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viernes, 11 de septiembre de 2015

Ese uno que es la nada

Y entonces el silencio de la melodía del drama y la astucia del momento. Y entonces su mano recorriendo las sábanas mientras estaba durmiendo. No la ve, pero la siente, siente su peso, siento su aliento, siente que está al lado mirando al lado opuesto. Pueden haber tantas millas en una cama…

Es la desdicha de la nada. Es el sueño narrado en presente, es esfumarse pensando que nada alcanza, que uno no se cansa y, a pesar de ello, andar enjugándose la frente. Es el maldito torrente de repente de la verborrea que se abalanza, son dos gritos de guerra: ¡hurra, avanza! Y todos pierden, nadie gana. No hay distancia más grande que tus intereses y mis ganas, piensa.

Todo es culpa del traqueteo de este esqueleto que se niega a andar sin ruido, que dice que la bulla es la vida y quiere una vida a todo dar, que quiere entregar la vida pero con acuse de recibo; quiere una sorpresa, pero no sorprende; quiere un regalo, pero no regala; quiere algo excelente, pero no se esfuerza. Todo esto es la torpeza de la distancia. Están lejos pero se quieren. Están cerca pero no se aman. Se buscan en el mapa pero no se encuentran. Se atacan cuando se ven, se aman cuando se alejan.

-         - No hay remedio para nosotros.
-          -No somos una enfermedad.
-          -No es lo que quise decir.
-          -¿Entonces qué es lo que quisiste decir?

Yo sé que estás ahí, dándome la espalda, aguantando el llanto. Siento tu respirar pausado, sé que tienes la mano helada y por eso suspiras, lo calientas con tu aliento. Antes era yo quien lo hacía. Yo trato de hacer como que duermo, trato de imitar los espasmos que me han contado que me dan mientras estoy dormido. Sé que me sale mal. Me destapo con cuidado de no destaparte, no te vayas a enfriar. Voy por un vaso de agua. Sé que te quieres calmar y no puedes. Y simplemente no puedo soportarlo. Regreso solo a mirarte y me quedo parado. Sé que soy un idiota y no sé qué decirte. Quisiera tan solo abrazarte y que mi calor te alivie. Lo único que hacemos es pelear y eso hace que se me baje la temperatura y lo sabes. Otras veces tomabas mi mano y la calentabas, pero ahora, cubierta con las sábanas, me consuelo sola, soplo mis manos como cuando niña. Cobarde. Te ocultas tras tu farsa. Tus espasmos de mierda. Por qué simplemente no me abrazas y me calientas. Olvida tu enojo, olvida tu orgullo, olvida que soy orgullosa, que me desharé de tu abrazo a la primera, pero que no te rechazaré dos veces. Sé fuerte. Cobarde. Te ocultas otra vez tras la nada, tras el agua, tras la actuación. Y lo único que quiero es un abrazo tuyo, en silencio, solo un abrazo, sin vernos, solo un abrazo, sin conversar, solo un abrazo, sin los besos.

-         - ¿Cómo te imaginas que será nuestra primera pelea?
-          -Seguro que seré yo quien la inicie. Seguro será por algo que quise que hicieras y no hiciste.
-          -Pero entonces, ¿dices que tú lo inicias, pero yo tendría la culpa?
-          -No es eso lo que quise decir.
-          -¿Entonces qué es lo que quisiste decir?


Hay distancias muy grandes como las del tiempo. Hay distancias tan cortas como un beso. Si tus labios y los míos están tan cerca ¿Cómo pueden estar tan lejos? El secreto es el deseo, me dices, el secreto es el norte que nos guía. Si mi vela apunta a tu horizonte no viajo hacia ti, sino en paralelo. Tremenda estupidez, te digo, pero me dices que para que el viento lo impulse, la vela debe darle un lado, no de frente. Me hartan tus ensayos náuticos pero no lo digo. Sé que amas el mar, pero no es lo mío, mujer. Y discurre su alma, se prende, cavila y entiende. Hay distancias que no se salvan y a veces a uno lo salva cruzar ciertas distancias. Hoy te encontré, hoy me encontré, hoy te encontraste. Parecemos tres y somos dos. Eran dos que eran uno. Ese uno que es la nada.  

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