Dónde está esa rabia que muere en el intento y el fugaz amanecer en la noche. Dónde está tu despertar con los ojos quietos, cerrados, orgullosos de que no los vean. Dónde quedó tu arma de esgrima que no subía a más de un pie del suelo y que balanceabas como buscando objetos de valor en la arena de playa.
Dónde quedó tu inocencia y tu nombre no recortable. ¿Es el mismo sentimiento el que te mueve hoy? He visto cómo crece dentro de tus límites lo infinito y cómo tus deseos de permanencia, de encadenamiento del status quo, se desviste deliberadamente para volverse atleta olímpico que rompe records de velocidad y que ha aprendido a acelerar al acelerar. No sabes a dónde vas aunque finjas muecas. Pero avanzas.
Sé que no extrañas lo que no recuerdas y que no recuerdas no porque te propusiste el olvido (o porque te lo propuso él), pero con el recuerdo, olvidaste también la razón. ¿Es el rencor recuerdo? Sí. Lo sé. Y tú lo sabes. Sé que en algún momento pensabas que si todos los que te rodean te tratan mal ¿qué está bien?
¿Dónde está tu arma y tu avión de playgo? ¿Por qué te gustaban más los robots que se podían transformar? El llanto, más que llamar era una respuesta y sin embargo, no llorar causaba mayor impacto. Me pregunto dónde habrá quedado tu caja del tiempo, dónde la hombrera de un caballero, la canica mal ganada, el rotatap de serie descontinuada. ¿Dónde están tus besos con destino errado?





