La publicidad está dirigida al hemisferio izquierdo del cerebro. Ese pedazo de masa gris que hace que prestes más atención, que te acerques a la pantalla y que te seques una lágrima. La emoción humana, así, es una gran herramienta del publicista. Sin embargo, hay que saber cómo usarlo y cuánto.
El éxito de un comercial no radica precisamente en que se recuerde el comercial. El fin de esta es posicionar la marca. Un creativo puede ufanarse de tener el comercial de mayor recordación y sin embargo quizá no haya servido mucho a la marca. Un claro ejemplo en nuestro medio local es el famosísimo "Yungay" que persiguió a nuestros amigos guardias de seguridad por más de una década. Y sin embargo, la mayoría de la gente no recuerda, primero, de qué era el producto y, segundo, qué marca lo promocionaba. El público, al apelar al recuerdo, asocia directamente esta publicidad a algún instituto de idiomas.
Muchas veces el problema radica en el tiempo de exposición de la marca en sí y otras en la forma de presentarla. Hay que ver, pues, si lo que se busca con una publicidad es exponer la creatividad del publicista o logra la meta publicitaria que es posicionar la marca. Las dos primeras veces que vi la siguiente publicidad no recordaba ni qué tipo de producto era ni cuál era la marca. ¿Soy el único?
3 comentarios:
muy buena eh! jaja sobre todo el de yungay! aunque mucha gente diga que es discriminador, es un buen comercial.
Bueno, sí. Muchos lo tomaron como discriminador, pero no es por ser guardia de seguridad. Es algo dirigido más a la falta de conocimiento.
Dato extra: el creativo de este este espot de Ojo hizo un viral para Líderman. Dijo que quería reinvindicarse!
Gustavo Rodríguez tubo una gran idea, pero nadie recuerda de qué producto era el spot publicitario. El ego del publicista muchas veces está por encima del verdadero fin de la publicidad. Como sucede en Argentina, y lo explicó el profe en clase, tienen un ego tan grande que crean innumerables premios para tener mayor reconocimiento.
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