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viernes, 13 de agosto de 2010

El cerebro en la cubeta de agua



La copa estalla, los pedazos comienzan a tomar rumbos distintos. De pronto, todo se vuelve lento. Ella se pregunta si es él a quien realmente ama. Lo ve cerrar los ojos con violencia y ve latir su cuello, sobresalir sus venas, llenarse de sangre su cara. Sus manos masculinas golpean en un vaivén violento el calendario sobre la mesa. Cae despacio, muy despacio. De fondo suena un piano. Su boca se abre en demasía y muestra sus dientes mientras grita incoherencias que ya no se oyen, solo se oye la música. ¿Puede ser no uno sino dos personas? Piensa ella. Mientras cae aún el calendario y suena el piano por el que no escucha al muchacho, cierra los ojos y lo ve a él muy cerca mirándola y sonriéndole.
—¡Maldito! —piensa ella mientras cierra el libro— después de todo lo que hizo por él.
Abre ella lo ojos y lo ve. La coge del rostro. Está desquiciado. No, no es a él a quien ama, es quien queda. Su amado aparece en su recuerdo, cuando cierra sus ventanas del mundo.
—¿No lo ves? ¡No es este el mundo real! Somos partes de un cuento, de un libro: alguien nos lee— vocifera con rabia.
—Daniela, ya acuéstate que mañana tienes que estudiar.
—Ya papá, solo este capitulo y ya.
La música ya va a terminar. Tumba la lámpara y rompe una copa más.
—Esto no es real, esta casa no es real, y tú— la mujer toca su pecho y su alma va a los extremos de su cuerpo—, tú no eres real.
Ella cae, se desvanece, se siente morir. La cogen de los brazos, no la dejan caer. Ve una cara amiga.
—Él está aquí, no dejes que se vaya.
—¡Basta, basta! ¡Ya déjalo ir, por dios, está muerto! ¿Cuánto tiempo más lo vas a recordar?
El tiempo corre normal, las pausas del reloj ya no son tan largas.
—Entonces, ¿yo soy real?
—Daniela, ya. Es hora de acostarse. Ya mañana puedes continuar con tu libro.
—Está bien, papá.
—Hasta mañana, hija.
—Papá, ¿yo soy real?
—Claro, hija, por dios. Tú eres real, los que son fantasías son esos personajes de los libros que lees. Tú eres quien los lee, por lo tanto tú eres real.
—Gracias, papá. Hasta mañana.
—Hasta mañana, hija.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Quién nos lee a nosotros? ¿Paul yo soy real? Quizá somos parte de una gran historia. Tal vez nuestras vidas están escritas y solo leemos el libreto. La "verdad" es que todos somos actores y actrices en nuestras vidas, conocemos el final de nuestra historia, actuamos en función de ella para que la espera resulte mas gratificante.

Atenas

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