Fue padre por un instante, pero lo fue. Y lo fue por muchos años en su imaginación del futuro, aunque el tiempo real no fuera más que un cuarto de hora. No llora, pero está triste. Si piensa sensatamente, se siente feliz, pero si piensa en cuán feliz fue durante esos días inciertos en los que la desesperación lo corroía, se siente decepcionado.
No se ahoga en llanto, pero suspira. Aliviado y no aliviado. Esperanzado y resignado. Sabe que hay un tiempo para todo y que su tiempo aún no había llegado. Pero fantaseó tanto. Sintió que abrazó y que unas manitas lo abrazaron. Soñó que habría sido exitoso, buen marido y buen padre, aunque su hijo habría tenido dieciséis y él, treinta y dos.
Lee también estas entradas!
Tu silueta asesinaMonedas de tiempo
El cuarto que no ven
El alma de lo que morirá
Si te gustó, dale ME GUSTA y lo compartirás!

No hay comentarios:
Publicar un comentario