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lunes, 17 de agosto de 2015

Los detalles que no vemos

Sírveme más, por favor, le dijo. Y él le sirvió. ¿Alguna vez te sentiste tan pesado que no te levantaste? Sí, pero no porque no podía si no porque… bueno, sí era que no podía, pero no es que no pudiera por falta de capacidad sino más bien por falta de voluntad que es la peor manera de no poder, respondió. Él levantó la vista de la taza que tenía entre ambas manos y lo vio a través del vapor. Sigue, lo animó.

Es como cuando sientes que dentro de tus venas la sangre bulle con apenas 37 grados, cuando sientes presión en la cabeza desde dentro hacia afuera, cuando esa presión es de tu cuerpo por conocer el exterior, cuando te mata tu propia vida, cuando tu propia desesperación te desespera, es como la fiebre que en el afán de curarte te mata, como la red que con tu propia fuerza por desatarte te ata, como el vital oxígeno que en exceso te aniquila, susurró el, descansando los brazos luego de agitarlos en su explicación.

Eres un caso, dijo él y acercó hacia sí sus bastones que habían quedado en el suelo durante el descanso, apoyados en un lado de la piedra en la que se sentaba. Eres un caso muy serio y extraño y en extinción. Y por qué piensa eso, preguntó él, volviendo a calzarse sobre las medias de la lana luego de sacudir de su calzado las piedritas extrañas, no lo sé, fue la respuesta. Es solo tu límite, dijo, con la misma dureza en su rostro cobrizo, tu mente que segmenta, tu desconocimiento que no te permite conocer. Cuando no sabes qué te falta no lo extrañas y te parece extraño cuando lo ves. No nos conoces a todos, no sabes cuál es la proporción.

Creo que mejor seguimos caminando, dijo, algo avergonzado y se puso de pie, guardó el café, el termo, se puso los guantes, estiró su brazo y lo ayudó a poner los bultos sobre los animales. Sigue mostrándome el camino que creo que aún falta mucho para llegar a la cima. Tranquilo, dijo él, piense que vino para andar el camino, no para llegar al final, porque todos llegan al mismo destino, pero terminan con diferentes historias para contar.


Lo miró buscándole las pupilas, pero él estaba aspirando el aire fresco, frío, ligero que los rodeaba, disfrutaba el camino aun cuando no caminaba.

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