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miércoles, 30 de octubre de 2013

Las verdades de las mentiras

 
-Ok. Dejemos las caretas, Paul- me dijo, seria.
Yo terminé de tomar el agua de maracuyá helado sin apurarme, mientras que en mi cabeza iba terminando de cuadrar bien la excusa. Lentamente, regresé el vaso a la mesa, pasé despacio la bebida y le miré esos ojos café tan lindos que tiene.
-¿Cómo? ¿Por qué estás tan seria?- Sonreí estúpidamente con esos gestos del que se desentiende sabiendo de qué le hablas.
Me miró con el gesto de quien sabe             que intentas desentenderte.
-¿Qué más va a ser? Quiero que me cuentes en qué lío estás metido ahora.
-¿En líos? ¿Yo?

En esos días en que el sol ahuyenta todas las nubes y el cielo es azul-azul, nunca te puedes imaginar que todo termine mal. De hecho, yo siempre que despierto con el sol en la ventana, me levanto convencido de que todo va ir bien.
-¿Qué es todo eso que está en los periódicos?
-Mentiras- mentí.
-Te quiero creer, Paul. Pero, tiene mucha información sobre ti, sobre tu amigo, sobre todo este asesinato.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Tu aroma tatuado en mis dedos

Con mi dedo imitaré un lápiz y dibujaré, temblando, la cartografía de tu cuerpo. Y tu ombligo cederá a la tentación de cinco navegantes que se lanzan a la aventura por un oasis en el desierto.

Quiero llenar el centro de tu cuerpo con un charquito de pasión y soplarle, hacerle viento e imaginarme navegando un velero con tu nombre como inscripción. Te pido disculpas por mi atrevimiento, pero es que quiero tatuado el aroma de tu vientre en mis dedos.

viernes, 4 de octubre de 2013

La bicicleta roja de mi hermano

Hoy me siento de ganas de contar algo que nunca le conté a nadie. No sé si es porque dejó de ser relevante en algún momento o si por el contrario, me sentí tan culpable que mi mente lo bloqueó. Recuerdo que fue una tarde del 97. Yo había salido del colegio, ya había almorzado, marmoteba en la cama, cuando me cruzó por la mente salir a manejar bicicleta. La mía ya estaba estropeada, me la habían regalado cuando tenía siete años.

La de Raúl estaba allí, disponible, alcanzable. No tenía por qué enterarse él, al fin de cuentas, a esas horas debía estar en el colegio. Le bajé el asiento lo más que se podía para poder alcanzar los pedales y salí a la calle. Siempre manejaba frente a mi casa, no pasaban muchos carros así que no era difícil. Cuando volví a pasar la fachada, vi que salía de su casa una vecina que me llevaba dos años. Iba de camino a ver a su mamá en el centro comercial Fiori, a unos diez minutos. De hecho, lo más lejos que habría ido solo y en bici.

Me ofrecí a llevarla y me sentí un galán, un galán de diez años. La dejé, me agradeció y di media vuelta, un poco intranquilo porque mamá se fuera a preocupar. De regreso, pasé junto a un carro estacionado con el capó delantero del carro levantado. Una señora gorda, con una bolsa de mercado en el brazo me hizo la parada, me preguntó si podía ir a comprarle esas bolsitas de agua que parecían lejía, que me fuera con la bicicleta que era más rápido así. Yo dudé.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Sé que siempre me perdonas y regresas

 
Tengo cartas sin enviar, cartas con tu dirección. Tengo sentimientos decapitados sin darse cuenta, tengo ganas de no hablar bajito, de no sentir esto que siento, de no escribir textos tristes. No quiero suspirar si no hay una sonrisa luego.

Tengo sobres que tienen tu nombre y que decidí quitar la carta cada vez, pero no me he desecho de ellos, aún me sé tu nombre de memoria. Estoy harto de quitar las palabras exactas del cuento que te escribo, estoy harto de borrar tu nombre y solo escribir ella. Lo siento, no sé qué es lo que quiero. Ahora que puedo tomar cualquier rumbo y ser el mochilero que siempre me molestaba en imaginar, termino tomando el equipaje de mano y salgo a recorrer las calles que conozco.

Los más leídos!