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sábado, 8 de marzo de 2014

La oportunidad perdida (si hubiera sido más osado)

Quizá debí haberte dicho que era capaz de raptarte, de sacarte de ese bullicio esa noche. Porque debes saber que se me cruzó por la mente. Quizá debí haberlo hecho y contarte el cuento mientras pasaba. Debió ser una acción más osada que solo convencerte de que él debe estar contigo. No sé si me arrepiento. Creo que no. O por lo menos, no me arrepiento de haber sido el tipo buena gente que pone los sentimientos de la chica que le gusta por encima de los suyos propios, ese tipo-héroe de las películas gringas para adolescentes.

Quizá si hubiese sido lo suficientemente egoísta, no estaría viéndote al otro lado de la mesa riéndote a carcajadas cogiendo la mano de ese tipo. No es mala gente, lo malo es que no soy yo. Si hubiera sido más osado, quizá sería tu mano la que estaría sosteniendo ahora y no este vaso de gaseosa con ron.

jueves, 6 de marzo de 2014

Una charla de tías con el diablo

Recuerdo que alguna vez soñé que conversaba con el diablo, me tomaba una copa con él. Tenía cachos y su piel era roja y brillante, medio plástica. Estábamos sentados frente a frente. Yo estaba apoyado en el respaldar de mi silla como siempre trato de estar para evitar este maldito dolor de espalda que me persigue.

Él tenía los codos sobre la mesa, cogía su vaso con ambas manos como quien trata de calentárselas con una taza de café. Sus hombros estaban caídos y descansaba todo su peso sobre el tablero con desgano. Su cara no tenía esas expresiones de sadismo que siempre le pintan. Ni siquiera tenía las marcas en el rostro que demostraran que siempre anduviera así, como quien finge muecas. No, era solo un tipo con problemas.

Adopté, dios sabe por qué, esa posición de cruzar las piernas que siempre me pareció incomodísima: apoyaba el tobillo izquierdo sobre el muslo derecho apalancando el abductor con todo el peso de mi pierna, lo que invariablemente generaba que se me adormecieran los músculos.

Mientras tanto, pensaba sobre qué hablar con él. ¿Qué le puedes decir a un tipo que te pintaron de lo más terrorífico allí sentado con el desgano de la pena más humana? Él habló primero y me dijo que ser olvidado es jodido. Yo asentí moviendo la cabeza adelante y atrás, adelante y atrás.

-Pero solo te pueden olvidar quienes te conocen ¿no? Yo estoy seguro de que quienes te han visto realmente no podrían olvidarte; primero, porque están muertos y segundo, porque eso es eterno.
- ¿Y tú? – me preguntó
- Yo, no lo sé. Creo que estoy en algún tipo de trance- me sonrió con desgano.
- ¿También vas a contarme todos tus secretos?- me dijo.
- ¿Mis secretos? ¿Por qué? ¿Debería?
- No, no. En realidad no es algo que yo solicite. Lo que pasa es que los secretos afloran solitos cuando las almas buscan redención. Es una especie de necesidad humana muy parecida a esa necesidad de trascender, de existir por siempre, así sea solo en ese escondite sucio que hace el olvido en la mente de quienes nos conocieron o de quienes conocen lo que nosotros quisimos que conozcan nada más.
-¿Entonces no tengo que contarte nada?
-No
-Uff… -suspiré con verdadero alivio-
-No me tienes que contar nada, porque ya lo sé todo- tomo un sorbito de eso que bebía.

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