Hoy me asaltaron unos extraños pensamientos con unos ridículos antifases. Era bastante absurdo verlos intentando a todo trance hundir sus pequeñas manecitas con mitones en mis bolsillos con huecos. Parecía el encontrón de agujero con agujero. Por cierto, qué frías sentí las puntitas de sus dedos en mis muslos.
Fue un ataque cobarde de nervios que me dejó un poco ansioso y temblando también un poquito. Y como no hayase yo piedras en los zapatos, anduvieron lentamente alejándose de mí los nervios contando y repartiéndose el botín que sustrajeron de mis bolsillos con hueco. Los nervios y los pensamientos se sonrieron. Y yo miré un poco abobado cómo colgaba de mi bolsillo izquierdo un mitón azul. Me sonrojé por haber subido de peso. Ahora mis jeans me odian.
De mi bolsillo colgaba atrapado un mitón y del mitón colgaban miles de alimañas apiñadas entre toda la mugre y una suerte de manchas de comida y humedad. Y emanaba de él un aroma desconocido para mí, una mescolanza putrefacta irrespirable. Era como si la manita que cabía en ese pedazo de tejido azul hubiera pasado toda una vida tocándolo todo menos agua y jabón.Debe haber vivido arrimado y oculto, en lo profundo de una cueva en las cavernas de mi consciencia.
Hoy esos pensamientos y esos nervios ahora presos pasan su eternidad en el pasado convertidos en recuerdos reclusos no ya de la conciencia sino de la memoria, viejita jugetona que suelta de vez en vez fotos de los casi (con muchos uff flanqueados de signos de admiración) que andan asaltando por ahí al presente poco precavido que va tomado de la mano con la realidad, pero que piensa mucho en los que habría sido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario