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sábado, 8 de marzo de 2014

La oportunidad perdida (si hubiera sido más osado)

Quizá debí haberte dicho que era capaz de raptarte, de sacarte de ese bullicio esa noche. Porque debes saber que se me cruzó por la mente. Quizá debí haberlo hecho y contarte el cuento mientras pasaba. Debió ser una acción más osada que solo convencerte de que él debe estar contigo. No sé si me arrepiento. Creo que no. O por lo menos, no me arrepiento de haber sido el tipo buena gente que pone los sentimientos de la chica que le gusta por encima de los suyos propios, ese tipo-héroe de las películas gringas para adolescentes.

Quizá si hubiese sido lo suficientemente egoísta, no estaría viéndote al otro lado de la mesa riéndote a carcajadas cogiendo la mano de ese tipo. No es mala gente, lo malo es que no soy yo. Si hubiera sido más osado, quizá sería tu mano la que estaría sosteniendo ahora y no este vaso de gaseosa con ron.

Ahora con toda tu alegría te me acercas y me invitas a darnos un chapuzón. Y yo me digo “actúa como si no te importara” y la escena me sale bien, los amigos me dan el premio al mejor actor. Pero tú sonríes tan sincera a mi lado que pienso que finges cuando estás con él. Lo sé, lo sé. Es solo mi imaginación. Son solo estas ganas locas de que me sonrías solo a mí, de que pases tus bracitos delgados alrededor de mi cuello y acerques tus labios coquetos sin besarme, solo sonriendo, sabe dios por qué, respirando en mi rostro. Sí, así como lo haces con él.

Si hubiese sido más osado, me habría sentado en el pasto contigo y no sobre los asientos de madera. Te habría tomado la palabra cuando me dijiste que podrías cometer una locura y me miraste los labios. Si hubiese sido más osado, te estaría besando y estarías tomando mi nuca y peinando mis cabellos con tus manos, justo como lo haces ahora, justo como lo besas a él.

Y ahora para pasarme la voz pones tu mano sobre la mía y me hablas con esa sonrisa inocente. Me miras y yo veo tus mejillas sonrosadas por el alcohol. Me pides que te acompañe a sacar unas cervezas, me dices que ya no quieres más ron. Y el tipo buena onda chapotea con los broders en la piscina, las chicas toman el sol. Cojo mi Oscar al mejor actor secundario y nos acercamos al bar. Qué calor terrible hace hoy, qué bonita ropa de baño el tuyo, qué bien que te ves hoy, gracias, gracias.

¿Por qué esa manía tuya de sonreírte y poner tu mano en mi hombro cada tanto? ¿Por qué esa manía tuya de ser tan hermosa cuando sonríes, cuando te arreglas el pelo y me regalas la vista directa a tu cuello sabiendo que estoy viendo? ¿Por qué me muestras tu piel tan refrescante si sabes que estoy ardiendo?

Quizá no lo sabes, quizá es porque fue todo hace tanto. Alguien te busca, no hay nadie cerca, se oye a los lejos que él te llama. Tú vas. Me das una mirada volteando apenas la cabeza, acomodas tu cabello, una última mirada y te vas, te lanzas a la piscina con él. Me doy cuenta de que tengo ron y tengo cerveza, no te llevaste nada. Me doy cuenta de que estuve nuevamente donde estuve entonces. Me doy cuenta de que estando todos tan lejos, pude haber sido más osado, más egoísta, y darte un beso furtivo con historia incierta. Sonrío como estúpido, golpeo mi frente y pienso que a veces solo hay que dejar de pensar y dejar la posibilidad de felicidad en 50-50.

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