LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

viernes, 22 de noviembre de 2013

Arrepentirse toma tiempo

Hay veces en los que nos apuramos tanto porque algo suceda y empeñados empujamos y pedimos y lloramos y jodemos y matamos y amamos. Y es solo un instante, un simple instante y cuando pasa, el recuerdo no vale acaso la pena, no vale la espera. Un instante, uno pequeñito, pequeñito.

A veces nos desesperamos y exigimos y retamos. Y pasa que las cosas terminan sucediendo a su debido tiempo que, rayos, quién sabe cuándo sea, pero será. Y seguimos nosotros dale que dale… Asfixiados por nuestra propia premura cortamos ataduras, rompemos promesas, nos alejamos y justificamos nuestro enojo con nuestra propia escala del tiempo y luego vemos, apesadumbrados, que sucede eso por lo que peleamos ahora estando nosotros lejos. Las rutas que toma la vida ¿quién las sabe?

¿Pero qué queda en ese momento? ¿Arrepentirse? Es el azar y solo el azar. Y entonces nuestra premura se convierte en añoranza (si no en deseos) de retener lo que ya no le pertenece a uno. Y nuevamente pataleamos y quizá, como me pasa a veces, comienzo a soñar despierto en ese desquiciado ‘qué hubiera sido si...’, pero la verdad, ya no vale la pena. Hay que deshacerse de los arrepentimientos que no están dispuestos a pedir perdón, que se sonrojan cuando están solos y que se vuelven soberbios cuando los miran.

No hay que arrepentirse del rumbo que tomó nuestra vida porque si existes solo de ese sueño que es el ‘quizá’, lo que podrías ser justo ahora se volverá pasado sin que estés presente. Ahora es el momento ¡Ahora es el momento!¡Es justo ahora cuando puedo!

La escala de tiempo que mide mi suspiros no son minutos, eso está claro. Pero ¿no respiramos más rápido o más lento dependiendo del ahora acaso? ¿No sentimos que nos faltan minutos si nos enamoramos? ¿No me late el corazón más a prisa si te veo? ¿Por qué tendría que controlar el tiempo mi reloj interno? Mi pasado no debe controlar mi presente. No deben conducir mi hoy mis arrepentimientos.

Y aún, yo mismo a medio convencer, recuerdo haber pataleado y exigido y peleado por algo que quería que sucediese en ese preciso momento, en ese preciso instante y que hoy veo a lo lejos a través de unos binoculares que me regaló la envidia. Y converso con mi yo de hace diez años que se esconde entre el polvo de cajas de zapatos bajo mi cama. Le cuento que le ha ido bien, que ya no esté triste, que es cierto que algunas cosas no logrará pero que ni se imagina lo bien que la pasará en el camino.

Le digo nuevamente que no hay que arrepentirse, que solo queda reírnos de las tonterías que dijimos muy creídos de estar en lo cierto, solo nos queda sonrojarnos con la vergüenza pasada como si estuviéramos en ese momento. Solo nos queda mirar para adelante y tomar siempre la ruta que queremos.

No hay comentarios:

Los más leídos!