Por Paul Medina Trejo
Tú la llevas. Empieza a correr que si no alcanzas a nadie vas a seguir ‘chapando’ (no malinterpretarse). Es ejercicio, hay que decirlo. Los juegos de antaño requerían energía, pero la tuya, esa energía que obtenías luego de tomar toda tu leche o acabar toda tu sopa (que si no el cuco te lleva). No había que esperar a que la red estuviera descongestionada. Los vínculos no estaban hechos de fibra óptica.
Nada como reunirse con los amigos del barrio a lanzar la pelota al aire, salir corriendo y esperar a que no griten tu número. Aquellas horas de juego eran interminables, en eso coinciden con los juegos de hoy, pero sin pantallas, ni pilas contaminantes. Aunque por cierto, tenías que ser bien ‘pilas’, no ser ‘lorna’, agarrarse fuerte, no dejarse llevar y gritar ‘San Miguel’ con ritmo y a todo pulmón.
Antes había que cuidarse de no estropear la ropa y de no magullarse las rodillas y las manos. Hoy por hoy los juegos dañan más las relaciones interpersonales y, claro, los ojos y la postura. Ayer, juego igual parque; hoy, juego igual encierro, sin ventanas de preferencia. El sol ya no anima a los niños, sino que elimina el contraste de sus computadoras.
‘Las chapadas’, ‘Siete pecados’, ‘Las escondidas’, ‘Lingo’, ‘Kiwi’, ‘Mundo’. Había que ser ingenioso para poder crear todo un universo de palabras y normas, y si no las entiendes, ‘chepi-dos’ te vuelvo a explicar. Ahora, menos es más. Tres letras dicen te quiero (tkm), y todavía mucho. Una carita feliz indica que estas contento y ni siquiera tienes que sonreír. Los dedos ya no golpean canicas sino teclas y joysticks (‘mandos’). Simón ya no dice nada.
La generación Arroba cree que la tecnología que posee es mucho más que lo que los más antiguos conocimos: ¡plancha quemada!. Nosotros estamos más saludables, jojolete. Mientras algunos no se dan cuenta de que no pueden vivir solo de pantallas lcd y mandos inalámbricos, yo le enseñaré a los míos que los juegos no siempre llevaron video delante así que ‘ampay me salvo con todos mis compañeros’.