Y qué si debes pensar en él. ¿Acaso debería ser tu gran poder el poder arrancarlo de un tirón de tu pecho? Sufre, sí. Así consumirás ese dolor.
Si no usas esa energía acumulada en ti no sobrevivirás, creéme. Úsalo, llora, golpea, grita. Grita. Sé humano. Recuérdalo, claro. Pero déjalo ir. Únete a él en un abrazo largo, cálido, irreal. Y suéltalo. Déjalo ir. Llora y deja que salga tu dolor. Que si lo retienes en ti será tan pesado que no podrás avanzar. Llora, camina, avanza.No es fácil, lo sé, pero es posible. Déjalo morir y sobrevive. Y que viva en tu recuerdo, amigo. No le busques reemplazo con su propio memoria. Abrázalo, despídete y date cuenta de que tu padre te amo lo suficiente como para retenerte y negarte avanzar. No le endilgues la decisión tuya, amigo. Despídete y avanza. Y avanza como lo hacías sujeto de él.
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