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jueves, 21 de julio de 2011

Las balas en mi boca

 Por Paul Medina Trejo

Una libelula de humo vuela en mi cuarto y mi pensamiento en forma de gato la quiere atrapar. Pero alza vuelo desde un cigarro y el gato tropieza con un cuadro y rompe un cristal. Y de los pedacitos se hace una pintura en la que apareces triunfal. 

La libelula en sus meandros hace corazones y el gato sonríe y se zambulle en albumes de fotos en blanco mienra ya solo dos alas vuela en direcciones opuestas y en vez de palabras nace una mariposa. El techo desaparece lentamente a través de las ventanas y la primera foto se comienza a rebelar. Y aparecen tus manos. Y aparecen tus ojos. Y aparece tu voz. El gato ronronea.

El techo vuelve a aparecer y en mis labios una sonrisa y la mariposa dibuja un te amo, pero en vno estiro los brazos. EScucho un susurro lejano que tienen la forma de mi voz. Y en la siguiente foto aparecemos tu y yo. Es curioso ver cuánto dura un minuto si le cuentas los segundos. Y también es curioso cuando apenas le boto las cenizas al cigarro encendido, tiene forma de bala y que cuatro alas pueden matar un gato.

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martes, 19 de julio de 2011

Instrucciones de baile

Sus dedos se deslizaron suavemente por su cintura y creaba dobleces, caminos intrincados y laberintos de subidas y bajadas en la parte baja de la espalda de su blusa blanca. Y ella sonreía mientras él lo hacía. Ella sonreía. Era feliz. Y él, qué decir de él si ya su risa hablaba. Se imaginaba cómo estarían caminando allá abajo sus dedos intentando no llegar pero deseándolo desde lo más hondo. Y los otros cinco se entrelazaban con otros cinco más femeninos, más suaves, más cálidos.

Y uno, y dos, y tres, y cuatro...

No la veía a los ojos, miraba sus pies. Sonreía sonrojado. Y sin embargo se sentía tan bien. Y ella lo llevó de aquí allá. De allá acá, y uno y dos y tres...

Un helado y un café

El viento sopla una hoja roja, casi granate, más allá de ese universo circular de piedras planas incrustadas en el piso.Y la niña sonríe. Se hacen hoyuelitos en sus mejillas y sus cachetes casi tapan completamente sus ojos negros. Tiene las manitas a medio doblar, justo sobre la cintura sin tocarla y sus dientes aún muy separados unos de los otros, se muestran albos, contentos. El viento empuja suavente la hoja seca y la aleja más de la niña.

Cuando llegó el otoño ya el año pasado, Julia estaba embarazada. Lo malo es que no sabía de quien. No es que se acostara con cualquiera, pero dos en una semana bastan. Como también basta comerse un último helado de verano en puertas del otoño, sentarse a conversar mientras lo come, coversar con Martín quien le compró el helado y luego ir por un café hasta la noche, noche en la que se acostó con él, aquel día (maldito único día) que olvidó tomarse ese pastilla diaria que debió tomar y que no sirvió de nada que se la tomara al día siguiente junto con la otra que sí le tocaba ese día.

La niña se pone de cuclillas y estira la mano para tomar esa hoja seca que suena apenas la toca, e instantáneamente, con las piernitas dobladas y la espalda recta, mira cómplice hacia su madre en busca de un sí o un no. La madre no la ve. Para ella, eso es un sí. Julia la ve. La nena la mira, sigue en cuclillas y toma despacito, despacito la hoja seca solo con tres dedos.

Ya hace frío en el parque y ya se sienten los vientos huracanados. Todas las hojas se mueven, menos la que está atrapada. Al fondo silva una tetera y de lejos llega un intenso olor a té. Julia vuelve a intentar leer su libro. Se acomoda en la banca. La niña mira a su madre, recoge la hoja rápidamente, con la boca casi abierta como en suspenso, aprisiona su mano contra su pecho y sonríe mordiéndose el labio inferior, coqueta. Julia recuerda rápidamente, mirándola cómplice, que Lucas no quiso, Martín no quiso y cuando ella decidió hacerse cargo sola, quien podría ser hoy esa niña se rindió, allí adentro en la oscuridad sin conocer a nadie. La madre mira a la nena. La nena mira a Julia, Julia mira a la nena. La madre y Julia se miran, se sonríen.

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martes, 12 de julio de 2011

Las vidas que son medias vidas

Está triste cuando la duda se despeja y su vida joven vuelve un poco a su rumbo deseado. Cuando un torrente tan esperado llega inesperadamente y da con una esperanza vaga, y quizá inmadura, al trasto de las ilusiones perdidas, de las esperanzas lejanas, de las vidas que son medias vidas y que mueren, aunque al menos intentaron, igual que aquellos que se estrellaron en la pared del baño. Abrazados todos, abrasados y consumidos y consumados.

Fue padre por un instante, pero lo fue. Y lo fue por muchos años en su imaginación del futuro, aunque el tiempo real no fuera más que un cuarto de hora. No llora, pero está triste. Si piensa sensatamente, se siente feliz, pero si piensa en cuán feliz fue durante esos días inciertos en los que la desesperación lo corroía, se siente decepcionado.

No se ahoga en llanto, pero suspira. Aliviado y no aliviado. Esperanzado y resignado. Sabe que hay un tiempo para todo y que su tiempo aún no había llegado. Pero fantaseó tanto. Sintió que abrazó y que unas manitas lo abrazaron. Soñó que habría sido exitoso, buen marido y buen padre, aunque su hijo habría tenido dieciséis y él, treinta y dos.

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lunes, 11 de julio de 2011

Tu silueta asesina

-Espera- dio casi un salto abriendo más la puerta para salir, no le tomó la mano, pero casi. Ella se detuvo y volteó, feliz, con una sonrisa, con esos hoyuelos coquetos que se forman en su rostro, con el sol en poniente que realzaba su piel bronceada.

-Dijiste que no me olvidarías.
-Tom...
Él tenía el torso desnudo. La había recibido en el porche, era verano y el sol calentaba mucho cuando ella llegó. 
-Dijiste que regresarías a mí, que me tomarías de las manos y que me abrazarías ¿dónde está mi abrazo, dónde mi beso? Solo me traes malas noticias.
-No son malas noticias, Tom.
-Lo son para mí. Sé que es egoísta, pero es que me duele aquí en el pecho. Saber que estoy aquí donde me querías, que soy lo que deseabas que fuera y sin embargo- se le desgarró un poco la voz, solo un poco-... y sin embargo.
-Pero tú ya no eres tú, Tom. Eres alguien más- sonríe, coqueta, ladea su rostro y el sol hiere los ojos del muchacho-. Y por supuesto, yo no soy yo.
-Y entonces ¡qué?
-Y entonces...
Y entonces, ella sonrió mucho más todavía y las lágrimas escaparon de sus ojos y entre sus pestañas y sus mejillas se hicieron arcoíris. Y entonces una bandada de patos silvestres cruzó el cielo justo sobre ellos, y en algún lugar del mundo alguien murió, y en algún lugar del mundo alguien fue asesinado, y justo en el pecho de Tom, algo se detuvo. Y entonces el reloj marcó las ocho de la tarde y al fondo, bien al fondo, silbaba el tren.
-Dejemos todo. ¡Casate conmigo!
-Ya estoy casada.
-Entonces mátame.
-Creo que ya lo hice, pero no fue mi intención.
La silueta de ella caminando, alejándose de él, era casi imaginario, casi un sueño, una ilusión, una daga ensangrentada con su propia sangre. Y sus piernas eran robles atados al suelo por su necesidad y su cuerpo no era de él sino de las rocas, inmóviles e impávidas. Su rostro no tenía expresión, pero aún respiraba. Lamentablemente, y a su pesar, aún respiraba.

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viernes, 8 de julio de 2011

Eres un títere de la vida

¡¿Por qué, vida, eres así?!
Maldita, eres traicionera
Si no merezco de esta manera
Ser atacado, proterva, por ti

Si sonrío, estoy alegre, feliz
¿Por qué esta prueba?, ingrata
¿Por qué el buen amigo maltrata
Y vuelves el sol cielo gris?

¡Oh!, por qué has hecho enemigo
A quien felicidad conmigo compartía
Haciendo que me ataque, vida mía
Como a desconocido mi amigo

Si te quiero ¡¡Te quiero!!
¡¿Qué acaso no te das cuenta?!
¿Por qué entonces tu puñal certero,
Maldita, tu prueba cruenta?

¡Te odio!, arpía harapienta
Quién si no yo que podía amarte
Si quien me acaricia puede atacarme
Qué esperar de ti si no afrenta

¡Ah! Vida, maldita perra
Si a todos das felicidad
¿Por qué toda esa tu bondad
De camino a mí yerra?

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jueves, 7 de julio de 2011

El viejo aquel

Desde mi edificio veo a través del tragaluz, entre las ropas tendidas de ventanta en ventana hacia el vacío de ocho pisos hasta ese cobertor negro.  Ese toldo que han armado para cubrirse de la lluvia que cae hoy. Este día nuboso de invierno que llena las calles de un penetrante, y hasta placentero, olor a tierra mojada. Hoy que partió él.



Aún les sonríe, porque la arpía no ha podido arrancarle el carisma del rostro. Aún sonríe porque a pesar de todo, están todos juntos, alrededor de él. Ya no puede abrazar, pero lo abrazan. Ya no puede besar, pero lo besan. Aunque no lo hagan entre ellos mismos.

Su compañera lo recordará quizá desde esa esquina donde está ahora, enfundada, quieta y en silencio. A pesar de que están en la misma habitación, ahora ella está en silencio, como nunca sucedió. Ya no es la misma, es cierto. Porque él la lijó, la pintó, le cambió las cuerdas, la embelleció. Y llora, lo sé. Porque la veo desde mi ventana.

Ese hombre era un adicto a Dios y a su guitarra. Dos vicios que nunca logró que sus hijos, sus hijas, sus nietos, sus nietas, sus hermanos y hermanas, sus sobrinos y sobrinas entendiera, ninguno de los que estaba allí entendió ni compartió. Y sin embargo, estaba siempre él para amistarlos cuando peleaban, compartir cuando se amistaban. Y siempre estaba su guitarra.

Y hoy lloran. Y sé que no es falso ese llanto, no es lluvia en sus rostros. Es dolor. Hoy que oyen esa incesante canción que era característico de él. Lo lloran y esperan que esté donde esté, encuentre a ese Dios a quien tanto amó. Y que exista ese lugar sobre el arcoiris al que tanto cantó. La lluvia cesa y por un momento, por un momento solamente, se abre un espacio, un resquicio azul en el cielo.

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viernes, 1 de julio de 2011

Monedas de tiempo

Escuché que subastaste mi memoria hoy. Y que no me alcanzó para comprarla. Que a pesar de mi insistencia con llamar la atención, no valían puntos las palabras, ni los decibeles de mi voz. Escuché que me extrañabas y que mis recuerdos de ti se los vendiste al mejor postor.

Entonces ahora que me conoces tú y no te conozco yo ¿empezamos de cero? Cómo te llamas, cómo me llamo yo. Sé que no vale preguntar cómo nos conocimos, pero qué tal ¿cuándo nos conoceremos? 
¿Te gusta el chocolate? No recuerdo ni cómo huele.

Me pregunto si te recordaba aún justo cuando el mazo sonó. ¿Es cierto que mi memoria estaba en una envoltura verde? Qué extraño color para mi memoria.

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