-Siempre siento que no puedo más, Amor- dijo el silencio tomando su rostro- ¿te has imaginado tratar de tomar la mano de quien amas y no poder ser feliz?
-Para mí, eso es imposible- respondió el Amor-, pero pienso que la Tristeza también merece una oportunidad y tú puedes dársela.
El silencio sonrío. Meneó la cabeza.
-Ella no puede ser feliz y tú lo sabes.
-¿Por qué?
-Oh, vamos, Amor. Si la tristeza fuera feliz ¿qué? ¿Habría dos Alegrías? Algunas cosas simplemente no se pueden dar y, Dios, cómo odio que esto me pase a mí.
-Pero, piensa que no es solo tu problema, Silencio. Mira a la Esperanza. Todos la buscan y se siente querida, pero en cuanto llega ya nadie la quiere. Eso es más molesto y más hiriente.
-Bueno ¿qué? ¿Me vas a ayudar o me vas a deprimir?
-Te voy a ayudar, pero no hables tan fuerte que te puede escuchar.
-Ese es el fin. Algunas veces eres tan torpe.



