Sí, el aire estaba viciado, todo el sopor pesaba, los dedos entumecidos. Dos personas no se veían, dos hombres, dos sombras, dos sobras, dos simples sobres. En realidad no había razón por la cual tener los ojos abiertos, la noche estaba bien entrada y esta noche de verano, la luna no se dignó a asomarse. De hecho, el cielo estaba despejado, pero probablemente por cosas que apasionan a otras personas, la ubicación de ese satélite natural no era adecuada para reflejar nada a esta zanja aquí abajo en este mundo.
Quizá tampoco fuera tan importante porque no estaban en la tierra, estaban en un mundo lejano. Ensimismados, los límites de su universo avanzaban de la mano con los de su imaginación.
- De verdad, estoy hecho una mierda.
- ¿El corazón?
- Sí. O el cerebro, en fin, quién sabe. Lo que sí sé es que siento ganas de vomitar, de esconderme, de correr, de encontrarme a alguien a quien quiero ver pero de lo más casual posible.
- Faldas…
- Sí, faldas, o falda, quién sabe.
El problema no es el dinero cuando se tiene, hay falta de tiempo cuando todo acaba, hay minutos