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jueves, 30 de enero de 2014

Mis días, tus días

Hay días oscuros y días con sol. Y hay días en los que simplemente te tapas los ojos y te niegas ver. Hay días en que eres tan feliz que llegas a creer que es mentira y quieres despertarte a la fuerza. Y hay sueños que no terminan cuando comienza a amanecer.

martes, 28 de enero de 2014

Colegio 2027, alias El Chaparral

Si eres de los que leíste en el título ‘dos mil veintisiete’ y no veinte veintisiete, quiere decir que no conoces el José María Arguedas, el Gran Chaparral. Le decían así porque los vecinos sabían que ese colegio en la urbanización Los Jardines y rodeado de calles con nombres de flor, era tierra de nadie. De allí se graduó la mayoría de los miembros de la terrorífica pandilla noventera Los Primitivos.

domingo, 26 de enero de 2014

Mariposas en los Andes

Él sintió que su ser ya no era humano. Cazó sentimientos con lazos hechos de lógica, con cazamariposas que entretejen leyes, principios y teorías. Y ella cual flor, atraía para sí las alas multicolores del arte, de los sentimientos. Ella lloraba de emoción y sonría con placer. La artista era libre e ignorante de las ataduras de la ciencia factual y hasta casi, casi de las leyes naturales. El rubor de su piel canela, lo albo de sus dientes, el desorden de su trenza bien hecha, su hablar sin pausa, la cadencia de su andar, su amor por Lima, su placer de ‘jironear’ era toda ella y ella en sí.
-Para mí, los mejores libros son los que te inspiran a escribir y cuando te leo, me inspiras a amar. Pero no te entiendo y entonces me encapricho.
-Pero eso es solo porque piensas mucho en qué es qué. Porque piensas en las razones para amar. Porque piensas antes de actuar frente a todo. Porque piensas.
-Pero es que no se puede amar sin saber qué es amor.
-Tú siempre dices que el significado de las palabras se establecen por convención. Si aún no se han puesto de acuerdo ¿Qué es el amor? Pues la experimentación individual. Lo que sientes aquí
dentro- y tocó su pecho descubierto.

miércoles, 22 de enero de 2014

Viajemos juntos, mujer

 ¿Cómo es que cada vez que te pienso puedo saborearte en mi boca? ¿Cómo es que solo cerrando los ojos veo el amanecer trenzado a tus brazos, entre tus piernas? Hay algo de magia en este truco tuyo, hay algo de tácito en estos momentos.


Hay algo de barroco rococó en nuestro intercambio de miradas. Es todo demasiado a veces. Es todo a mil por hora. ¿Por qué esa premura entre nosotros? ¿Es que nos extinguimos si nos tocamos? ¿Es que nos estamos terminando el uno al otro con cada sorbito de placer que nos damos?

Durante el día me pregunto cómo es que cada vez que mi mano ensaya una curva imaginaria y exquisita, exhala un halo hecho de polvo de recuerdos que proyecta la cintura que acaricié esta mañana, tu cintura a la que me abracé con fuerza para no ahogarme en un mar de sábanas blancas.

¿Has notado que tu mano encaja en la mía como un rompecabezas? Yo he notado que no te molesta si desordenamos el universo juntos. Pero ¿por qué tanta premura al besarnos? ¿por qué tanta angustia por el abrazo más pronto? ¿Por qué el tropel al respirarnos mirándonos, tirando nuestros cabellos hacia atrás?

Hablas lento a veces, remordiendo tus labios, te castigas a ti misma y te privas de decir esa verdad que ambos sabemos y los otros dos no. No te sientas mal. Sabes que compartimos esta carga tan ligera juntos, tan pesada cuando nos separamos.

Yo tengo pensamientos extraños solo cuando no tengo tu esencia en directo, cuando se mezcla mi realidad con tu presencia de diferido: solo cuando no estoy contigo. Solo en esos momentos, puedo pensar en el agobio por desvestirnos al vernos, por apagar la luz al encontrarnos, por decir “te extrañé tanto”, por decir “yo también lo hice como no te imaginas”. Cuando no estás, puedo hacer símiles, me cabe pensar que somos como la ruta del tren y que cada vez que nos vemos, recorremos todas sus estaciones.

Cuando estoy junto a ti, no. Entonces, no. Entonces, todo es solo disfrute, es solo premura, es agobio, es angustia por la prontitud de ya no extrañarte. Cuando estamos juntos, somos solo pasajeros de una locomotora en movimiento donde actúan leyes de las que no nos enteramos porque las vivimos.

Y siempre en la última estación, te remuerdes los labios. Te niegas a decirme que tu boleto es de ida y vuelta, que alguien más espera con tus maletas. Y yo silencio el silencio de tus muecas con un beso. Un beso que dice que mi boleto es también de ida y vuelta y que alguien más me espera con mis maletas.

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