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martes, 10 de abril de 2012

Las vidas que vivimos (I)

Arrimado en su ricón sonriendo sin compañía, placía a sus ojos un libro de versos. Era su fuerte un rectángulo, una torre, un alcazar de libros polvorientos. Hasta arriba llenaban las páginas encuadernadas por editoriales que no sabían su nombre y él leyendo las tarde noches hasta que la única sombra era la que producía su lámpara de mano, que había cambiado de bombilla tantas veces.

El eco que siempre rondaba en el recinto era la de su risa y él solo aunado consigo mismo, inclinado sobre un libro, sobre un verso, sobre una palabra sin ruido. Una oclución de aire, una verso aislado, intervenido. Una letra, una frase.

En su mente cantaba odas y poemas y seguidillas y sonetos y a hurtadillas espiaba en libros de consulta de la vida de aquellos gamberros que habían vivido acaso la vida que para él quería pero no buscaba. Y sonreía cuando la interpretación de un todo caía como magia sobre su entendimiento, sonreía feliz y solo y nuevamente le visitaba el eco.

Muchas veces, alegre de su conquista miraba en derredor y la sonrisa se desvanecía. Pero nadie lo sabe, porque nadie lo ve. Oculto en su alcazar, trepa las pe

lunes, 9 de abril de 2012

De gatos y mariposas

Adivinó que el techo le era extraño y cayó en cuenta de que estaba con su ropa más nueva, la que actualmente le quedaba mejor y que resaltaba su figura y esa línea embriagada que no sabe de rectas. No encontraba su sonrisa y no podía quitar los ojos del techo que la cubría. Tampoco era su cama. No eran esas paredes suyas ni tampoco las ventanas. Giró sobre sí misma y metió su mano bajo las sábanas. Allí encontró una sonrisa suya, quién sabe cómo llegó allí.

Comenzó a nevar recuerdos como gotas de rocío que caían despacio, muy despacio. Y al pasar su rostro inmovil, veía como si fueran espejos, fragmentos rotos de televisión. Se veía a sí misma y a otro que no reconocía, que era solo una silueta de sombra. Era un recuerdo sin rostro. Se movió un poco, intentó coger un copo de mente y este se desvaneció al contacto con su piel y en su condensación produjo sangre, una rara diástole.

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