Es confuso intentar espiar en las arcas del olvido. Tu arnés debe ser fuerte al tentar el descenso a ese foso oscuro que no siempre tú cavaste. O quizá lo hiciste y el recuerdo de ello también cayó. No deberías sumergirte sin esperar encontrar algo. Concéntrate solo en lo que buscas y huye. Huye.
Porque esa sombra también tiene manos y tiene forma de mujer. Te seduce, te atrapa. Te cubre con los recuerdos olvidados y te abriga. Y te ata.
Y tiene un pacto con el pasado. Y si no es por él nada pasa. Los hombres la temen pues el ser humano por naturaleza quiere trascender. Ascender a lo inmortal y olvidar ‘olvidar’. Y para esto las artes son buen aliciente.
Pero también el olvido tiene artes y mañas y vicios. Y te cita y te llama. No te diré que no vayas. Siempre odié la hipocresía. Pero recuerda no olvidar. Recuerda no olvidarte. Regresa tomando una mano amiga. O a la vida o al amor. A todo eso que el olvido envidia. Si necesitas la mía, mi mano te daré yo.
Pero dime cómo se olvida. No todo pero eso, sí eso que no quiero saber y que no sé. Pero sé que existe. Y me ata. Y me estruje por dentro. Pero, aun no creo que sea suficiente para acabar con lo que siento.
Me duele. Lo siento. Lamento saberlo. Debiste quedártelo o echarlo a tus arcas de silencio. Allí donde yo jamás buscaré. Debiste olvidarlo como ahora yo intentaré. Vuelve a tomar mi mano y sálvame otra vez.

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