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miércoles, 4 de enero de 2012

Masturbaciones metafísicas

Dónde está esa rabia que muere en el intento y el fugaz amanecer en la noche. Dónde está tu despertar con los ojos quietos, cerrados, orgullosos de que no los vean. Dónde quedó tu arma de esgrima que no subía a más de un pie del suelo y que balanceabas como buscando objetos de valor en la arena de playa.

Dónde quedó tu inocencia y tu nombre no recortable. ¿Es el mismo sentimiento el que te mueve hoy? He visto cómo crece dentro de tus límites lo infinito y cómo tus deseos de permanencia, de encadenamiento del status quo, se desviste deliberadamente para volverse atleta olímpico que rompe records de velocidad y que ha aprendido a acelerar al acelerar. No sabes a dónde vas aunque finjas muecas. Pero avanzas.

Sé que no extrañas lo que no recuerdas y que no recuerdas no porque te propusiste el olvido (o porque te lo propuso él), pero con el recuerdo, olvidaste también la razón. ¿Es el rencor recuerdo? Sí. Lo sé. Y tú lo sabes. Sé que en algún momento pensabas que si todos los que te rodean te tratan mal ¿qué está bien?

¿Dónde está tu arma y tu avión de playgo? ¿Por qué te gustaban más los robots que se podían transformar? El llanto, más que llamar era una respuesta y sin embargo, no llorar causaba mayor impacto. Me pregunto dónde habrá quedado tu caja del tiempo, dónde la hombrera de un caballero, la canica mal ganada, el rotatap de serie descontinuada. ¿Dónde están tus besos con destino errado?

martes, 3 de enero de 2012

El cuarto que recuerda

Estaba dormido sobre su lado derecho. Su propio brazo pasaba bajo su cabeza y respiraba tranquilamente, no hacía ni frío ni calor. Estaba oscura la habitación y había silencio. Pero se desperto suavemente. Abrió los ojos despacio y parapadeó un poco. Y sonó el celular.
Él no se movió, porque no era el suyo.

-Aló. Sí, sí. Ya estaba dormida. Sí, amor. Espérame en la catedral, yo te alcanzo.
Él cerró los ojos también suavemente y sonrió despacio sin mover su cuerpo desnudo bajo las sábanas.
-Estaba durmiendo, amor. Pero ahora me cambio y te doy el encuentro. Sí, sí, sé que debes estar cansado por el trabajo. Ya voy a salir justo ahora. Un beso, un beso.
Colgó.
Suspiró profundo ella mirando hacia el techo, sonrió él mirando hacia el lado opuesto a ella.
-No seas mala, no lo hagas esperar.
-Estás despierto.
-Siempre lo estoy, ese celular ya parece despertador. Cámbiate.

Y en la oscuridad de la noche, se levantó ella con su desnudez. Caminó en la cama y pasó sobre él. Llegó hasta el guardarropas. Se puso unas bragas negras. Él la miraba.

Soy pequeño

Hoy llueve. Hoy que no debió. Rodeado de días de sol y hasta sombras no húmedas, y hoy llueve. Se puede planificar todo, menos que no llueva, menos que el clima esté como deseas. Lo imparcial, lo inexorable, lo que te hace poco y te reduce casi a la nada. La parte visible del mundo, su parte más vital, su respirar, su fluir, el viento, su lluvia.

Hoy que no debió, llueve. Hoy que no está sobre mi cabeza tu paraguas. Hoy que tu sol no brilla sobre mí, que no está tu mano en mi mano, que no llega tu calor hasta mí, que no me miras, que no me tocas, que no me sientes, que no estás. Justo hoy, llueve.

lunes, 2 de enero de 2012

Me las pagarás

Un cadaver en el suelo. Una barriga protuberante bajo un gigante mostachón parado sobre dos piernas regordetas dirige todo. Sí, lo hace la barriga que apunta con un botón cogoteado por el ojal y un hilo casi a punto de morir. La mirada perspicaz del hombre de la barriga prominente ve colgar el auricular del teléfono de discado. Duda, las manos en donde debería estar la cintura. Piensa y cavila y duda la cabeza sobre el mostachón, hace los ojos chiquitos, chiquitos como midiendo algo. Sí, es la distancia. Por fin resuelve que no se cansará tanto en llegar hasta el teléfono descolgado y revisar. Si allí está la respuésta al asesinato, será felicitado, exaltado, mimado y adorado (y también odiado, pero eso no le dirán) y hasta quizá lo inviten a algún almuerzo. Sí, almuerzo. Le da hambre.

Camina decidido, que para el caso es un paso a la vez y respirando agitado. Llega y suspira. Primero mira por todos los lados al auricular que colgaba sostenido por ese cable torcido como rabo de puerco. Buscaba alguna huella, alguna mancha de sangre o la respuesta escrita. Agachado hasta lo que su barriga chocando contra sus muslos le permitían, midiendo siempre poder levantarse solo. Algo buscaba, pero nada encontró. Alguien tosió al otro lado de la señal.

-¿Aló?-Dijo el sargento un poco preocupado.
-Señor Alberto, pensé que se había olvidado usted de mí. Creo que no me entendió cuando le dije que hoy le sacaría la promesa de pago o que no le colgaría. Le repito que yo soy infalible, Señor Alberto.
-No soy el señor Alberto.
-Vamos, pensé que era usted un hombre más caballero. Hacerse pasar por otra persona y decirme que no es usted es francamente mucho menos de lo que esperaba.
-Oiga, el señor Alberto está muerto.

La publicidad, evolución en corto

La publicidad desde que apareció ha comenzado a evolucionar así como todo en el universo. Desde sus inicios en los 50's, 60's y 70's hasta lo que conocemos hoy. ¿Por qué? Porque, como dijo algún viejito de la antigüedad con mucho tiempo para pensar: "Todo cambia". Y principalmente porque la publicidad es una actividad que necesita de su entorno para existir e indudablemente lo que la rodea hoy no es lo mismo que la rodeaba hace incluso apenas 11 años (y siempre pongo este ejemplo de citar el año 2000 que para mí es un año de referencia- y me siento viejo) o siquiera hace un año y la inundación de las velocidades de la internet medidas con la letra G.

Cuando los artículos del hogar y los electrodomésticos recién aparecían allá por los 50's, 60's y hasta 70's, la publicidad fue utilizada para INFORMAR. Lo primordial era dar a conocer al público en general (es decir, al que le llegara el mensaje), que una refrigeradora era una refrigeradora, que un horno microhondas era eso y sus cualidades estas. En fin, cuando ya tuvieras uno, recordabas la publicidad para averiguar qué hacer exactamente con ese nuevo aparato que compraste.

Cuando ya sabías qué era una refrigeradora y habían muchas en todos lados, la publicidad se utilizó para dar a conocer las DIFERENCIAS entre una y otra refrigeradora: Da más frío, enfría más rápido, enfría desde la puerta, congela, tiene más espacios, cabe tu sobrino malcriado, en fin. La publicidad era una pujadora. Y cuando ya tenías tu refrigeradora en casa recordabas la publicidad para ir descubriendo si realmente tiene eso que publicitaban (y además averiguar dónde está) y poder decírselo a tu vecina en cuanto la vieras.

Pes de mar abecedario

Lee y se va sintiendo seducido. Y los signos de admiración le erizan los bellos. Sus ojos se abren más y más mientras sigue el cuento y las letras toman forma y andan las o como ruedas de carretas. Las s son cinturas cuasiperfectas, que seducen: la i es una vela aromática con perfume de mujer.

Cierra los ojos e imagina un momento, pero le faltan a sus imágenes texto. Ilumina y lee. Y la palabra mar va inundando de agua todo el párrafo y la soledad está separada por doble espacio a cada lado. Se acerca más a las hojas e intenta ver si del valle de la m nace acaso un sol que iluminé un prado de íes tildadas movidas por el mismo viento que arrancó la bandera del mástil de la F.

Respira agitado y suda. Se enjuga la frente con las mangas y sigue. Sujeto del escritorio vuelve a sumergir la cabeza en esa cubeta plana llena de letras y llega tan hondo que casi toca el cielo. Y ve, como en vuelo, un río sin meandros, ve una seguidilla de eles en minúscula, y luego úes que se besan de un solo lado.

Déjame tiempo, Tiempo.

Te doy todo lo que he perdido. Te regalo las distancias que he volado con mis propias alas. Te doy todo el tiempo que he respirado bajo las aguas y los pasos andados desde la muerte hasta acá. Te doy todo lo que no es mío, te doy todo por lo que jamás pelearé. Te regalo reinos perdidos que jamás conquisté. Son tuyos los ocasos que no he visto y las lágrimas que no lloré.

Mereces mi arrepentimiento de las cosas que hice bien. Y el papel que dice que estoy absuelto de las condenas que impusiste a otro. Ten a bien arrancar de mis manos los dedos tuyos y coger de mis cosas las cosas de otros. Llévate esos besos de tu cuello que no son los míos, y ahoga en los ríos las huellas mías mal marcadas. Quizá muera por error, pero preferiría matar yo a ese ente sin nombre que posee lo que no poseo y que es ahora suyo lo que no era justo cuando perdí lo que era mío. Maldito él.

Los más leídos!