Sírveme más, por favor, le dijo. Y él
le sirvió. ¿Alguna vez te sentiste tan pesado que no te levantaste? Sí, pero no
porque no podía si no porque… bueno, sí era que no podía, pero no es que no
pudiera por falta de capacidad sino más bien por falta de voluntad que es la
peor manera de no poder, respondió. Él levantó la vista de la taza que tenía
entre ambas manos y lo vio a través del vapor. Sigue, lo animó.
Es como cuando sientes que dentro de
tus venas la sangre bulle con apenas 37 grados, cuando sientes presión en la
cabeza desde dentro hacia afuera, cuando esa presión es de tu cuerpo por
conocer el exterior, cuando te mata tu propia vida, cuando tu propia
desesperación te desespera, es como la fiebre que en el afán de curarte te
mata, como la red que con tu propia fuerza por desatarte te ata, como el vital
oxígeno que en exceso te aniquila, susurró el, descansando los brazos luego de
agitarlos en su explicación.
Eres un caso, dijo él y acercó hacia
sí sus bastones que habían quedado en el suelo durante el descanso, apoyados en
un lado de la piedra en la que se sentaba. Eres un caso muy serio y extraño y
en extinción. Y por qué piensa eso, preguntó él, volviendo a calzarse sobre las
medias de la lana luego de sacudir de su calzado las piedritas extrañas, no lo
sé, fue la respuesta. Es solo tu límite, dijo, con la misma dureza en su rostro
cobrizo, tu mente que segmenta, tu desconocimiento que no te permite conocer.
Cuando no sabes qué te falta no lo extrañas y te parece extraño cuando lo ves.
No nos conoces a todos, no sabes cuál es la proporción.
Creo que mejor seguimos caminando,
dijo, algo avergonzado y se puso de pie, guardó el café, el termo, se puso los
guantes, estiró su brazo y lo ayudó a poner los bultos sobre los animales.
Sigue mostrándome el camino que creo que aún falta mucho para llegar a la cima.
Tranquilo, dijo él, piense que vino para andar el camino, no para llegar al
final, porque todos llegan al mismo destino, pero terminan con diferentes
historias para contar.
Lo miró buscándole las pupilas, pero
él estaba aspirando el aire fresco, frío, ligero que los rodeaba, disfrutaba el
camino aun cuando no caminaba.