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domingo, 26 de enero de 2014

Mariposas en los Andes

Él sintió que su ser ya no era humano. Cazó sentimientos con lazos hechos de lógica, con cazamariposas que entretejen leyes, principios y teorías. Y ella cual flor, atraía para sí las alas multicolores del arte, de los sentimientos. Ella lloraba de emoción y sonría con placer. La artista era libre e ignorante de las ataduras de la ciencia factual y hasta casi, casi de las leyes naturales. El rubor de su piel canela, lo albo de sus dientes, el desorden de su trenza bien hecha, su hablar sin pausa, la cadencia de su andar, su amor por Lima, su placer de ‘jironear’ era toda ella y ella en sí.
-Para mí, los mejores libros son los que te inspiran a escribir y cuando te leo, me inspiras a amar. Pero no te entiendo y entonces me encapricho.
-Pero eso es solo porque piensas mucho en qué es qué. Porque piensas en las razones para amar. Porque piensas antes de actuar frente a todo. Porque piensas.
-Pero es que no se puede amar sin saber qué es amor.
-Tú siempre dices que el significado de las palabras se establecen por convención. Si aún no se han puesto de acuerdo ¿Qué es el amor? Pues la experimentación individual. Lo que sientes aquí
dentro- y tocó su pecho descubierto.

El sol entraba a través de la cortina raída y zurcida dos veces. Ella se levantó de la cama desnuda y él abrazó la temperatura que dejó ella en las sábanas. Y vestida de su desnudez comenzó a pintar y a cantar y a llamar nuevamente hacía sí a las mariposas multicolores desde ese mundo platónico inalcanzable para él que se aferraba con las manos, con el cuerpo, con sus conceptos a la cama. No terminaba de elevarse hacia ese techo sin límite porque estaba encadenado a la fuerza de gravedad.

Cuando la guerra los alcanzó, ella tenía los ojos y el alma pintados de rojo y blanco y él un búnker hecho de libros polvorientos y apolillados. Ella vendó heridas en Chorrillos y él se ocultó junto a otros hacendados en las campiñas de Ica. Y el debacle de las haciendas norteñas hizo nuevos ricos en el sur. Se necesitaba gente capacitada cuyas mentes no se nublaran de patriotismo frente a los negocios. Y él prosperó. Y Lloró ella de rabia cuando el dinero de él costeó que la sacaran a rastras de las postas improvisadas que estaban siendo quemadas. Lloró porque no sentía que la salvaban. Sintió que también la humillaban como a otras. Que la humillaban, sí, que la violaban.

Cuando quedó frente a él, ya había luchado contra quienes la querían vestir, contra quienes querían peinar su cabellera negra y contra quienes querían quemar su patria. El silencio era casi fúnebre. Afuera la temperatura se elevaba mientras se acercaba el mediodía y toda la tierra muerta que rodeaba la hacienda prácticamente horneaba a las dos dentro de la habitación junto al establo.
-¿Por qué no lo hiciste cuando te dije que vinieras conmigo a Ica? Por tu terquedad casi te han matado.
-Yo me quedé a defender lo que es mío.
-Ya te he dicho que no importa quién entre a gobernar, la situación será la misma para nosotros. Esta tierra que defiendes no te pertenece, le pertenece a los hacendados como mi tío, de ellos es la tierra, a ti te han mentido. Es de ellos y ellos no pelean por ella, te mandan a ti, engañada con la definición de patria. Te hacen pensar que peleas por quienes amas, que me defiendes a mí Y solo defiendes intereses ajenos.

-No te defendía a ti. Defendía mi patria y mi patria no tiene definición, solo se siente. Yo peleaba por aquellos que eran heridos defendiendo lo que yo amo, no por ti, no por esta tierra, no por esta hacienda, no por tus bolsillos llenos de manos vacías. Yo no soy un palillo de fósforo que pierde la cabeza por placer ajeno. Yo soy una venda. No habré disparado, pero curé manos que lo hacían. Defendía mi Lima tal cual la veo, mi Jirón de la Unión, mi libertad de decir que soy peruana sin que me pateen o me escupan. No me hables tú de patria que no sabes nada, oculto acá bajo este sol que te alumbra, alimentándote de esta tierra que no respetas. No me señales tú- gritó enérgica, enfurecida.
-Parece que ya has tomado tu decisión.
-Lo tomé hace mucho tiempo- trató de serenarse un poco, por primera vez desvió sus ojos de él y lo dejó también respirar-. Estamos en bandos distintos.
-Siempre lo estuvimos- dijo él, con congoja-, pero antes nos amamos.
Las circunstancias lo llevaron a él a Ancón cuatro años después. Y ya ella había muerto algunos meses antes bajo la dirección de un Brujo en la última resistencia en los Andes peruanos.

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