-Ok. Dejemos las caretas, Paul- me dijo, seria.
Yo terminé de tomar el agua de maracuyá helado sin apurarme, mientras que en mi cabeza iba terminando de cuadrar bien la excusa. Lentamente, regresé el vaso a la mesa, pasé despacio la bebida y le miré esos ojos café tan lindos que tiene.
-¿Cómo? ¿Por qué estás tan seria?- Sonreí estúpidamente con esos gestos del que se desentiende sabiendo de qué le hablas.
Me miró con el gesto de quien sabe que intentas desentenderte.
-¿Qué más va a ser? Quiero que me cuentes en qué lío estás metido ahora.
-¿En líos? ¿Yo?
En esos días en que el sol ahuyenta todas las nubes y el cielo es azul-azul, nunca te puedes imaginar que todo termine mal. De hecho, yo siempre que despierto con el sol en la ventana, me levanto convencido de que todo va ir bien.
-¿Qué es todo eso que está en los periódicos?
-Mentiras- mentí.
-Te quiero creer, Paul. Pero, tiene mucha información sobre ti, sobre tu amigo, sobre todo este asesinato.