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viernes, 11 de noviembre de 2011

La casa en el desierto

Ella considera que los días soleados son los peores para odiar. Los días con sol son los peores para estar triste porque todo sonríe a tu alrededor. Y hasta te invitan a sonreír y quizá sonríes, pero triste.
-Pero sol también refleja muertes- dijo tranquilamente Abhdalí.
-Ah, eso es porque tú vienes de allá pues y entonces ves solo lo que conoces.
-Y sobre qué más debería hablar, si lo que hablo es porque lo sé y lo que sé es solo lo que he vivido – aspiró profundamente el aire puro que lo rodeaba-. También Violeta lo hace.
- Bueno, sí, pero entonces, si los dos hablamos solo de lo que sabemos ¿cómo nos entendemos?
- Alá dice: “Confía en que es posible lo que no conoces y entonces aprenderás”. Para aprender debemos aceptar que podemos estar equivocados o desinformados.
-Pero esto de sentir que el sol nunca trae tristeza no tiene nada que ver con… las matemáticas, por ejemplo. Eso sí es aprender.
-Violeta se equivoca.
-¡No!- dijo la joven, entre seria y sonriendo, entre broma y enserio.
Abhdalí la miró con sus ojos hundidos en el cráneo, bajo unas cejas muy pobladas, su cabello grueso y graso. La miró con ojos casi compasivos, pero también medio en broma.
-¡No! No estoy equivocada- insistió la joven.
-Aprender a aprender ¿Quieres?
-¡Claro que quiero!- sentenció Violeta, pero con el gesto de que mantendría su posición.
-Según el occidente, lo más certero es la ciencia. Y según la ciencia, la certeza al cien por cien es incorrecta porque la ciencia es humana y el hombre yerra. También la ciencia yerra aunque avanza.
-No entiendo.
-Lo que quiero preguntarte es ¿Cabe la más mínima posibilidad de que estés equivocada?
-Bueno, sí- dijo luego de pensarlo mirando el cielo azul y claro y esos rayos de sol por el que de pronto se vio envuelta en una conversación de un tipo para el que ni siquiera tenía clasificación.
-Ya estás aprendiendo- dijo Abhdalí sonriendo.
-Ja ja, qué gracioso- increpó con sarcasmo la joven.
Su piel morena brillaba un poco con la claridad del día y sus cabellos negros ondeaban con el viento, libres. Allí, arriba de una casa vencida por el tiempo, disfrutaban sus vacaciones de colegio, las últimas.
-¿Crees que es posible que otras personas sientan, a diferencia de ti, que el sol también puede significar tristeza?
Violeta volteó la mirada, vio a lo lejos que se extendía el verdor hasta donde alcanzaba su visión. Giró un poco más la cabeza y vio que en el mar, allá a varias millas de distancia, el sol bailaba sobre las olas y usaba de espejo a las ondas de agua, llegaban chispitas de luz a sus ojos. Vio arriba y reconoció palomas volando sobre ellos, vio gaviotas, vio mariposas y mosquitos. Y miró a Abhdalí.
-No lo veo- miró al joven con la cabeza un poco ladeada-, pero te creo.
-Con lo que Violeta dice no ha aprendido solo que el sol también puede significar tristeza, sino y esto es más importante, que hay personas que pueden tener una percepción diferente de la tuya y que pueden tener razón. ¿Qué palabra significa eso en español?
-Creo que es “Tolerancia”
-Tolerancia- sonrió- suena a nombre de mejicana.
Ya iba a llegar el medio día y el sol arreciaba, el camino era lejos hasta el campamento. Bajó Abhdalí de la casa con sus fuertes brazos y ayudado por Violeta tomó sus muletas y comenzaron a caminar. Solo tres pies tocaban el suelo, tres pies y dos maderas.

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