Ver o no ver, escuchar o no escuchar. Aunque se piense que la ausencia de la imagen en la radio es un factor negativo, el que le permita al oyente crear su propia imagen mental (regida por supuesto por sus propias y quizá únicas necesidades) lo convierte en un factor más bien positivo.
Por supuesto, para enviar un mensaje a través de la radio no basta un texto hablado y una música de fondo. Se debe vestir con los ambientales adecuados para poder crear un escenario en la mente del radioescucha. Recordemos que no todo lo que oímos está en el mismo plano sonoro. Algunos sonidos se escuchan más lejanos que otros. Allí se establecen los planos: primer plano, el más cercano; tercer plano, el más tenue y lejano.
Tengamos en cuenta además, que quien oye la radio no le presta atención exclusiva. Puede estar realizando muchas otras cosas. Por ello, debemos tratar de llamar su atención. Un golpe de sonido puede ser un buen inicio. Se debe intentar resaltar nuestra publicidad sobre el de las demás en la tanda comercial. Un vacío en la radio también llama la atención, pero hay que tener cuidado.
Debemos tener en cuenta, también, la voz que se usará. El registro de la voz y la intención nos da a conocer mucho del mensaje. Si es animado, desanimado, fuerte, débil, alegre, triste. La sonrisa también se percibe en el habla. Es diferente utilizar una voz masculina a una femenina. ¿Te imaginas un spot radial de toallas femeninas locutado por un hombre?
La radio es uno de los medios más accesibles para publicitar. Desarrollar un spot radial puede llegar a costar alrededor de dos mil dólares en un nivel profesional. Y colocar uno de veinte segundos en una radio, siete veces al día, de lunes a viernes, puede costar en promedio mil ochocientos dólares (depende, por supuesto, de la emisora y la franja horaria). Pero hay que tener un buen producto comunicativo para que el dinero utilizado sea una inversión y no un gasto.

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