Cuando el mundo avanza y no te lleva consigo te das cuenta de que te quedas muy a pesar tuyo. Por más que le cantes a la mañana, por más que no duermas en sus noches, hay un sinsabor que se escapa de la boca y va a parar en todo lo que incluye tu yo. Hay veces en los que los pies parecen enlodarse y cada paso se va haciendo más pesado, el lodo más espeso, la mierda que mancha las bastas de tu pantalón que tanto te costó, se va haciendo más y más viscosa.
Y cuando ves que el mundo avanza y no te lleva consigo, sigues mirando hacia adelante a ver si alguien acaso voltea. Esperas ver a aquellos a quienes no ayudaste que te lancen algo de lo qué cogerte, porque de los que ayudaste ya te acordaste antes, pero no aparecieron, te olvidaron.
El olvido no sucumbe. El olvido se enrosca en sí mismo e hiberna en la grieta más oscura y fría de la memoria. Allí hace su covacha de residuos amarillentos acartonados, de sobras podridas y desechadas, hace las columnas de su casa con llantos con hipo, con alcohol en las marañas de su jardín muerto. El olvido es un tatuaje en la nuca que nunca ves hasta que no encuentres un espejo.
Ese espejo hoy son mis amigos, son mis hermanos, son mis colegas, son mis congéneres, es la humanidad. Hoy, ese espejo me muestra lo que no he vivido y debí, lo que debí haber subido y no subí, lo que debí haber visto y no vi, lo que debería tener y no tengo. Y cuando ves que el mundo avanza, y avanza rápido y no te lleva consigo, te entra unas ganas de retorcerte de impotencia, golpear el colchón sobre el que te recuestas y vomitar lisura puta y necia.
Te traigo tatuada. Y entonces eres una montaña de fotos grises abanicada por delusiones. Eres impresiones que no se dejan soplar y que se aferran fuertemente. Te traigo tatuada y no te puedo ver de frente. Pero te siento y siento que la tristeza es una soledad a medias porque te has llevado la mitad. Me has dejado la mitad más grande, la mitad más pesada, me has dejado la mitad más letal. Pero para esa mitad no hay espejo. Y entonces recuerdo que el olvido no sucumbe. Y que ya no te puedo mirar, recuerdo que ya no eres espejo, recuerdo que recordé olvidar. Y recuerdo también que el mundo que conozco es el mundo de siempre pero sin pedacitos que olvidé que se va tallando con la memoria y con el presente que saca por conchitos al pasado y le va haciendo cintura al hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario