Yo he regresado al pasado y no logré cambiar nada. Y tantas noches que perdí antes convenciéndome de que si regresaba en algún momento a ese 4 de abril del 92, a esas tarde-noches del 98, a esa noche de verano del 2004, a esa biblioteca del 2010, lo reharía todo, lo arreglaría todo, si tan solo regresara sabiendo todo lo que sé, ja, por supuesto que lo corregiría y todo iría de maravilla. Anoche regresé en el tiempo y no hice una mierda.
Bueno, principalmente porque cuando estuve allí de regreso justo a donde quería, la sonrisa se me escapaba tanto de la felicidad de por fin actuar como hombre cuando la cobardía me ganó, que sabiendo que el momento es solemne, la cara me ganaba, la sonrisa me gana y ya estaba arruinando el futuro. Porque sucede que en el futuro, por poner un ejemplo, lo que viene a ser este mi presente, recuerdo que fui un pobre y triste estúpido que se rio en ese momento solemne en que tuvo la oportunidad de actuar como el hombre que siempre quise ser en ese momento (y que juro que soy hoy). ¡Maldita sea!
Y es que cuando, ¡zas! te encuentras de pronto allí viviendo en carne propia aquello de lo que solo te quedó el recuerdo, ¡ah! ¡lo quieres hacer todo! Yo quería hacerlo todo, por dónde empezar, lo primero: ¡recuerda, recuerda! ¿Qué va a suceder ahora? Era el colegio, ya, está bien ¿Ahora qué? Ya estoy de vuelta ¡qué hubiera querido corregir en el colegio? ¿Las notas? Eso toma tiempo, estoy en la carpeta, tengo a todos los amigos alrededor, todos somos flacos y tenemos cara de pavos. ¿Qué tenía que hacer? ¡Recuerda!
Volví a cruzar los brazos sobre mi pupitre, generé una oscuridad individual. Estaba junto a la pared, esa pared marrón oscura igual que las mesas individuales que nos había dado el gobierno anterior. Mesas, que dicho sea de paso, juntábamos de a dos. Estaba sentado junto a Oscar que conversaba con el resto de la mancha. Tenía mi pantalón gris rata, mi camisa blanca manga corta. Levanté la cabeza. Si estoy en el colegio, hay algo que ahora sí me atrevería a decir. Me paré.
-¿Qué pasa, señor Medina?- me dijo ‘Pompinchú’, uno de esos tipos sin profesión que se dedican a cuidar que ningún alumno salga del aula, esos tipos que parecen carceleros de los colegios nacionales.
-No, nada.
Casi salgo corriendo a buscarla. Por la ubicación del salón me di cuenta: estábamos en segundo de media. Claro, esta vez no cometeré los mismos errores: no le prestaré mis revistas porno a Coco porque luego me echará con la profesora de Lengua; no me dejaré expulsar por mala conducta (o sea, me portaré bien) y no jalaré los cuatro cursos que jalé (felizmente, Arte no contaba para marzo, sino, repetía el año).
Pero sobre todos los errores, no me callaré. Le diré a ella lo que siento y que sea la de Dios, no viviré con la incertidumbre. Pero, apenas toca el timbre de salida, no me es difícil acercarme a ella, conversarle, recordarle que somos amigos a pesar de que no hablamos mucho. Le ofrezco acompañarla a su casa y comienzo a pensar en nosotros. La veo y reconozco a una púber de apenas trece años. Pienso en mí mismo, en lo que soy hoy y me siento un pedófilo. Y comienzo a pensar en cómo podrá cambiar esto no solo mi vida, sino también la de ella ¡quizá no llegue a ser lo que es hoy! Yo le truncaría quizá ese futuro promisorio que tiene hoy por mucho que la aliente. Quién sabe. Y pienso mucho en los años que me faltan por venir que aún quisiera cambiar y pienso en todo lo que he hecho bien y que no me gustaría que fuese de otra manera y me cojo la cabeza y ella me coge por loco.
-Eres una niña-le digo.
-Soy mayor que tú, recuerdas- me dice – y ya desde hace muchos años.
Y me río como idiota. No recuerdo que me haya hecho alguna vez alguna broma. Me río porque ahora que tengo la oportunidad de cambiar todo lo que hice, que yo siempre juré que si existe, lo haría; no, no puedo hacer nada, porque a pesar de todo, me gusta cómo ha sucedido todo esto.
Cuando me despierto de ese sueño vívido, el sueño más vívido que he tenido, me doy cuenta que pude haberlo cambiado todo y que era posible dentro de la lógica de mi sueño, pero no pude, porque no quise. Así que hoy desperté alegre de que esté donde estoy.
¡Pero acaso podrías decirme que no te gustaría volver al pasado, sabiendo lo que sabes, para hacerlo esta vez, todo bien?
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