LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

lunes, 14 de enero de 2013

El poder del trasero

Estábamos en una de esas fiestas de primavera de la universidad, era de tarde y aún no estaba muy lleno el patio de la facultad. Edgar y yo nos habíamos encontrado de paso por allí y esperábamos a un grupo de chicas. La banda que tocaba en el escenario no terminaba de conectar nada, el baterista jugaba con algo de rock y el guitarrista, con un gorrito extraño, tocaba bajito una melodía reggae.  

Ya la tarde se moría (quizá de aburrimiento por la banda en la tarima), y nos íbamos olvidando que ya habíamos almorzado. Había mucha gente caminando de un lado al otro en el campus, los asientos estaban todos ocupados y el poco césped que había estaba atiborrado por varios grupos de amigos, con guitarras y coros, cubrían casi todo el espacio. No nos podíamos sentar sin estar tan cerca de alguno de ellos y dejar la impresión de que queríamos escucharlos o que buscábamos amigos.

Por fin, decidimos ir a comprar algo de comer. Conversábamos, probablemente de alguna estupidez que siempre se me ocurren o alguna cosa existencial que siempre se le ocurre a Edgar. En una de esas miradas en las que no necesariamente ves los ojos de las chicas, caí en cuenta de algo particular.
-Oe, Edgar, ese trasero yo lo conozco- le dije, muy serio yo. Y frente a nosotros había un andar cadencioso que, a pocos metros de nosotros, llevaba el mismo rumbo
-¿Qué?
-Que conozco ese trasero, pero no recuerdo de dónde.
-Ah, es (acá omitiré el nombre porque la chica aún está viva y no le he consultado si puedo escribir sobre su trasero)- dijo Edgar.
-Es ella, lo sabía- casi grité por el gran descubrimiento de la tarde- ¡tengo el poder de reconocer a las chicas por el trasero!
-¡Anda, huevón! ¿No será por la forma de caminar?- me dijo con sorna. Yo puse cara de ‘espera…’

Quizá sea bastante tarde, pero caí en cuenta de que sí, que al parecer, tenemos una particularísima forma de caminar que nos vuelve identificables a la distancia. Quizá pueda ser un caminar marcadamente recto, o quizá ondulante, muy tirados para atrás o para adelante, rápido, lento, a zancadas o pasos más bien cortos, en fin, hay varias formas que en un azar de las circunstancias nos vuelve reconocibles. Y yo que juraba que por fin, después de muchos años de vida, dios me había dado el súper poder que deseé.

Y a veces cuando voy por la calle, pienso que quizá todos los hombres creen tener ese poder y tratan de recordar de dónde conocen a esas chicas que pasan por ahí. Luego pienso que si fuera en las vidas pasadas que es de donde las recuerdan, cuántas vidas habrán vivido los obreros.

No hay comentarios:

Los más leídos!