Ella es de sonrisa fácil. Y su mayor arte es cruzar sus piernas.Bebe solo cocteles vírgenes y prefiere los que tengan sabor a dulce. Su silueta siempre fue envidiada y el gusto de saberse en esa posición la impulsó a dietas y estrictas rutinas de ejercicios solo para ver el placer de ojos envidiosos siguiéndola. Fuma. Pero, de mentira. Siempre pensó que tener un cigarrillo en la mano era atractivo. Sin embargo, jamás pasó humo a sus pulmones, aprendió a hacer parecer que lo hacía.
El su primer trabajo, había una secretaria que le buscaba cualquier error a todo lo que hacía, pero principalmente era que mantuviera esa sonrisa coqueta suya. Así que ella aprendió a no hacerla, solo cuando la secretaria aparecía.
No, ella no busca problemas, es más, intenta por todos los medios evitarlos. Pero, claro, no deja que la ofendan. Como aquella vez que un joven, en un bar, le preguntó si era noctámbula y ella lo golpeó por herir su honra con una pregunta tan maleducada.
Solo se enamoró una vez. Tenía siete años, tres meses y dos días. No recuerda la hora porque no le gustaba las matemáticas, no se le daban bien, y no sabía multiplicar los numeritos que veía en su reloj de pulsera Barbie. Fue su primer beso. Fue un amor en silencio. Y acabo el mismo día, horas después, cuando Kitty, su gatita, le arrancó la cabeza a mordiscos a su único Ken.
Luego idolatró a Elvis Presley hasta que se volvió gordo. Le gustó Jhon Travolta hasta que se volvió gordo. Aún le gusta Clint Eastwood.
Su cabello dorado se volvió cano. El carmín en sus labios ya no le sienta bien y ya no lo usa. Pero aún tiene una mirada coqueta y sigue fingiendo fumar.
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