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jueves, 14 de junio de 2012

El mañana, La mañana

Hay un instante cuando la habitación está oscura pero fuera el día nace, cuando hay esa brisa fría que despierta, ese silencio que muere, el momento en el que los sueños terminan, ese instante en el que la mayoría de veces estuvo solo, en ese instante, él saluda de un beso a la soledad.

Y si fuera trinan los pájaros cual bienvenida, un buenos días, él cierra los ojos e intenta atrapar los harapos que deja la noche en derredor. Mañana silente que se torna en bullicio, la alarma de la vida lo llama por su nombre y el día abre las nubes como cortinas, pero las cortinas de su alma tienen cordeles en los brazos y
piernas y es solo él el titiritero. Que este día no suban el telón, el guionista no entregó su trabajo a tiempo.

Tiene en la garganta un desenlace que aún le sabe a nudo, pero cuando recuerda el principio de la historia, tibio su cuerpo en la cama, y la predisposición de los actores, suelta con sus propias manos las amarras
y los días en los mares naufragados, sus días de marino, vuelven con el recuérdo hábiles dedos con la cuerda. Sin embargo, aún aprieta. Sin embargo, deja huella. Torna su cuerpo a la forma del origen de la vida, acurrucado bajo las mantas, cubre su rostro, respira su respirar, se ahoga, no importa, sobrevivirá.

Ha dejado de oir el llamado del mañana y abrió los ojos en el hoy, en aquella fría mañana en el que no podía dejar de ser un titiritero, en el que tenía que ver una escultura sin terminar, una forma que ya se podía apreciar pero que era un trabajo a medias. Vio su mano y su propia brocha, estaban manchados de rosa, pero su cuarto era blanco. Junto a él, bajo sus sábanas, hay cosas que comprende, que acepta, instantes que hablaban de futuro, sueños que eran sueños y hoy también lo son pero mañana serán recuerdos.

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