Los hombros le duelen. No sabe si están hinchados, no lo podría saber. El agua le cubre los brazos que casi no siente y solo de vez en vez ve salir uno para volver a hundirse. Pero ya no puede más. Respira fatigado, cansado. Deja caer las manos, las relaja y también relaja los músculos de las piernas. Está exhausto. Gira sobre sí mismo y queda boca arriba casi mirando directamente al sol.
"El mar es tan inmenso", piensa, ahora que no lo ve. Y es tan azul el cielo. Y el sol tan arreciante. Su cuerpo flota debido a su respirar controlado. No se ha desesperado. Aún parece estar seguro de poder lograrlo, pero sus brazos no le creen, ni sus piernas, ni su piel. Cuando cierra los ojos, ve el traslucir de la luz a través de sus párpados y entonces todo se vuelve rojo. Pero, es aún un rojo que hiere. Levanta lentamente su brazo izquierdo y con su mano se cubre los ojos. Y su piel está arrugada, resentida, vencida.
Piensa en morir. ¿Qué será? Cuando un oceano lo rodea y ya su humanidad no le alcanza para aferrar fuerte a su alma e impedirle el escape ¿qué será? Flota. Flota en silencio y a solas. Y controla su respirar. Y entonces juega. Con los miembros sin respuesta, comienza a botar el aire de sus pulmones lentamente hasta que, con el mecer del oceano, comienza a atravezar esa línea delgada entre el aire y el agua que contornea su cuerpo sin entrar en él.
No llegó a cubrirle el agua la punta de la nariz chata que tiene. Piensa que ya el sol que lo quema no podría broncear más su piel cetrina. Y su cabello largo y lacio sigue bajo el agua meciéndose como las olas. Su vientre se contrae y saca la cabeza casi sin fuerzas ya. Y llora. Y se calma para poder controlar su respirar. Pero en su mente sigue llorando. Así que, toma un gran respiro... y exhala. Todo hasta el final. Y nuevamente, la línea traspone la concavidad de sus ojos, cubre su boca y su nariz. Las burbujas suben, lentamente. Lentamente. Cuando abrió los ojos, allí al fondo, tratando de exhalar hasta el último poco de oxígeno, vio al sol bailar. Y vio que el oceano cubrió el mundo.
Y entonces aspiró, lo más profundo que pudo. Sin arrepentimientos, sin desesperarse. Totalmente agotados, sus brazos fueron soltando lentamente a su alma hasta que ésta pudo escapar.
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Te toco y dices melodías
Sin mucho respeto
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