? ¿Por qué el tropel al respirarnos mirándonos, tirando nuestros cabellos hacia atrás?

Hablas lento a veces, remordiendo tus labios, te castigas a ti misma y te privas de decir esa verdad que ambos sabemos y los otros dos no. No te sientas mal. Sabes que compartimos esta carga tan ligera juntos, tan pesada cuando nos separamos.

Yo tengo pensamientos extraños solo cuando no tengo tu esencia en directo, cuando se mezcla mi realidad con tu presencia de diferido: solo cuando no estoy contigo. Solo en esos momentos, puedo pensar en el agobio por desvestirnos al vernos, por apagar la luz al encontrarnos, por decir “te extrañé tanto”, por decir “yo también lo hice como no te imaginas”. Cuando no estás, puedo hacer símiles, me cabe pensar que somos como la ruta del tren y que cada vez que nos vemos, recorremos todas sus estaciones.

Cuando estoy junto a ti, no. Entonces, no. Entonces, todo es solo disfrute, es solo premura, es agobio, es angustia por la prontitud de ya no extrañarte. Cuando estamos juntos, somos solo pasajeros de una locomotora en movimiento donde actúan leyes de las que no nos enteramos porque las vivimos.

Y siempre en la última estación, te remuerdes los labios. Te niegas a decirme que tu boleto es de ida y vuelta, que alguien más espera con tus maletas. Y yo silencio el silencio de tus muecas con un beso. Un beso que dice que mi boleto es también de ida y vuelta y que alguien más me espera con mis maletas.

Los más leídos!